Durante mucho tiempo se mantuvieron ocultos o fueron ocultados, pero existen, están ahí. Siempre estuvieron. No comprendían lo que les pasaba o por qué les pasaba, por qué sentían lo que sentían, por qué esa disconformidad con su propio cuerpo, por qué esa divergencia entre el aspecto físico y su sentir interior.
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Aprendizaje lento, pero inexorable
Los chicos trans, sin embargo, hoy pueden asumir su realidad sin temer el prejuicio ajeno, aunque todavía persista entre algunos como un fenómeno residual.
En los últimos años desde el propio sistema público de salud ha variado sustancialmente el abordaje para la atención de los chicos trans. La Ley 26.743 de Identidad de Género, aprobada en el año 2012, impulsó el desarrollo de lineamientos destinados a los equipos de salud, orientados a favorecer el acceso de todas las personas trans a una atención integral e integrada en el sistema de salud.
De todos modos, hasta ahora, muchas de esas transformaciones, fundamentalmente cuando se trata de niños o adolescentes, han sido tal vez intuitivas, asumidas por profesionales con la lucidez suficiente como para comprender que la visibilidad de la diversidad sexual y de la complejidad de la problemática de las identidades de género requiere de enfoques particulares. Pero es necesario capacitar a los profesionales y unificar criterios para superar improvisaciones surgidas de la buena voluntad, pero quizás no basadas en procedimientos debidamente reglados debidamente, sistematizados y de uso común en todo el sistema de salud.
Desde esa perspectiva debe valorarse la jornada de trabajo desarrollada la semana pasada en el Hospital de Niños de la provincia, organizada por un equipo interdisciplinario creado ante la demanda de chicos transgéneros que llegan habitualmente en busca de atención a ese centro de salud. El propósito fue que referentes de todo el país abocados a esta problemática compartieran experiencias, y de los intercambios y puestas en común surgiesen conclusiones y aprendizajes.
Niños y adolescentes de entre 11 y 16 años conforman el grupo etario que suele asistir a los consultorios externos del hospital. Se trata de chicos que muy probablemente asumieron su identidad de género antes, pero que recién a partir del inicio de la pubertad deciden asumirlo públicamente.
Una de las conclusiones a las que se arribó en las jornadas es que los profesionales que los atiendan deben estar preparados para un abordaje diferente del convencional. Otra, que los chicos trans asumirán con más facilidad su identidad, y superarán los problemas que esa decisión trae aparejado, si tienen el acompañamiento de su entorno familiar o grupo afectivo.
El tiempo del ocultamiento de los chicos transgénero va quedando atrás. El miedo, la segregación, la intolerancia también de a poco van desapareciendo. La aceptación, la comprensión finalmente están corriendo el velo. Es un aprendizaje para toda la sociedad, lento tal vez, pero inexorable.