ver más
CARA Y CRUZ

La otra usura

El concepto más generalizado de usura se refiere al interés excesivo que alguien cobra cuando presta dinero, es decir,...
28 de enero de 2015 - 04:08 Por Redacción El Ancasti
El concepto más generalizado de usura se refiere al interés excesivo que alguien cobra cuando presta dinero, es decir, a la ganancia desmedida que obtiene el prestamista. De allí que las personas y entidades que cobran intereses muy elevados reciban el calificativo de "usureros”. EL ANCASTI ha dedicado bastante atención y espacio al negocio de la usura en Catamarca, a la proliferación de cuevas financieras y a la estafa sistemática a que someten a la gente carenciada -y no tanto- con los intereses que le cobran por pequeños préstamos. Y todo eso en un marco de impunidad inconcebible, merced a la ineficiencia y la desidia de los organismos oficiales que debieran controlar y sancionar a los oportunistas que obtienen ganancias desproporcionadas gracias a la miseria o las urgencias de los catamarqueños. Se aprobaron normas municipales y provinciales para controlar y castigar el cobro de tasas desmedidas, hubo anuncios oficiales rimbombantes respecto a la puesta en marcha de una suerte de cruzada contra la usura y, cada tanto, legisladores y gobernantes insistieron en el asunto desde enfoques más o menos similares, pero sin embargo todo sigue como entonces. Cansado de la presión social por la falta de seguimiento de los usureros, un funcionario provincial a cargo del tema llegó al colmo de admitir que no contaba con personal capacitado para hacer su trabajo, y que por lo tanto no esperen demasiado del Estado. 

*****

No obstante, en un sentido amplio, el concepto de usura no se aplica hoy por hoy exclusivamente a las cuevas financieras que prestan plata, sino que también sería justo que alcance a los bancos –internacionales, nacionales, regionales, privados o públicos- que cobran tasas de interés, comisiones y gastos de financiación verdaderamente excesivos por los créditos y servicios que prestan a los clientes. En definitiva, la cuestión no es esencialmente distinta: sus ganancias se obtienen a costa del esfuerzo de las personas. La diferencia con los usureros rasos puede ser simplemente de escala. Un caso típico de usura bancaria se da con los gastos vinculados a las tarjetas de crédito. En Argentina, el costo de atrasarse con el pago del resumen de una tarjeta puede ser altísimo. Si un cliente elige cuotificar su deuda en 12 pagos, por ejemplo, la tasa de interés nominal anual (TNA) se ubica entre 10 y 15 puntos por encima de la inflación anual y se calcula sobre el saldo de la deuda. Pero lo más importante a tener en cuenta es el costo financiero total (CFT), ya que incluye la TNA –que en promedio ronda el 50%- y todos los cargos de la operación, y que en algunas entidades se aproxima al 100% anual. Claramente usurario. 

*****

Pero eso no es todo. El calvario comienza con la indignación por el costo de tener una tarjeta de crédito y renovarla cada año, sigue con los cargos de financiación de las deudas y finaliza con la bronca que produce el maltrato que reciben los clientes cuando van a reclamar algo, o simplemente a preguntar. En efecto, la deficiente atención al público, ya sea en persona o por teléfono, termina redondeando este precio amargo que hay que pagar para vivir en un mundo global. Los clientes de las tarjetas de crédito no saben a ciencia cierta qué les cobran los bancos, porque tanto los resúmenes como las explicaciones formales son auténticos jeroglíficos, y cuando alguien intenta ser un consumidor responsable y defensor de sus derechos se topa con el muro de humillación que levantan los bancos para obligar a que nadie proteste y todos paguen callados. Y si el cliente, cansado del destrato, pretende renunciar a la tarjeta de crédito, lo que sigue es una maraña administrativa interminable y desgastante, tanto que en muchos casos la gente se resigna a seguir o no le queda otra alternativa que acudir a la Justicia. Y todo esto ocurre, al igual que con la desidia oficial respecto a las cuevas financieras, en un marco de desamparo absoluto por parte del Estado. 

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar