jueves 11 de agosto de 2022

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Lo bueno, lo malo y lo feo

Dr. Ramón Carrillo, primer ministro de Salud Pública de la Nación

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Desde hace muchos años los argentinos sufrimos, entre otras cosas, la disolución de los paradigmas ciudadanos que nuestra comunidad construyó durante los dos siglos que pasaron. La educación de entonces ponía énfasis en difundir esas vidas y conductas dentro de la comunidad, al exaltar sus valores y virtudes que proyectaban la formación de las nuevas generaciones. Manuel Belgrano sostenía que "honrar la virtud cívica es educar a los pueblos”. ¿Qué quería decir con esto? Que era responsabilidad del gobernante exaltar las conductas paradigmáticas, para establecer modelos sociales que sean ejemplo para los ciudadanos y pudieran pretender parecerse.

En el campo de las ciencias médicas, uno de nuestros personajes civiles del siglo 20 es el Doctor Ramón Carrillo, un ejemplo paradigmático, hoy "ninguneado” y desconocido por las nuevas generaciones. Evocarlo a 60 años de su desaparición  física, y dar a conocer su corta vida, su personalidad y sus obras en materia de las ciencias médicas diciendo que fue uno de los grandes hombres que prestigiaron y enriquecieron lo que hoy son las bases ideológicas y doctrinarias del justicialismo, que tuvo su creador y fundador a Juan D. Perón.

Ramón Carrillo nació el 7 de marzo de 1906 en el seno de una familia afincada en Santiago del Estero un siglo antes, heredó de sus padres el fervor por la fe católica, y con grandes esfuerzos fue a estudiar a Buenos Aires donde, fue brillantísimo alumno, recibió su diploma de médico con honores y medalla de oro. Un hombre que se destacó como humanista, científico, funcionario y docente. En épocas en que la Revolución del 43 derrocaba al Presidente Castillo -surgido de elecciones fraudulentas-, Carrillo conoció en el Hospital Militar al coronel Juan Domingo Perón, y es precisamente Perón quien lo convence para colaborar en la planificación de la política sanitaria del gobierno y al ser elegido Presidente, lo pone al frente de la Secretaría de Salud Pública, luego transformada en Ministerio y fue su primer ministro de Salud Pública de la República Argentina (1946-1954).

Fue un maestro de la neurocirugía argentina, reconocido y valorado en el mundo por su talento y su inagotable búsqueda científica, escribiendo varias obras de neurocirugía. En 1944 dirige el Instituto Nacional de Neurocirugía crea, organiza y preside la Escuela de Postgrado de la Facultad de Medicina de la UBA, con orientación a la medicina social y preventiva. Valorando el aporte de la Historia a todas las ramas de la ciencia, funda la Sociedad Argentina de Historia de la Medicina. Pudo haber tenido fama, éxito y dinero en el ejercicio privado de su profesión que nunca ejerció, pero eligió otra cosa: su vida al servicio de sus compatriotas, particularmente los humildes, los más sufrientes. Fue Profesor universitario y formador de brillantes discípulos.
Sentó las bases doctrinarias que el justicialismo tiene sobre la Salud Pública en el  Gobierno: la planeación (Planes Quinquenales) y pionero de la medicina social argentina. Redactó (1946) el Plan Analítico de Salud Pública, un estudio de cuatro mil páginas, la situación de la salud en Argentina que incluye los objetivos principales y acciones del plan de salud donde describía el futuro ministerio. La política sanitaria argentina estaba fundamentada en tres principios: 1. Todos los hombres tienen igual derecho a la vida y a la sanidad; 2. No puede haber política sanitaria sin política social; 3. De nada sirven las conquistas de la técnica médica si esta no puede llegar al pueblo por medio de dispositivos adecuados.

