EDITORIAL

Economías en riesgo

13 de marzo de 2018 - 04:00 Por Redacción El Ancasti

Un conjunto de factores, algunos estructurales y otros de data más reciente, vinculados particularmente a medidas de política económica, están afectando la producción de las economías regionales. A los costos logísticos y la presión impositiva, se le suman, como fenómenos más recientes que afectan la competitividad, los tarifazos de los servicios públicos y la apertura de las importaciones, en algunos casos indiscriminada.

Algunas de las producciones agropecuarias que se desarrollan en territorio catamarqueño están actualmente condicionadas por estos factores.
Respecto de la olivicultura, los problemas más acuciantes fueron enumerados recientemente en un documento que los productores de Catamarca, La Rioja, San Juan y Mendoza y otras provincias, reunidos en la Federación Olivícola Argentina (la FOA), elaboraron y presentaron ante autoridades nacionales.

La principal preocupación de los productores es la inclusión del aceite de oliva y las aceitunas en la negociación de un tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. Consideran que la producción local está amenazada por la importación del aceite de olivas y las aceitunas europeas, que están fuertemente subsidiadas.

“Dada la cantidad y magnitud de subsidios que recibe el sector olivícola (entre otras producciones agropecuarias) en la Unión Europea -y al no contar con similares subsidios en Argentina y el Mercosur- se hace inviable la competencia entre ambos bloques económicos en igualdad de condiciones”, añadió FOA.
“El costo energético actual hace inviable la actividad productiva, tanto primaria como agroindustrial, al igual que a la mayoría de los productores agrícolas regantes eléctricamente dependientes de todas las economías regionales del país”, finalizó.

La producción vitivinícola, que se desarrolló notablemente en Catamarca a partir de la década del noventa, aunque por cierto está muy por debajo de provincias como Mendoza, San Juan o Salta, también está hoy atravesando una situación difícil. En el ámbito nacional, según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), la producción nacional del año pasado fue de 20 millones de quintales, mientras que en 2015 había superado los 24 millones, lo que representa una caída cercana al 19 por ciento. El empleo del sector, como consecuencia inevitable de lo anterior, cayó un 5,3 por ciento en los últimos dos años.
Al mismo tiempo, las ventas internas se redujeron un 18 por ciento y las exportaciones alrededor del 30 por ciento.

Otros sectores de las economías regionales atraviesan del mismo modo problemas similares. La frutícola de Mendoza, Río Negro y Neuquén disminuyeron entre un 20 y un 30 por ciento la producción y las exportaciones, y los limones, naranjas y mandarinas del noroeste cayeron entre el 15 y el 20 por ciento.

Deberá el gobierno nacional instrumentar medidas para lograr la rentabilidad de sectores cuyo aporte al empleo local y al movimiento general de las economías de las provincias donde están radicadas son sustanciales. No tener en cuenta esta realidad podría traer aparejadas consecuencias graves que se miden en las estadísticas macroeconómicas, pero también en los indicadores sociales en términos de desempleo, pobreza y marginalidad.  


 

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