Editorial

Denostando a la oposición

lunes, 2 de julio de 2018 · 04:03

La ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, recurrió a un lugar común, costumbre adoptada por todos los oficialismos, que consiste en identificar las críticas, o las protestas contra el Gobierno con intentos de golpe de estado o de desestabilización o de otras maniobras reñidas con la convivencia democrática.

En una de sus habituales visitas al programa televisivo que conduce Mirtha Legrand, Bullrich criticó a sectores opositores que, según su interpretación, "intentaron voltear al Gobierno".

"Desde el primer día tuvimos que defendernos porque intentaron voltear a este Gobierno”, dijo concretamente.

Los dichos de la funcionaria tienen una semejanza evidente con las aseveraciones de representantes del kirchnerismo cuando ese sector gobernaba el país. Para ellos, los reclamos de la oposición de entonces eran “maniobras destituyentes”. 

La Democracia es, en esencia, la convivencia de los que piensan diferente. De modo que es razonable que la oposición cuestiones las políticas oficiales en la medida en que no recurra a métodos violentos o clandestinos para desestabilizar al Gobierno votado por la mayoría. 

Más allá de algunas declaraciones desafortunadas de algunos dirigentes o casos aislados de violencia, las protestas se han enmarcado por lo general en un contexto de legitimidad democrática. Antes, y durante el Gobierno anterior, lo cual no es poca cosa en una país como la Argentina, que numerosas interrupciones violentas del orden constitucional. 

Para Bullrich, además, señaló que el Gobierno quiere acordar y dialogar, pero que para eso hay un problema: "El problema es que hay que acordar con los que piensan que la única salida es el populismo", dijo.

Desde que se hizo cargo de los destinos del país, el gobierno de Cambiemos se autoproclama como una gestión de puertas abiertas, que tiene al diálogo con todos los sectores como premisa fundamental. Establece, de esa manera, una suerte de contraposición con el Gobierno anterior, cuya vocación de diálogo con la oposición era nula o casi nula.

A juzgar por las declaraciones de los que se han sentado a dialogar con los funcionarios actuales, la predisposición a recibirlos ha existido en todo momento, lo cual obviamente es rescatable.
Pero el diálogo, casi siempre, ha sido infructuoso. Es decir, los representantes del gobierno se han limitado a escuchar los planteos, pero los cambios solicitados en las políticas públicas no se implementan jamás.

Pero además, por lo que se advierte, el Gobierno solo pretende establecer acuerdos políticos, frutos de ese proclamado diálogo, con los que piensan parecido al oficialismo. Los “populistas”, como denomina despectivamente la funcionaria a los sectores con los que confronta el Gobierno, integran el sector mayoritario de la oposición.

La insistencia oficial para denostar a la oposición, o al menos a un sector importante de ella, aunque resulte una estrategia repetida, no es el mejor camino para mejorar la institucionalidad en la Argentina.