Análisis

El Coronavirus: el precio del abuso de la naturaleza

Por Rodolfo Schweizer- Especial para El Ancasti-Febrero 2020
jueves, 13 de febrero de 2020 · 09:47

Si algún otro problema le hacía falta a la humanidad para aumentar su estrés en estos días, ahora le llegó un nuevo virus, contagioso al contacto con una persona infectada y mortal en muchos casos, como lo demuestran los más de 1.000 muertos en China en un mes y los 44.000 contagiados en China y en otros 27 países. Hasta el 10 de febrero el virus ya había cruzado los océanos y llegado a Europa y los EE.UU. A estas alturas, no se puede dudar que la globalización ya funciona a pleno.

Si bien la aparición y el combate contra este virus altamente contagioso y peligroso para la humanidad convoca la atención de todo el mundo, no menos importante es considerar las condiciones y conductas sociales que lo hicieron posible. El Coronavirus no salió de la nada, sino que lo hizo posible un comportamiento social, al que se le sumó la irresponsabilidad política. Pero, el abuso de la naturaleza alcanza a todos los ámbitos donde el ser humano mete su mano.

En el caso chino lo demuestra el hecho de que el virus haya salido de un simple mercado de abastecimientos, que no trepidaba en mezclar y vender carne de animales ya faenados con animales vivos, uno de los cuales ofició de intermediario en la transmisión del virus. Como no podía ser de otra manera, al final los mismos empleados del mercado se contaminaron, se enfermaron y pasaron la enfermedad primero a los clientes y luego estos a sus familias y el resto de la sociedad. Como con las epidemias anteriores del SARS (Severeacuterespiratory síndrome-Síndrome respiratorio agudo severo) y el mismo ébola, se verifica nuevamente que el foco en estos casos es un grupo reducido de personas que inician el proceso. 

El foco inesperado

Según el NYT, la aparición del Coronavirus pudo ser rastreada hasta el Mercado Central de Pescados de Huanan, una ciudad de casi 12 millones de habitantes que actúa como nodo de transporte para el centro de China. Por allí pasan millones de personas diariamente. Justamente, de este mercado, con pobre ventilación y condiciones sanitarias desastrosas, salieron a mediados de diciembre los primeros enfermos que llegaron al hospital con una neumonía viral, que no respondía a los tratamientos médicos normales.

Leer la descripción de este mercado en los medios constituye algo que va más allá de lo imaginable. Allí, miles de personas pueden comprar no solo carne faenada de vaca, cerdo, cordero o pollo, sino también animales vivos enjaulados en medio de sus heces y orina, más pescados y otros productos del mar mantenidos vivos en mazmorras acuáticas de vidrio que repugnan por su crueldad. 

Entre los animales vivos que se pueden comprar para el consumo figuran reptiles, tortugas, chicharras, cuises, conejillos de indias, ratas de bambú, tejones (ositos), erizos, nutrias, civetas de palmeras (especie de gato asiático), cachorros de lobos, pangolines (quirquincho asiático) y hasta cocodrilos. Si no los encuentra ahí, el consumidor tiene la opción de la internet para conseguirlos. 

El drama explotó el 31 de diciembre, luego de conocerse que 7 empleados enfermos aparentemente con el virus ingresaron al hospital y fueron aislados inmediatamente, gracias a la revelación de un médico. Así las cosas, las autoridades sanitarias llegaron el primero de enero y clausuraron el mercado, falsamente aduciendo renovaciones para no levantar sospechas. Sin embargo, los motivos reales quedaron a la vista horas después, cuando llegó personal en trajes especiales y rociaron todo el hospital con desinfectantes. Mientras, el gobierno de la ciudad eligió esconderse en una narrativa que por dos semanas negó los hechos.

Sin embargo, la evolución de la enfermedad en una familia se encargó de demostrar 9 días después de la clausura que algo grave estaba pasando. En efecto, un cliente del mercado había muerto con fiebre y dificultades para respirar, los síntomas comunes del coronavirus y 5 días después se enferma su esposa, que nunca iba al mercado. La prueba estaba a la vista de que el virus se transmitía por contacto entre las personas. No obstante, las autoridades locales siguieron aferradas a su relato de que no pasaba nada, a pesar de que la OMS, a la que ellos mismo informaron, ya les había advertido del peligro de la situación.

