sábado 24 de octubre de 2026
Cara y Cruz

La defección de los adultos

La viralización del video de una adolescente jactándose de la tortura emocional a la que, junto con otros amigos y amigas, habían sometido a una compañera, destapó una trama perversa que incluye el robo y difusión de imágenes sexuales de la víctima. Hay dos causas penales en marcha y los responsables deben responder por sus lamentables acciones. Conviene que quienes se consideran adultos responsables aguarden el desarrollo de los acontecimientos en ese andarivel antes de desenfrenar unos instintos de jauría que son exacto reflejo de la conducta que se reprocha a los adolescentes complotados para atormentar a una par.

La víctima en primer lugar. Hay una adolescente que sufre los efectos de una agresión brutal y execrable, inferida por una pandilla cruel. Los responsables están identificados, tienen la misma edad de la victima y eran sus compañeros en la escuela.

Los victimarios a continuación. Una vez que se supera la indignación inicial, el video difundido a través de sus redes sociales por la mayor de todos, abanderada del colegio, muestra un profundo daño emocional: hay que estar muy mal para regodearse en la crueldad de ese modo y esperar celebraciones.

Una alumna del Pía Didoménico fue sometida a tormento emocional durante casi seis meses ¿Qué hizo el Colegio? Una alumna del Pía Didoménico fue sometida a tormento emocional durante casi seis meses ¿Qué hizo el Colegio?

En una columna publicada en este diario, tras expresar su solidaridad con la víctima, la licenciada en psicología María de los Milagros Varela señala: “También abrazo a quienes la agredieron con tanta saña, porque detrás de semejante despliegue de violencia y hostilidad indefectiblemente hay algo roto. Nadie que esté en paz consigo mismo necesita humillar a otro para sentirse valioso. Semejante nivel de agresión es, en el fondo, un grito ciego de algo no alojado que necesita ser mirado antes de que termine de destruirlos a ellos también”.

Acertadísimo. El episodio se inserta en una escena general tramada por el incremento de los problemas de salud mental en la adolescencia, que se traducen en conductas autodestructivas como adicciones y hasta suicidios. Esto no quiere decir que los responsables del cobarde ataque no tengan que responder por lo que hicieron, sino que es necesario serenarse para asumir un trasfondo dramático que demanda reacciones urgentes del mundo adulto que es tan veloz para levantar el dedo juzgador. ¿O no fue autodestructivo lo que hizo la chica que se expuso regocijándose en su sadismo?

No se trata de comparar dolores ni exigir la ley del Talión. Se trata de hacerse cargo de lo que la sociedad adulta está contruyendo. Las condenas ejemplificadoras exigidas en diferentes medios de comunicación están impregnadas de hipocresía: lo que en la adolescente se señala como la marca de Caín, se le tolera y hasta celebra a muy caracterizados miembros del poder y el aparato institucional como inofensivo y divertido pintoresquismo.

En este marco, es necesario enfocar el papel que cumplieron las autoridades del Colegio Pía Didoménico, al que asisten todos los involucrados. Los padres de la víctima radicaron la denuncia penal por el robo y difusión de las imágenes íntimas de su hija en abril. La chica tenía que asistir a clases junto a sus victimarios, incomodísima situación que se resolvió excluyéndola a ella del grupo y confinándola desde junio a tomar clases virtuales que operaron como un estigma adicional. Todos viajaron a Bariloche en septiembre, donde se perpetró otra oleada del ataque.

Tormento sistemático sobre una alumna que viene desplegándose desde hace casi seis meses. Es inverosímil que las autoridades y el personal docente y no docentes del Pía Didoménico lo ignoraran. ¿Qué hicieron al respecto? ¿Informaron a la comunidad de la institución, promovieron algún compromisa por parte de las familias? Por lo que se sabe hasta ahora, se limitaron a mandar a la víctima a su casa, cosa que los victimarios habrán disfrutado en grande e interpretado como licencia para continuar en la escalada de sus tropelías.

Recién ahora aparecen los justicieros implacables exigiendo condenas bíblicas. ¿Dónde estaban mientras se demolía la autoestima de una adolescente? Deberían informarse. Lo que ocurrió está muy lejos de ser un caso aislado.

Seguí leyendo

Te Puede Interesar