El revés en las elecciones comunales de Ancasti le vino bien al Gobierno para repasar su estrategia y ajustar las marcas sobre su dirigencia. El senador ancasteño Aldo Contreras, peronista que jugará su reelección el domingo próximo, consideró que uno de los motivos de la derrota de la candidata Nancy Córdoba a manos del radical Rodolfo Santillán fue la interna que en el distrito lo enfrenta al concejal Roberto Arroyo, a quien le ganó la candidatura en las PASO, que según dijo tiene el respaldo de Horacio Gutiérrez, hijo del extinto vicegobernador Octavio. Esta hipótesis fue tomada por el Gobierno, que ayer se ocupó de operar sobre el disidente para que desista de la reyerta al menos hasta este domingo 22, cosa de mermar las posibilidades de que los resultados adversos se reiteren y a la Intendencia perdida deba sumársele un escaño en el Senado que se suponía en el buche. Si el compromiso que Arroyo asumió es sincero, no podrá saberse hasta que las urnas canten, pero en cualquier caso el nocivo efecto de la disputa intestina de Ancasti indujo a revisar la situación en los otros distritos que renuevan senadores y el estado de las relaciones entre los referentes del oficialismo. Como en esta misma columna se consignó tras las PASO, las inquinas en el interior suelen ser de compleja digestión –pueblo chico, infierno grande- y una travesura vía corte de boletas podría restar los votos suficientes para perder el distrito en la categoría que interese.
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Ancasti como advertencia
El oficialismo arriesga mucho más que el FCS/Cambiemos en el Senado, pues siete de las ocho bancas que se renuevan le pertenecen. Una es la de Ancasti, donde las diferencias entre las facciones oficialistas se pusieron de manifiesto este domingo: menos de 100 votos le alcanzaron a la oposición para quedarse con la Intendencia hasta 2019. La lista sigue. En Capayán, el senador Hugo Corpacci perdió la chance de la reelección al caer en las PASO ante Ricardo Quinteros. Le echa la culpa al intendente de Huillapima Omar Soria, que también es del FV, y nadie está muy seguro de que no trate de empardar cuentas este domingo, por muy hermano de la gobernadora que sea. También estaría complicado Antofagasta de la Sierra, donde parece que anda bien el postulante del FCS Laudino Ávalos. El ministro de Producción Raúl Chico no la tiene tan fácil como creía en Santa María, peleado con el intendente. En Paclín hubo chisporroteos entre el senador y presidente provisorio del Senado Marcelo Cordero, candidato a la reelección, y sus contendientes distritales; las animadversiones habrían remitido, pero nunca se sabe, y aparte el intendente es radical. En Tinogasta –único escaño que pone en juego el FCS, actualmente en manos de Bernardo Quintar, hijo del extinto y legendario “Coco”- el candidato peronista es Jorge “Noni” Alanís, quien no cuenta con las simpatías del intendente de la cabecera departamental, Sebastián Nóblega, ni de la intendenta de Fiambalá, Roxana Paulón. En La Paz, la intendencia de Recreo está bajo administración del radicalismo y eso siempre pesa, aunque compense que en Icaño gobierne el peronista Pío Carletta.
En el Gobierno confían en ganar la elección general, pero Ancasti encendió luces de alerta por la proyección institucional de los resultados distritales. Si bien es cierto que el FCS/Cambiemos tendría que ganar todas las bancas de senador para tener mayoría –actualmente su representación se reduce a dos tribunos- no necesita tanto para entonarse anímicamente. Además, hay que tener en cuenta cómo quedarán las relaciones de fuerza y las potenciales maniobras parlamentarias que podría montarse con la colaboración de facciones peronistas disidentes hacia 2019. Los operadores del Gobierno recrudecerán las negociaciones en el último tramo de campaña menos preocupados por el desempeño del FCS/Cambiemos que por el efecto de los rencores intestinos. Y ya se sabe como es esto: cuando ven la oportunidad, los enojados sobreactúan y suben el precio.