miércoles 22 de julio de 2026
Editorial

El discurso del odio

Ezequiel Lamas, un humilde joven de 17 años de la localidad bonaerense de González Catán...

Por Redacción El Ancasti

Ezequiel Lamas, un humilde joven de 17 años de la localidad bonaerense de González Catán, soñaba con conocer la pista de skate de Miramar. Con gran esfuerzo pudo juntar el dinero para viajar con cuatro amigos.


El viernes pasado, ya en ese destino turístico, mientras andaba en su patineta chocó sin querer a una señora. La mujer empezó a gritar, pensando que quería robarle. Su esposo agregó que Ezequiel estaba armado con un cuchillo. La policía lo redujo y solo encontró entre las ropas del joven un encendedor. 


De todos modos, entre la gente que se agolpó para ver de qué se trataba el incidente, empezó a correr el rumor de que era un pibe chorro. De pronto, delante de los propios efectivos policiales que lo habían retenido, otro joven, también de 17 años, se abalanzó sobre Ezequiel y le asestó una trompada. El agresor huyó ante la pasividad policial. 


El chico de González Catán quedó muy golpeado y, como se descompuso, tuvo que ser trasladado a un Hospital. Al día siguiente falleció. 


Por suerte, el victimario dos días después fue atrapado y deberá responder por el crimen que cometió.


El episodio recuerda a un caso similar, aunque por cierto sin desenlace fatal, ocurrido hace un par de meses en Rosario. Una mañana, un chico humilde pasó corriendo por la peatonal de Santa Fe. Una señora supuso que si corría es porque robó, y por eso llamó a la policía. La policía lo atrapó y lo tiró al suelo, maniatándolo. Una de las personas que se acercó a ver de qué se trataba, lo escupió. Otra dijo: “estos son los que nos matan”. Unos pocos lo defendieron. El chico lloró y explicó que solo iba al encuentro de un amigo que vende medias en esa peatonal.

Finalmente se comprobó que no robó, que no hizo nada, que solo corría. Tuvo suerte: no hubo alguien que quisiera golpearlo por las dudas. Ni un policía que le disparara por la espalda.


Ambos episodios tienen como denominador común cierta psicosis enquistada en una amplia franja de la población derivada de los continuos hechos de inseguridad. Pero también se advierte cómo hay personas que son permeables a un discurso muy presente en las redes sociales, pero también en algunos medios de comunicación y funcionarios de las áreas de seguridad del gobierno nacional y los gobiernos provinciales, que alientan la resolución violenta de este tipo de incidentes.


La denominada "justicia por mano propia", que es por mano propia pero no justicia sino un acto irracional de violencia, es ejecutada a diario por energúmenos que, como en el caso del asesino del joven Ezequiel Lamas, cometen un delito peor que el que presuntamente cometió la víctima. Con el agravante de que Lamas no había cometido ninguno, y su agresor un homicidio.


Detrás de estos episodios se esconde el discurso del odio, que es malo en sí mismo, pero también por las consecuencias desgraciadas que trae aparejadas. A los problemas de inseguridad se los debe combatir con las instituciones y con los procedimientos habilitados por la normativa vigente. En la ley de la selva, se sabe, siempre ganan los violentos y pierde la justicia.

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