El problema con este virus, al revés del otro virus del SARS de 2003, es que la persona infectada no muestra efectos por unos 10-15 días, pero puede contagiar. El del SARS, según dicen, no contagiaba hasta que la enfermedad aparecía. Esto aconseja, naturalmente, aislar a las personas que, aunque estén aparentemente sanas, tuvieron contacto con alguna persona proveniente de la región de origen del virus en China. 

Hoy por hoy, la gravedad de la situación ha llevado a las autoridades a bloquear el movimiento de millones de personas en todo el país, cerrando sus ciudades. Esta semana del 10 de febrero las fábricas han cerrado sus puertas para evitar el contagio. Todos deben permanecer en sus casas y no salir salvo casos de extrema necesidad. Las repercusiones en el mercado mundial de acciones no se hicieron esperar. 

El trasfondo cultural

Dado lo inusual que resulta visualizar un mercado que, como parte de su rutina comercializa animales vivos de procedencia desconocida, sin saber si están enfermos o no, no se puede evitar una reflexión moral que trate de comprender las razones de tal actividad. El hecho de que tal comercialización sea aceptada y se desarrolle a la vista de todos, nos lleva a pensar que tal complacencia indica la presencia de una insensibilidad social hacia el sufrimiento del animal y un desprecio hacia la naturaleza. Creemos que estas licencias que una sociedad se toma, inaceptables, por cierto, lejos de enaltecer a nuestra especie nos degrada por la brutalidad que implica destinar a un animal indefenso a ser nada más que un mero objeto, condenado a satisfacer los gustos retorcidos de una sociedad. 

Entender culturalmente esta insensibilidad es difícil, pero se comprende si se tiene en cuenta el devenir histórico reciente del pueblo chino, muchas veces marcado por la tragedia. Su historia moderna así lo muestra. En el Gran Salto Adelante entre 1958 y 1962, una propuesta de su líder Mao Zedong con el fin modificar el régimen de tenencia de la tierra, se dice que murieron unos 45 millones de personas de hambre. En la Revolución Cultural de 1966 a 1976, destinada a hacer una revolución dentro de la revolución, perecieron unos 3 millones de personas. Finalmente, por la sistematización del Río Yangtse y la construcción de sus 3 diques, hacia 2006 más de 1 millón de personas fueron desplazadas, 140 pueblos fueron borrados del mapa por el lago del dique y 47 especies desaparecieron. ¿Puede extrañar que ahora, en un simple mercado, la sociedad manifieste una total insensibilidad ante todo lo que no sea la satisfacción primaria y urgente de sus gustos?

En el caso chino, uno de los problemas que hace difícil erradicar el consumo de animales silvestres es, según el NYT, la superstición popular que atribuye al consumo de carne de animales salvajes propiedades medicinales y fortalecedoras de la salud humana, entre ellas la de curar la impotencia. Por otra parte, el gobierno chino tolera el negocio de explotar especies animales silvestres porque en algunas regiones ha ayudado a combatir la pobreza. 

Sin embargo, en el mercado de Wuhan parece que tampoco existían regulaciones que obligaran a separar lo doméstico de lo silvestre. Quizás un mismo empleado operaba en ambos ámbitos, lo que facilitó la transferencia del virus. De todas maneras, aunque en China hay sin duda leyes que prohíben el tráfico de animales en peligros de extinción, la ley permite a la gente criar 54 tipos diferentes de animales, pájaros, reptiles o insectos, incluyendo ratas almizcleras, topos, avestruces y ciempiés. Además, online se puede conseguir cualquier animal de procedencia desconocida. 

En definitiva, la realidad demuestra que aquí no llegaron las advertencias de Christian Waltzer , Director de WildlifeConservationSociety en Nueva York, cuando dice que “la gran diversidad de animales silvestres en mercados como el de Wuhan, con animales hacinados en jaulas pequeñas, crea el laboratorio perfecto para la incubación de nuevos virus que pueden penetrar las células humanas. Los virus pueden desparramarse a través de la saliva, la sangre o las heces. Cada animal silvestre es un paquete de patógenos.”

