UPD es una sigla que hasta hace poco nadie conocía, pero que con el tiempo ha ido adquiriendo notoriedad, generalmente asociada a escándalos o malos comportamientos. UPD es Último Primer Día. Se trata de una fiesta que los estudiantes que se aprestan a cursar el último año de la secundaria organizan la noche previa al primer día de clases del ciclo lectivo.
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Excesos del UPD
En principio, no tiene nada de malo que chicos y chicas, entre 16 y 17 años, organicen una fiesta en la previa del inicio de clases, considerando que será el comienzo del año de egreso.
El problema es que esas reuniones suelen llevarse a cabo, salvo excepciones que habrá que a esta altura honrar adecuadamente, en un contexto de excesos, al punto que el momento culmine del festejo es cuando los alumnos llegan, luego de pasar la noche sin dormir y consumiendo abundantemente bebidas alcohólicas, a los establecimiento escolares al ritmo de cantos y batucadas, interrumpiendo el normal inicio de clases.
El descontrol que suele caracterizar a estos eventos ha motivado que cada vez más sean los directivos de las escuelas catamarqueñas que optan por impedir que los estudiantes que vienen de la fiesta del UPD ingresen al perímetro del establecimiento, a menos que lo hagan en condiciones normales. Esto es, vestidos adecuadamente, sin bullicios y, por sobre todas las cosas, sin vestigio alguno de haber estado bebiendo. Como casi nadie de los futuros egresados reúne esas condiciones, es un hecho que las clases para ellos comienzan el “segundo” día de clases.
Estos excesos de los adolescentes son ciertamente consentidos por sus padres o tutores. No hay manera de que estas fiestas, que incluyen por lo menos, además de alcohol y comida, el alquiler de un local, de medios de transporte y la contratación de equipos de sonidos, sean organizadas solo por los chicos.
Como los padres no quieren, o no pueden, establecer los controles necesarios para que la fiesta no se desmadre, es el Estado el que ha debido salir a poner límites. En estos días se conoció que el Juzgado de Faltas Municipal decidió aplicar duras multas a los organizadores de las fiestas de "Último Primer Día" que no contaban con ninguna autorización.
Hubo, en total, tres fiestas clausuradas. Los inspectores constataron que, además de la falta de habilitación o autorización para realizar fiestas, también había menores consumiendo alcohol, lo que obviamente no está permitido. Además, tampoco se habían contratado seguros de responsabilidad civil, un servicio de emergencias médicas o seguridad.
Pero además de la cuestión legal, los excesos en adolescentes suelen ocasionar situaciones de gravedad que ciertamente no pueden tolerarse y deben prevenirse.
Tal vez el monto de las multas -30.000 mil pesos- sea un buen argumento para que los padres de los menores asuman de una vez que no pueden consentir estos eventos. Si no hay conciencia acerca de los riesgos de estas conductas dañinas y fuera de lugar, al menos que haya temor por el costo económico de las infracciones que conllevan.