ver más
Editorial

Alimentos peligrosos

Cuando la prioridad no es la salud de la población sino la rentabilidad...
26 de diciembre de 2018 - 04:18 Por Redacción El Ancasti

Cuando la prioridad no es la salud de la población sino la rentabilidad de ciertas producciones, el resultado no puede ser bueno.

Organizaciones sociales y ambientalistas, particularmente relacionadas con la salubridad de los alimentos que se consumen en la Argentina, están denunciando los graves riesgos que entraña la recientemente aprobada comercialización de papa y trigo transgénicos en el país. 


La medida fue adoptada por el gobierno luego de que una comisión técnica-científica la convalidara. Lo que las ONG que se oponen a la aprobación señalan es que esa comisión está hegemonizada por las mismas empresas que venden las semillas transgénicas, lo que resultaría incompatible con una evaluación objetiva y basada en verdaderos criterios científicos y no en razones comerciales. 
Se trata de la Comisión Nacional de Biotecnología (Conabia). Según las organizaciones, de 34 integrantes, 26 pertenecen a las empresas o tienen conflictos de intereses.  Además, los expedientes de estos estudios son confidenciales.


Las críticas emanan de un conjunto de organizaciones entre los que se destaca la Cátedra de Soberanía Alimentaria de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. La ONG catamarqueña Bienaventurados los Pobres (Be.Pe.) también integra este espacio crítico. 


“Sabemos que los transgénicos son una amenaza para la biodiversidad, para el ambiente y la salud de todos. Sabemos que las aprobaciones y los controles son, en la Argentina, muy poco serios”, expresaron en un documento. 


El trigo transgénico es el HB4, y es presentado como resistente a las sequías, lo que lo habilitaría para utilizarse en zonas áridas.


La papa transgénica está prohibida en los principales países productores, los andinos: Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Chile.


Los grupos ecologistas, que exhiben trabajos de científicos reconocidos que avalan su posición, sostienen que los cultivos transgénicos en general pueden aumentar su toxicidad, provocar alergias, recombinación de virus y bacterias, incremento del nivel de residuos tóxicos en los alimentos y mayor resistencia a los antibióticos, además de efectos desconocidos hasta el momento.


La autorización de la comercialización de trigo transgénico ha generado disputas internas en el gobierno nacional. Pero no precisamente por las eventuales secuelas dañinas para la salud de la población, sino por razones comerciales. Mientras el secretario de Ciencia y Técnica Lino Barañao defiende la iniciativa, el de Agorindustria, Luis Etchevere, pone objeciones porque es consciente de que Brasil, que es el principal país adquirente de ese producto, restringiría las compras si es derivado de semillas transgénicas. 


El rechazo de las organizaciones tiene aval internacional, y son muchos los países que desaprueban los cultivos transgénicos. Por esa razón, parece razonable un estudio más detallado y al que tengan acceso todos los actores interesados, abandonando de esa manera el carácter de confidencial que exhiben hasta ahora, para recién decidir si la autorización de estos productos pueden ser una buena oportunidad para desarrollar la producción nacional o es solo un negocio para algunas empresas, poniendo en riesgo la salud de los consumidores.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar