Independientemente del resultado de las elecciones, el desenlace de la disputa por las candidaturas arrojó elementos que marcan ya un cambio profundo en la escena política catamarqueña.
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Tiempo de orfandades
No se trata solo de que la gobernadora Lucía Corpacci haya desistido de la opción de intentar un tercer mandato.
A esta decisión personal debe añadirse la transformación experimentada en el campo opositor, evidente en los ocasos del diputado nacional y ex gobernador Eduardo Brizuela del Moral y el ex intendente capitalino Ricardo Guzmán. Son los miembros de la fórmula “radical pura” que perdió el Gobierno a manos del peronismo en 2011, dos referencias insoslayables en las últimas tres décadas de historia provinciana.
No es dato menor.
Brizuela del Moral, que sigue siendo el dirigente de la oposición que mejor mide, fue el candidato principal invariable del FCS en todas las elecciones que sucedieron a su derrota: diputado nacional en 2013, gobernador en 2015, diputado nacional en 2017. Nadie garantizaba mejor que él el piso electoral indispensable para que la coalición nacida desde las entrañas de las Marchas del Silencio no se diluyera.
Guzmán es líder del FAPRA. Su predicamento sufrió un revés duro en 2015, cuando perdió las PASO para postularse a la Intendencia de la Capital con Raúl Giné, precandidato castillista que cayó en la definitiva ante Raúl Jalil.
Ninguno de los dos integra la oferta del Juntos para el Cambio en el que el FCS admitió travestirse para competir como sello de la Casa Rosada.
El único fundador del FCS que queda en pie es el senador nacional Oscar Castillo, ex gobernador y articulador de la nueva composición radical.
Las urnas cantarán en octubre el nombre del gobernador y el intendente capitalino, pero algo es seguro ya: en el próximo período dejarán de gravitar Brizuela del Moral y Guzmán y la incidencia de Corpacci se reducirá significativamente.
No tan audaz
La oposición prescinde por primera vez desde que dejó el poder de la siempre celebrada tracción de Brizuela del Moral. En perspectiva, la audacia no es tanta.
El primer indicio de que la figura del ex mandatario comenzaba a declinar se dio hace dos años, en las PASO por la candidatura a diputado nacional.
Brizuela ganó y revalidó su banca, pero el médico Roberto Gómez, su oponente, mascarón de proa de la línea Morada que había conformado con la diputada provincial Juana Fernández, obtuvo el 40% de los votos del FCS.
El relieve del desempeño de Morada surgía nítido en cuanto se advertía que había sido coronado en contra de quienes tenían el control del radicalismo y, por ende, del FCS, desde principios de la década del ‘90. La línea Celeste de Castillo había jugado, como era invariable, aliada con el Movimiento Renovador de Brizuela.
Algo empezaba a bullir en la UCR.
En 2018 se produjo otro hecho político determinante para la reformulación del radicalismo.
Para las internas de renovación de autoridades partidarias, el sector orientado por Castillo rompió el acuerdo con Brizuela del Moral y conformó una alianza sustentada en el poder territorial del los intendentes boinablancas, que se planteó para competir en contra de la propuesta alentada por el diputado nacional y Guzmán.
Aunque la contienda no llegó a las urnas, alumbró ganadores nítidos. Las facciones acaudilladas por Brizuela y Guzmán, que impulsaban al ex auditor general de la Nación Horacio Pernasetti, quedaron fuera de la cancha por cuestiones formales.
Que el intendente de Andalgalá Alejandro Páez se consagrara presidente del Comité Provincia era menos significativo que el hecho de que, por primera vez desde sus respectivas fundaciones, ni el brizuelismo ni el guzmanismo tuvieran representación en los órganos partidarios. Y algo más: la presidencia del Comité Capital recayó en Gómez, figura de la flamante Morada.
Brizuela y Guzmán, en rigor, defeccionaron frente a una derrota segura. Ninguna queja se escuchó de sus bocas por la supuesta “proscripción” a la que los sometían los mefistofélicos castillistas. Su apuesta pasaba por jugar en las PASO de este agosto, donde harían valer sus niveles de imagen en un electorado que no estaría circunscripto a los radicales.
Fue un error garrafal. Castillo avanzó en un diseño que los excluyó y no pudieron ni parar listas para enfrentarlo en primarias.
La oferta de Juntos para el Cambio perfecciona la derrota de los adversarios del castillismo y refleja el proceso descripto.
Derrota perfecta
Morada, emergente de las PASO de 2017 en contra del pacto que comandó alternativamente la UCR durante casi tres décadas, con eventuales chisporroteos, pone el candidato a Gobernador: Gómez.
El castillismo coloca al rector de la UNCA Flavio Fama como candidato a intendente, complementado con el ex diputado Miguel Vásquez Sastre como candidato a senador por el distrito. Vásquez Sastre proviene del brizuelismo y encabeza un desprendimiento de esa facción, la línea Vanguardia.
La candidatura a diputado nacional fue cedida al diputado provincial Rubén Manzi, referente de la Coalición Cívica.
La lista de diputados provinciales contiene condimentos similares. Las dos únicas reelecciones son la del castillista Luis Lobo Vergara y la de Juana Fernández, socia de Gómez en Morada. Encabeza el intendente andalgalense Páez, presidente de la UCR, de la “liga de intendentes”. No hay gente de Brizuela ni de Guzmán en la nómina.
Un nuevo poder se afianza en la UCR.
Huérfanos
La partida de Corpacci deja un tendal de entenados que comienzan a sentir el rigor anímico de la orfandad inminente. Como se señaló en este mismo espacio editorial, cuesta encontrar precedentes de un líder que se retire en el apogeo de su trayectoria. Los protegidos de la mandataria abrigaron hasta último momento esperanzas de que continuara. Por estos días sienten una mezcla de decepción y angustia existencial.
Los huérfanos de Brizuela del Moral y Guzmán discurren sobre su destino en la vereda contraria. Algunos decidieron superar la actitud contemplativa y ficharán en el GEM, que postula para la Gobernación al ex diputado nacional José Alberto Furque.
El más visible es el concejal Simón Hernández hijo, que va por la Intendencia de la Capital. Hizo buen papel en 2015, tercero pero muy parejo en las primarias por ese puesto con Giné y Guzmán. Habrá que ver cuánto junta ahora, desterrado del FCS.
Como muchos otros, busca posicionarse en un tablero signado la implosión de los liderazgos tradicionales de la oposición, de la que Oscar Castillo es solitario sobreviviente.
