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CARA Y CRUZ

Resistencia al cambio

20 de abril de 2016 - 04:23 Por Redacción El Ancasti
La reestructuración orgánica del Ministerio de Producción ha provocado reacciones adversas entre el personal de algunos organismos de la cartera que se sienten amenazados. Si bien las quejas, elevadas a la gobernadora Lucía Corpacci el 6 de abril, pueden considerarse legítimas, es preciso evaluarlas en perspectiva con la eficacia funcional del ministerio y, fundamentalmente, las necesidades del sector productivo local. Básicamente, el ministro Raúl Chico creó cinco coordinaciones regionales y varias temáticas (nogal, ganadería, agricultura, olivicultura, aromáticas, entre otras), con el propósito de construir un contacto más directo con los productores y lograr una mayor especialización. El ministro negó que exista malestar con la propuesta. Indicó que la regionalización permite que los funcionarios designados se dediquen "full time" a relevar y atender los problemas de las cadenas productivas específicas de cada zona, ya que es obligación que el coordinador resida en la región que tiene a cargo.





No obstante, los planteos se hicieron. La nota elevada a Corpacci lleva la firma de profesionales y agentes dependientes de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Agroindustria, donde desaparecerían direcciones como Extensión Rural, Ganadería, Agricultura, Colonización y Agroindustria. Las funciones de estos organismos no dejarán de cumplirse, sino que serán asumidas por las coordinaciones con menores trabas burocráticas y sobre el terreno. Es lógico que quienes vienen desempeñándose en las reparticiones mencionadas se resistan al cambio, pero es también la actitud que asumen invariablemente quienes suponen en peligro derechos adquiridos, a veces lindantes con lo corporativo. El desarrollo de la reestructuración implementada por Chico demostrará si los temores son fundados, pero no es posible negar la necesidad de introducir en la organización del Ministerio de Producción modificaciones tendientes a atender desafíos de características cambiantes y demandas que son mucho más complejas que hace apenas un par de lustros. Dotar de agilidad la estructura funcional a través de la regionalización y la división por actividades redundará sin dudas en la posibilidad de realizar diagnósticos más rápidos y certeros sobre situaciones específicas, para intervenir de forma inmediata e incluso prevenir problemas. Como para que tal posibilidad se concrete se requiere compromiso del personal de la cartera productiva, es necesario avanzar en el desmonte de las inquietudes y, por supuesto, el deslinde de lo que son genuinos reclamos de lo que no es más que defensa corporativa de intereses creados.





La coyuntura que atraviesa Producción es análoga a otras cercanas, generadas a partir de modificaciones en el funcionamiento tradicional de algunas actividades. Cuando el Banco Central de la República Argentina decidió, por ejemplo, dejar de enviar comunicaciones por correo y hacerlo solo por vía informática, el sindicato de camioneros, que se encargaba del transporte de las comunicaciones en papel, procedió a una furibunda manifestación en contra de la medida. Similar análisis puede hacerse sobre la resistencia que entre los taxistas de la Ciudad de Buenos Aires despierta el desembarco del sistema de transporte privado Uber, con protestas, hackeos y presiones sobre las autoridades políticas. Pero más allá de algunos intereses que puedan verse afectados, lo principal es la calidad del servicio que reciben los usuarios, que en el caso de Producción son los productores catamarqueños.
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