Nacido en 2010, en el fulgor del modelo nacional y popular y financiado por ANSES con los fondos de las jubilaciones, el programa Conectar Igualdad cumplió más objetivos políticos que educativos. Porque la entrega a mansalva de netbooks a escuelas y alumnos, con el propósito de “acortar la brecha digital” en los sectores más carenciados y mejorar el acceso a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, tuvo, al menos en Catamarca, un desenlace más que previsible. Por un lado, en buena parte del interior, donde no hay internet o conectividad suficiente, las computadoras nunca se pudieron utilizar con el fin propuesto. Y en los lugares donde hay conexión a la red, las máquinas se usaron para jugar, otras nunca fueron desbloqueadas, otras tantas se rompieron al poco tiempo y muchas terminaron en los hogares de los docentes. El aprovechamiento verdaderamente educativo de las computadoras fue excepcional. Como déficit central se debe anotar que el programa no tuvo en cuenta que en muchos rincones del país no hay internet, pero además tampoco previó la necesaria capacitación docente en esta tecnología, ni el hecho de que las escuelas no incluyan en sus plantas a los administradores o referentes técnicos que exige su implementación.
En cambio, el Conectar Igualdad fue más aprovechado por los políticos, nacionales y provinciales, que no desperdiciaron la oportunidad de caer a las escuelas con camionetas llenas de netbooks y tomarse fotos con docentes y alumnos felices con el regalo. El discurso era, obviamente, que el Gobierno invertía así en educación tecnológica, para que “todos” los chicos tuvieran la misma oportunidad de incorporarse al universo de la información. Durante varios años las computadoras se repartieron como bolsones de alimentos en las escuelas de Capital e interior, incluso hasta con la misma liturgia electoralista de la asistencia social. Tanta dependencia se creó en torno a esta programa que hubo establecimientos –en el interior y el Capital- donde los alumnos montaron protestas, con quemas de gomas y cortes de calle incluidos, y se rehusaban a asistir a clases porque aún no habían recibido su parte del Conectar Igualdad. Como si de las máquinas dependiera su enseñanza. Al poco tiempo, las netbooks escolares pasaron a engrosar los lotes de secuestros de elementos robados en las comisarías de toda la provincia. Lo mismo que sucede hoy con los celulares.
Los resultados están a la vista. De las casi 100 mil computadoras que se entregaron en Catamarca, la mitad está inactiva. El servicio técnico contratado para programa no da abasto con las pilas de máquinas que necesitan reparación; es decir, con las pocas que le llegan de toda la geografía provincial. El gobierno de Mauricio Macri decidió continuar con el programa, aunque lógicamente le introdujo algunas variantes formales: se llama Plan Nacional Integral de Educación Digital (PLANIED), salió de la órbita de ANSES y ahora depende de la cartera educativa, y tiene un presupuesto anual de $7.200 millones. Si bien está previsto que continúe con la entrega de netbooks a los alumnos de la secundaria, todavía no lo hizo porque depende de una licitación de 450 mil máquinas cuyos componentes son un 70% importados –a diferencia de los “nacionales” del gobierno anterior-. Y como era de esperar, la inquietud hoy en las escuelas es porque no llegan los nuevos “juguetes” tecnológicos. Habrá que ver cómo se lleva adelante la nueva versión del Conectar y si realmente cumple mínimamente con los objetivos educativos planteados. La experiencia anterior no dejó nada que sirva de aliento.