Antes bien, como los medios informan y el gobierno chino lo confirma con su búsqueda de gente que se esconde y ocultan su problema de salud, muchos no comprenden que lo que les pasa es el resultado lógico de pretender jugar impunemente con su suerte, transgrediendo o violando las inmutables leyes de la naturaleza.La epidemia del SARS en 2003, que causó estragos parecidos a los de ahora por las mismas causas, no les sirvió de lección. ¿Les servirá de algo el nuevo virus para cambiar sus estilos de vida en relación al mundo animal? 

Pero, la confusión y la mala fe con que parte de las autoridades chinas locales manejaron la información a lo largo de 30 días para salvar su imagen, más el maltrato por parte de las autoridades de un joven médico, que se había tomado la inaceptable libertad de prevenir a sus colegas sobre lo que había visto en el hospital donde trabajaba, han terminado afectando la imagen del país. Más aún, el que ahora se esté usando todo el sistema de rastreo y espionaje social usando los millones de cámaras reconocedoras de imagen instaladas en las calles, más los drones con sus altoparlantes volando sobre la cabeza de la gente para advertirles desde el aire que se encierren en sus casas, ha llevado a algunos a calificar a China como el Primer Modelo Digital de Dictadura. Triste premio para un estado que pretende erigirse en modelo de progreso. 

El origen del virus

Si bien es sabido que de este tipo de mercado donde conviven especies domesticadas y silvestres salen los nuevos virus mortales, aún no se sabe como fue la cadena de contagios. Pero, lo que si se conoce es que los síntomas contagiosos son similares al SARS, una enfermedad contagiosa que mató a casi 800 personas en 2003. Esta enfermedad fue rastreada por entonces y se descubrió que el virus originariamente venía de los murciélagos que habían tomado contacto con las civetas o gatos asiáticos de las palmeras, animal cuya carne es una delicadeza culinaria en el sur de China. 

Parece ser que ahora se repitió la historia con los murciélagos como origen, pero a través de otro mamífero. Así lo demostró el Dr. Zheng-Li Shi del Instituto Wuhan de Virología en la primera semana de enero, luego de analizar la secuencia genética de las muestras tomadas de los primeros 7 pacientes, 6 de los cuales trabajaban en el mercado de la ciudad. Para el 7 de enero, los científicos de ese instituto le dieron nombre al nuevo virus: nCoV-2019 y para el 11 de enero compartieron con el mundo la composición genética del mismo. Sin embargo, tal como el NYT lo dice, aunque los científicos se preocuparon en controlar la situación difundiendo los datos de la enfermedad y su causante, las autoridades políticas locales prefirieron seguir refugiados en su falsa narrativa para no malquistarse con las autoridades a nivel nacional y no perder sus posiciones de trabajo o políticas.

Mal haríamos, sin embargo, si condenamos al murciélago por lo que pasa. Su existencia hace posible nuestro confort porque cada uno de ellos se come unos 1.200 insectos por hora, o unos 6.000 a 8.000 en una sola noche, entre ellos moscas y mosquitos transmisores de enfermedades como el dengue o el zica. Además, son polinizadores de frutos como el mango, la palta y las bananas. El animal no tiene la culpa de ser un transmisor de virus, sino los que se interponen en su hábitat.

Sus cualidades físicas asombran porque tienen un sistema inmunológico que puede coexistir con muchas enfermedades productoras de virus. Es decir, tiene los virus, pero no se enferman por ellos, a excepción de la rabia. Entre los virus letales para el ser humano que hospedan en el sudeste asiático está el Marburg (causa fiebre hemorrágica viral en humanos), el Nipah (causa encefalitis, mialgia, neumonía, problemas respiratorios) y el Hendra (causa infecciones), Se cree que también hospeda el virus del ébola y viven entre 20 y 40 años. 

Pero, no están solos en la posibilidad de infectar indirectamente a los seres humanos. También los roedores, monos y pájaros transportan enfermedades que pueden saltar a las personas. Lo que pasa es que los murciélagos tienen mucha más probabilidad de hacerlo porque constituyen un 25% de todas las especies mamíferas y pueden volar, lo que les da más rango de acción.Lo peor es que viven en cuevas, lo que hace que entre ellos se pasen los virus. Necesario es decir que sus heces también transportan virus. En cambio, los roedores representan el 50%, viven solamente unos 2 años y no pueden ir muy lejos. El 25% restante somos nosotros. 

Aunque cueste creerlo, mucha gente en el mundo come murciélagos o los vende en mercados, lo cual fue la fuente del SARS y posiblemente del coronavirus que ahora comenzó en China. Según la revista Nature (NYT, 2017) hay unos 754 especies de mamíferos y 586 con capacidad de actuar como huespedes de virus. Los científicos autores del estudio confirman que los murciélagos representan el mamífero con mayor cantidad de virus peligrosos para el ser humano, lo cual demanda erradicar su venta de mercados y prohibir su consumo. 

Crónica de un desastre político

Según los medios internacionales de prensa, los primeros signos de la enfermedad aparecieron a comienzos de diciembre con síntomas un tanto vagos y confusos en algunos pacientes, que no presagiaba nada que fuera más allá de un resfrío serio. Sin embargo, las semanas que siguieron mostraron que algo más peligroso estaba ocurriendo, por lo que entre el 20 y el 30 de diciembre se decidió tomar la decisión de aislar a 7 enfermos provenientes del Mercado Central de Wuhan. La situación se mantuvo en reserva, dada la experiencia previa con el virus del SARS, para no causar pánico y/o molestar a las autoridades. Pero, esto no duró mucho.

El drama estalló el 30 de diciembre de 2019., luego de que el oftalmólogo Dr. Li Wenliangle mandara a sus colegas un mensaje privado usando su app WeChat, que decía “Gente en cuarentena en el departamento de emergencias”. Como ocurre en todos estos casos, su mensaje privado se transformó en viral inmediatamente. 

En efecto, ese día el Dr. Li se entera que,en el hospital de la ciudad de Wuhan, siete personas que trabajaban en el mercado centralhabían sido puestas en cuarentena por una extraña neumonía de origen desconocido. El Dr. Wenliang dijo que había visto un test que confirmaba que estaban otra vez frente al coronavirus, una familia de virus de la cual salió en 2002-2003 el virus del SARS, que en 2003 mató a más de 800 personas, y que las autoridades de entonces habían ocultado a la opinión pública. Ahora se repetía el caso 17 años después.

La información molestó a las autoridades de salud locales y a las políticas. El 31 de diciembre funcionarios del Departamento de Salud de la ciudad de Wuhan convocaron al médico parapreguntarle cómo se enteró del problema y censurarlo por difundir la novedad sin autorización. Advirtiendoque, de entonces en más, ellos serían los únicos autorizados a hablar del tema, por los siguientes 15 días controlaron el relato. Nada dijeron de que el 7 de enero ya se sabía a ciencia cierta que el virus era una variedad nueva del Coronavirus, tal como había dicho el Dr. Li Wenliang.

La mala suerte de este doctor no terminó ahí. El 3 de enero de 2020 fue detenido por la policía de Wuhan y obligado a firmar un documento reconociendo que su comportamiento constituía un “acto ilegal”. Al mismo tiempo tomaron acciones legales contra 8 personas, los que recibieron el “chat” del Dr. Wenliang, por “desparramar rumores y causar impactos en la sociedad”. 

Según la policía, “la internet no es un territorio más allá de la ley….Cualquier acto ilegal que consista en la fabricación y distribución de rumores que alteren el orden social será castigado por la policía de acuerdo con la ley, con tolerancia cero”. La declaración apareció en Weibo, la plataforma china similar a Tweet. El mensaje fue transmitido luego en CCTV, el canal oficial del gobierno central chino, como advertencia contra los “desparramadores de rumores”. Quedaba así definido quienes serían los dueños de la narrativa sobre el tema del nuevo coronavirus. Al menos eso creyeron.

