ver más
EDITORIAL

La cruzada de Francisco

La decisión adoptada por el Papa Francisco de conceder el perdón a mujeres que hayan abortado y se hayan arrepentido..
7 de septiembre de 2015 - 04:08 Por Redacción El Ancasti
La decisión adoptada por el Papa Francisco de conceder el perdón a mujeres que hayan abortado y se hayan arrepentido a conciencia de ello, se inscribe en la serie de reformas, con sentido aperturista, impulsadas desde que asumió en el cargo en marzo de 2012.

Estas transformaciones han sido muy bien recibidas por aquellos sectores más progresistas de la milenaria institución que venían proclamando cambios concretos y no solo declamativos para sustraerla del estado de anquilosamiento y cierto desprestigio que se tornaba cada vez más evidente.

Pero los vientos de cambio que soplan en El Vaticano suman también críticas y malestar, algunos soterrados e internos, sin constatación muy evidente en la superficie, y otros más explícitos. Esta visión negativa de las reformas del primer papa latinoamericano de la historia es encarnada por los sectores más conservadores de la Iglesia.
La primera resistencia formal a la apertura pontificia se manifestó en el Sínodo de la Familia que se realizó en octubre del año pasado y fue encabezada por el ultraconservador cardenal estadounidense Raymond Burke, quien se opuso tenazmente a la actitud misericordiosa impulsada por Francisco hacia los homosexuales y hacia las personas divorciadas y vueltas a casar, a las que les fue autorizada la posibilidad de que comulguen.

"El Papa, más que nadie, como el pastor de la iglesia universal, está obligado a servir a la verdad -dice Burke-. El Papa no es libre de cambiar las enseñanzas de la iglesia con respecto a la inmoralidad de los actos homosexuales o la insolubilidad del matrimonio o cualquier otra doctrina de la fe”.

Burke había sido nombrado por Benedicto XVI al frente del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, cargo del que fue removido por el nuevo pontífice, en una muestra evidente de las connotaciones no solo doctrinarias, sino también políticas, que tiene la disputa intestina de la Iglesia Católica.

La Iglesia conservadora, veladamente, le ha declarado la "guerra” al Papa al que consideran con una macartismo fuera de moda, "marxista”. No solo detestan su posición misericordiosa respecto de los gays, los divorciados y ahora las mujeres que se arrepienten de haber abortado, sino también su condena al capitalismo salvaje, a la dictadura de la economía e incluso sus alusiones críticas a la responsabilidad humana en el cambio climático y la devastación de la naturaleza.

Hoy queda más claro que hace unos años que la Iglesia Católica está formada por hombres que representan posiciones doctrinarias e ideológicas diferentes y en algunos aspectos hasta contradictorias.

La cruzada de Francisco para producir reformas progresivas en una estructura eclesial autoritaria, excesivamente vertical y alejada de la realidad mundana de sus fieles, encuentra lógicas resistencias en los grupos católicos más tradicionalistas.

Es de esperar que las fuerzas transformadoras prosperen para hacer de una de las instituciones más importantes de la humanidad una comunidad misericordiosa e inclusiva y no una organización cerrada y excluyente.
Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar