EDITORIAL

Pañuelos en la calle

viernes, 10 de agosto de 2018 · 04:09

Cuando se asumen con responsabilidad, constancia y convicción, los compromisos sociales implican un crecimiento individual de la persona que se compromete, pero también un crecimiento colectivo, pues demanda esfuerzos de organización, presencia callejera y en las herramientas de comunicación, y esfuerzos notables de unificación de un discurso y para fundamentar las opiniones que sustentan la posición que se adopta.

En el caso del debate que se desarrolló los últimos meses en torno a la Interrupción Voluntaria del Embarazo se ha podido advertir un saludable crecimiento de la conciencia social en general, al margen de la opinión que se tenga sobre el proyecto que finalmente rechazó el Senado.
Deberá recordarse que hasta comienzos de este año el debate sobre el aborto legal, y también sobre el aborto clandestino, que seguirá existiendo en niveles alarmantes, estaba clausurado. Y una inmensa mayoría de la población carecía de opinión fundada sobre cómo abordar, mucho menos resolver, la problemática. Las posiciones que se asumían en las escasísimas instancias en que se discutía el tema, estaban por lo general sesgadas por la desinformación, la imprecisión y los prejuicios.

Que el problema haya salido a la luz no es mérito ni del gobierno ni de la oposición, sino del colectivo de mujeres, que desde el Ni Una Menos fue tomando fuerza hasta convertirse en un fenómeno imposible de invisibilizar. En torno a la demanda del aborto seguro, libre y gratuito miles de jóvenes, en su gran mayoría mujeres, hicieron su debut como protagonistas de una demanda social, militantes por primera vez de una causa. Y en ese proceso se enriquecieron y lograron advertir la fuerza movilizadora del compromiso social. 

Movilizadora no solo en un sentido externo, en el propósito explícito de transformar la sociedad, sino también interno, porque abrazar una causa hace vibrar del mismo modo las fibras más íntimas de una persona, y la modifica, porque la adolescente o joven que se puso el pañuelo verde y salió a la calle a pedir, reclamar o protagonizar una vigilia histórica, no es la misma que casi no conocía del problema el año pasado.

También el sector de los que se opusieron al proyecto de ley, aunque hegemonizado por la Iglesia como institución y factor de poder, estuvo integrado por jóvenes que asumieron el compromiso de defender públicamente sus convicciones. Y tuvieron el valor, del mismo modo, de asir un pañuelo celeste y luchar por lo que creen.
Es cierto que el debate, que tuvo un comienzo auspicioso, de intercambio profundo y respetuoso, fue degradándose al final en calidad y hasta desbarrancando en agresiones mutuas que empañaron un poco el proceso general.

Pero en los compromisos asumidos con responsabilidad, constancia y convicción debe ponerse el énfasis para valorar el proceso que tuvo ayer el final de su primera etapa. Porque nadie duda que el veredicto de los senadores no es definitivo sino transitorio, y se auguran nuevas luchas, compromisos y convicciones de resultados tal vez distintos. 

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