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Editorial

La naturalización del maltrato

La lucha por el reconocimiento por los derechos a las mujeres impulsada por los movimientos...
18 de febrero de 2020 - 01:34 Por Redacción El Ancasti

La lucha por el reconocimiento por los derechos a las mujeres impulsada por los movimientos feministas logró que las situaciones de violencia de género tengan mayor visibilidad y condena generalizada, además de una mayor predisposición de la policía y la Justicia a investigar estos episodios y castigar a los victimarios. Es hora de que la violencia contra los niños, muchas veces ejercidas por sus propios padres u otras personas del entorno familiar, tengan igual visibilidad y similar nivel de repudio social.

A diferencia de las mujeres, los chicos que son objetos de malos tratos no tienen la posibilidad de organizarse e influir en la opinión pública. No deja de sorprender, de todos modos, la naturalización  de la violencia infantil que existe en amplios sectores de la sociedad, que aún consideran que los castigos físicos contra niños y adolescentes por parte de sus progenitores o mayores responsables son recursos educativos válidos y efectivos. Y que son problemas que se resuelven dentro de las cuatro paredes de una casa familiar, en el que el resto de las personas no debe tener injerencia.

En las redes sociales abundan  los comentarios que vinculan insólitamente la severidad del castigo físico recibido en la infancia a la probidad de esa persona en su edad adulta. Incluso lo enuncian en primera persona: “Soy una buena persona porque mi padres me dieron un buen cintazo cuando me mandaba una macana”. Aunque parezca una obviedad, es preciso aclarar que la calidad humana de los adultos no debe relacionarse con la gravedad del maltrato que recibió de niño. Al contrario, la violencia intrafamiliar tiende a reproducirse y perpetuarse. Y es altamente probable que el niño golpeado se convierta en adulto golpeador.

Si bien el maltrato infantil es un fenómeno cotidiano en todos los sectores sociales, algunos casos graves toman estado público si hay personas que están dispuestas a formular la denuncia correspondiente. El que más repercusión tuvo en los últimos días en Catamarca es el de un niño de 4 años que debió ser internado el sábado luego de ser agredido por su propia madre, quien le propinó golpes en el rostro.

Otro caso similar se registró el pasado sábado por la noche, cuando un hombre agredió a su hijastro de 6 años. 

Tanto la madre violenta como el padrastro golpeador fueron arrestados, lo que resulta auspicioso porque corrobora que los castigos presuntamente aleccionadores, las palizas supuestamente correctivas, cuando son violentas tienen responsabilidades penales. Y, si no llega a los extremos de los casos mencionados, también tienen consecuencias legales, porque están vedados por el Código Civil reformado recientemente, que, en su artículo 647, establece la prohibición de malos tratos y del castigo corporal en cualquiera de sus formas, incluidos, por ejemplos, los chirlos.

Ya que a veces el sentido común no alcanza, parece necesario reforzar la idea de  que los correctivos –eufemismo para describir el maltrato infantil- están prohibidos por el Código Civil y, eventualmente, sus autores castigados por el Código penal. Tal vez de esa manera se evite que los hechos de violencia de este tipo se sigan produciendo y naturalizando.

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