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EDITORIAL

Mentiras que matan

18 de agosto de 2020 - 02:57 Por Redacción El Ancasti

La proliferación de informaciones falsas o engañosas no debe subestimarse. Si circulación tiene diversos efectos: lógicas confusiones, en la mayoría de los casos, pero en temas de salud puede provocar desenlaces trágicos. 
Cuando las “fakes news” son propagadas a través de usuarios de redes sociales, la situación es preocupante; cuando los divulgadores son personas que emiten esos mensajes a través de medios de comunicación de consumo masivo, el problema es de una gravedad inusitada.
Desde hace bastante tiempo circula la información falsa respecto de que el dióxido de cloro es bueno para la salud. Pero no solo por presuntos beneficios preventivos, sino también por efectos curativos sobre ciertas enfermedades. Desde la aparición del nuevo coronavirus, el tráfico de información sobre este producto se intensificó, porque, de acuerdo con sus promotores, también tendría resultados beneficiosos en el tratamiento de esta enfermedad.
Para contrarrestar estas versiones, numerosas instituciones científicas debieron salir a explicar que estos químicos no solamente no curan enfermedades, sino que además son dañinos para la salud.
Hace casi dos semanas, Viviana Canosa, quien conduce un programa de televisión en canal 9 de Buenos Aires, bebió –así al menos lo dijo- un trago de dióxido de cloro al aire, luego de mencionar supuestos efectos beneficiosos para la salud. Desde entonces, se han registrado dos casos de fallecimientos de personas que consumieron ese producto. Uno es de un niño de 5 años, en Neuquén, a causa de un paro cardiorespiratorio por ingesta de ese producto, que los propios padres le habían proporcionado para prevenir el COVID-19. El otro es de un hombre de 51 años, en Jujuy, que pretendió, de ese modo, curar un estado gripal.
También se produjeron, antes del mensaje de Canosa, dos episodios graves de intoxicación en Mendoza por la misma causa. 
No es posible trazar una vinculación directa entre la irresponsabilidad de Canosa y las muertes por ingerir la peligrosa sustancia. Es decir, no hay manera de probar que las víctimas bebieron el dióxido de cloro porque vieron y escucharon (los padres, en el caso del niño fallecido) a la conductora en el momento en que promocionó el producto, pero la instalación del mensaje en un programa central de la televisión nacional tiene consecuencias muy preocupantes, porque tiene más llegada –sobre todo por el montaje sobreactuado de Canosa-, que las advertencias de los científicos sobre los peligros. 
Aunque el impacto sea mucho más limitado que el que se difunde en la pantalla caliente, también la difusión de informaciones falsas a través de redes sociales y servicios de mensajerías traen consecuencias, porque añaden pequeñas cuotas de mentiras, que nunca son inofensivas, sobre todo si se trata de temas de salud pública. Los desenlaces lamentables por consumo de dióxido de cloro deberían hacernos reflexionar sobre la responsabilidad de cada uno a la hora de presionar el botón de compartir o de reenviar.

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