AI elaborarse el Plan Quinquenal, Carrillo se encontró con la necesidad de planificar la construcción de hospitales, institutos, sanatorios para crónicos, centros de salud, hogares para niños y ancianos, hogares escuela, entre otras obras. Es así como se decidió adoptar un estilo arquitectónico, confeccionar pianos de prototipos de construcciones de diferente complejidad y capacidad, estudiar el equipamiento y licitar las contrataciones, controlar la marcha de los trabajos a fin de poder cumplir con el mayor porcentaje posible de las obras incluidas en el calendario, y responsabilizar a los organismos encargados de pagar los certificados de obra. Los trabajos se ejecutaron por intermedio del Ministerio de Obras Públicas, por la Subsecretaría de Construcciones del Ministerio de Salud (que creó con ese fin) y por la Fundación Eva Perón, darían como saldo la creación de 4.229 establecimientos sanitarios con 130.180 camas en todo el país. Estableció las bases de la organización hospitalaria; trazó el mejor plan sanitario concebido en el país y condujo enormes campanas, erradicando viejas enfermedades endémicas. En nuestra concepción, los problemas de salud y enfermedad deben ser considerados como responsabilidad indelegable del Estado; la política sanitaria debe estar respaldada por una política social; la política social no puede existir sin una economía organizada en beneficio de las mayorías, en consecuencia, los objetivos y fines de la atención médica organizada debe estar orientada hacia las mayorías, humanizando la medicina, y ponerla en función social y lograr una asistencia individual, familiar y comunitaria completa y continua, con accesibilidad y gratuidad total para la población que la necesite y con profesionales que actúen para y en la comunidad ofreciendo sus servicios mancomunados según la demanda y atendiendo a las necesidades de la población.

Su acción se basó en tres grandes áreas: 1) la medicina asistencial que es pasiva y resuelve el problema individual; 2) la medicina sanitaria, que es defensiva y protege; 3) la medicina social, que es activa, dinámica y preventiva.
Organizó, en apoyo del plan, una estructura administrativa basada en la centralización normativa (normalización, unificación y tipificación de criterios, procedimientos, mecanismos y servicios para todo el país) y descentralización ejecutiva (asignación de competencias y funciones por sectores de actividad, regionalización sanitaria del país, participación de las provincias, municipalidades y delegaciones regionales),estas normas constituyen el libra "Teoría del hospital”, con los tomos de "Arquitectura” Y "Administración”. Se lograron resultados excelentes, teniendo en cuenta que no había por entonces una conciencia sanitaria en el Estado ni en la sociedad; hoy, pese al tiempo transcurrido, tampoco existente.

En 1946 había en nuestro país 66.300 camas hospitalarias; en 1951 sumaban 114.000. En solo dos años, terminó con el paludismo, el índice de mortalidad por tuberculosis era de 130 por cien mil; en 1954 descendió a 36 por cien mil. Las enfermedades venéreas desaparecieron casi en su totalidad. La lepra fue circunscripta a los leprosorios preparados y habilitados adecuadamente, terminando con las epidemias de tifus y organizó la vigilancia epidemiológica y la medicina preventiva. En 1947, inaugura el Instituto de Medicina Preventiva y en 1949, publica su obra "Política Sanitaria Argentina”, considerada -junto con "Teoría del Hospital” (1953)- un tratado de consulta, aun hoy, en todo el mundo. Impulsó y creó la especialización de médicos higienistas, hoy sanitaristas. Abrazó la causa de la salud pública con pasión, se realizaron grandes transformaciones y que permiten asegurar que casi toda la infraestructura de salud con la que el país cuenta hoy se debe a la presidencia de Perón y que fue realizada en conjunto con la Fundación Eva Perón y estaba establecido en los planes quinquenales.

Ramón Carrillo defendió y concilió la asociación de intereses de los tres subsectores de la salud (público-privado-obras sociales), aportó a la construcción de un sistema de seguridad social dando soluciones a las necesidades y requerimientos de los trabajadores organizados. Los sindicatos y las obras sociales aún representan una base operativa esencial para lograr los objetivos políticos en el área de la salud. Hoy es necesario restaurar los paradigmas, como en este caso, para los jóvenes que abrazan la vocación por la medicina y quieran seguir su ejempló.
Por su obra gigantesca y la dimensión de su humanismo ilimitado,  60 años de su muerte, y ante el lamentable escenario de la Salud Pública actual en que se responsabiliza al Estado de los males que padecemos, es saludable recordar la figura, su obra y retomar sus banderas, poniendo nuevamente al Estado al servicio del pueblo. Deberíamos brindarle el merecido homenaje, de quien murió un 20 de diciembre de 1956 a la edad de 50 años; en la ciudad de Belem do Para (Brasil) exiliado, pobre, enfermo y humillado, tardando dieciséis años (1972) la repatriación de sus restos mortales. Hoy descansa en su tierra natal. Y frente a quienes lo negaban y aun hoy lo niegan, escribió con amargura: "Si yo desaparezco, queda mi obra y queda la verdad sobre el esfuerzo donde dejé mi vida” quizás pensando, como lo hizo el gran libertador Simón Bolívar, que había arado en el mar.

Arq. Luis Guerrero
DNI 8.413.666 

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