La razón que esgrimieron las autoridades para mantener el secreto fue la de tratar de evitar una alarma social en esa ciudad de 11 millones de personas. Sin embargo, la realidad parece indicar que se trató de evitar las consecuencias políticas de frente al Congreso Anual del PC a mediados de enero, en coincidencia con el nuevo año lunar. 

En efecto, este mes encontró a las autoridades de la provincia de Hubey y las locales de la ciudad de Wahan ocupadas en la campaña política. En esta última, su alcalde Wang Xiadong, aferrándose a una narrativa de conveniencia, promulgaba el 7 de enero que lo político es lo más importante para una sociedad, y lo pretendía demostrar anunciando la construcción de un parque industrial para compañías médicas. Del problema del virus: ni una palabra.

A su vez, el 17 de enero encuentra al gobernador de la provincia de Hubey, Zhou Xiangwang ofreciendo un banquete político a 40.000 familias reunidas inocentemente a la sombra de un peligro del que ya se tenía conocimiento fehaciente desde el 12 de enero. Seguramente ignoraban que el virus se contagiaba por contacto. Pero, no era para menos: el gobierno advertía y prohibía a los médicos usar la palabra “neumonía viral” en sus comunicaciones. Todos creían que no pasaba nada, incluida la Organización Mundial de la Salud, que creía, aun a mediados de enero, que las autoridades chinas tenían bajo control el problema.

Sin embargo, toda la narrativa impuesta entre el 1 y el 15 de enero se vino abajo cuando entre el 17 y el 20 de enero el número de casos pasa de 41 a 198. Entonces el gobierno central decide tomar cartas en el asunto. El 20 de enero aparece finalmente el presidente Xi Jinping, luego de volver de una visita a Miamar, diciendo que “personalmente” se hacía cargo del problema y manda el 20 de enero al Dr. ZhongNanshan, un prestigioso epidemiologista famoso por su papel en la epidemia de SARS en 2003, a evaluar lo que estaba pasando en Wahan. El comprueba que un paciente había infectado a 14 personas entre el personal médico del hospital y que el virus se transmite de persona a persona. Sin embargo, el Dr. Li se pregunta todavía el 31 de enero en la plataforma Weibo por qué las autoridades siguen negando que el virus se transmite de persona a persona.

Para el 23 de enero todo el mundo quiere irse. Los aeropuertos locales y regionales y la estación de trenes colapsan por la cantidad de gente queriendo salir de la zona. Los hospitales lo mismo, ante el miedo a cualquier síntoma. Sin embargo, El 23 de enero el gobierno decreta que nadie puede entrar ni salir de Wuhan, una ciudad de 12 millones de habitantes, más otros 40 millones de la provincia de Hubey, a la que pertenece Wuhan. 

Pero, la medida extrema llega tarde. En todo el periodo de un mes, hasta el 23 de enero, más de 5.000.000 de personas pasaron por la ciudad de Wuhan, el nudo central de las comunicaciones en toda la región central de China. Dónde están todas esas personas, nadie lo sabe. La epidemia deviene inmanejable. 

Según la BBC de Londres, para el 8 de febrero ya habían muerto 722 personas, 34.546 tienen el virus y hay 28 países afectados. Para el 10 de febrero ya pasaron de 1.000 los muertos. A todo esto, el alcalde de Wahan pidió perdón por su conducta, no sin antes aclarar que ello se debió a que no podía declarar una emergencia sin tener antes autorización del gobierno nacional. En China el sistema verticalistacon que se maneja el estado a nivel nacional no perdona los errores de las jerarquías políticas provinciales, lo cual hace que cada provincia trate de ocultar sus problemas o se trate de corregirlos entre casa. Obviamente, la epidemia los desbordó. 

