EDITORIAL

Fiesta con excesos consentidos

12 de septiembre de 2016 - 04:02 Por Redacción El Ancasti

Muy lejos en el tiempo quedaron aquellos días del Estudiante (o Día del comienzo de la Primavera) en los que el festejo se reducía a un picnic en lugares naturales agradables. Por ejemplo, en el Parque Adán Quiroga, en el camping municipal, El Rodeo o Las Pirquitas.

Con el correr de los años los festejos se fueron tornando más complejos, mejor organizados y con una veta comercial que fue rápidamente explotada por los comerciantes o empresarios más aptos en el negocio del entretenimiento.

El picnic cedió su lugar a fiestas y otra serie de eventos muy bien pensados para que los chicos disfruten y, de paso, algunos aprovechen la jornada para hacerse de unas monedas.

Y así, de a poco, los festejos por el Día del Estudiante se convirtieron, para ciertos sectores de la clase media con relativa capacidad financiera, en los festejos por la Semana del Estudiante. Porque no basta un día para la celebración.

La extensión temporal cuenta con la anuencia, explícita o implícita, de los establecimientos escolares del nivel secundario, que durante varios días prácticamente paralizan sus actividades educativas para permitir la recreación de sus alumnos.

Si bien parece exagerado dedicar prácticamente una semana a tales celebraciones, nada tendría de malo si se desarrollaran sin consecuencias dañosas, como accidentes, peleas e incidentes varios, algunos provocados por la ingesta de alcohol, y si además se estableciese un compromiso respecto a que los días de clase perdidos se recuperaran con esfuerzos adicionales de los estudiantes una vez finalizada la caravana festiva.

Ya se ha señalado desde estas mismas páginas que los excesos son, en algunas oportunidades, consentidos, tolerados o incluso organizados por los propios padres de los chicos, que suelen hacerse cargo del transporte con días de antelación de las bebidas alcohólicas, a los efectos de evadir los controles que realizan las fuerzas de seguridad.

Y en los lugares donde se desarrollan los festejos, en particular El Rodeo, se suelen transgredir como algo natural normas varias, por ejemplo las relacionadas con la venta de alcohol a menores.

La semana del estudiante es oportunidad, además, para llamativas especulaciones inmobiliarias, como lo señala un informe de El Ancasti publicado en su edición de ayer. Hay casas que se alquilan, por unos pocos días, a cifras que superan los 20.000 pesos, y en ella se alojan, a veces, menores sin el control de un mayor que pueda hacerse responsable de las conductas y seguridad de los chicos.

Ser joven y estudiante son motivos suficientes para festejar. Y toda fiesta es bienvenida si se lleva a cabo en un marco de cordialidad, sin excesos y con la necesaria supervisión de los mayores, que deben convertirse en garantes de que la celebración sea inolvidable, pero por los recuerdos ligados a los momentos de alegría y diversión, no por secuelas perniciosas y en algunos casos trágicas, como ya se han vivido en el comienzo de otras primaveras.

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