Empeorando la atmósfera social se sumó este 6 de febrero la noticia del fallecimiento del mismo Dr. Li Wenliang, que contrajo el virus el 10 de enero de una paciente con glaucoma. Hoy ese médico joven de 34 años, padre de un niño y de otro en camino, se ha transformado en emblema de una sociedad que reclama libertad de información. Su muerte destapó todo lo que estaba pasando a espaldas de la sociedad, lo cual derivó en un cuestionamiento político hacia las autoridades, llegándose incluso en el plano internacional a dudar del liderazgo del presidente Xi Jinping. 

Por lo pronto, la verticalidad política ya ha decidido la suerte de varios jerarcas locales. Funcionarios de salud en la provincia de Hubeyy la ciudad de Wahanya fueron removidos de sus funciones. La Corte Suprema de China censuró la actuación de la policía de Wahan ante el Dr. Wenliang yse ha comenzado una investigación por parte de la Comisión Supervisora Nacional de las circunstancias que rodean el fallecimiento del Dr. Wenliang. Esto, en respuesta a la “presión de las masas”. No obstante, se estima que estas medidas bajadas verticalmente desde la presidencia sugieren que la narrativa en torno a la epidemia ha escapado de control de las manos del gobierno, lo cual abrió el juego a todo tipo de especulaciones acerca del futuro inmediato de China. Esto se está reflejando en los mercados, lo cual puede tener consecuencias mundiales de no solucionarse el tema en las semanas venideras.

Nuestra realidad

De más está decir que el problema de salud relacionado al consumo de carne de animales silvestres en China no se limita a ese país. El problema nos toca de cerca porque el cazar animales para luego comer su carne, es una actividad deportiva común entre nosotros, que en general pasa por alto el peligro que ello puede significar para la salud de quienes la consumen. Se podrá argüir que se lo cocina bien antes de comerlo, pero el problema es el manoseo mismo del animal y su carne, previo al cocimiento o el asado. Ahí un virus está intacto. 

El tema es aún más acuciante ante el peligro del cambio climático. Como se sabe, el aumento de la temperatura media en nuestra región hará que nuevos insectos y la fauna en general extiendan su rango de acción hacia las nuevas zonas con mayor temperatura. En nuestro caso, el corrimiento del calor será hacia el sur, por lo que insectos y animales, hoy habitantes en la zona tropical del norte, extenderán su radio de vida hacia las zonas tradicionalmente secas. Esto demanda ya mismo la necesidad de ir estudiando, con tiempo, cómo se dará este proceso que ya parece haber comenzado.

En efecto, hace pocos días un medio de Buenos Aires habló del primer caso de la enfermedad Lime en nuestro país, una enfermedad que en el hemisferio norte es conocida como garrapata de los ciervos, pero que ataca a cualquier mamífero. Conociendo personal e indirectamente las consecuencias terribles y eventualmente mortales que tal enfermedad puede tener en quien no se la trate en los primeros tres meses, bueno sería que se empiece a investigar el tema. Guasunchos, guanacos, camélidos, cuises y otros animales por el estilo son huéspedes ideales para tales insectos. 

Pero, nos equivocaríamos si creemos que ese abuso de la naturaleza se limita al mundo animal. También alcanza al mundo vegetal y mineral; al medio ambiente en general, materializado en el abuso de los ríos, bosques, montañas y la contaminación del aire y del agua. Ejemplos no faltan: ahí está el abuso suicida de la Amazonia en el Brasil actual o el intento irresponsable de legalizar el uso de cianuro en la minería del oro en Mendoza, por mencionar un par de ejemplos. 

En todos los casos y por razones económicas se pasa por alto el efecto que tales propuestas pueden tener en la población a largo plazo. En nuestra provincia se lo ve en el conflicto con los lugareños por el intento de usar el Río Los Patos en Antofagasta de la Sierra y por la resistencia en Andalgalá al proyecto Agua Rica. Y no es que falte información o estudios científicos demostrando el efecto que el abuso del medio ambiente pueda tener. Los hay de sobra. El problema son las sociedades que caen en la condescendencia y la indiferencia ante el abuso de la naturaleza,creyendo que así accederán al “progreso”, y la malversación de la política para ponerla al servicio de la demagogia y el poder personal. 

(Fuente: New York Times, CNN, BBC, Reuters, El Pais, Global Times)
 

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