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Como una venganza

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8 de septiembre de 2006 - 00:00
Más de un futurólogo anunció que el primer mundo desarrollado -desarrollado, debe advertirse, en gran medida gracias a la explotación de los otros mundos achatados del planeta- tendrá que afrontar alguna vez la venganza de los pueblos que oprimieron. Los menos fantasiosos imaginaron que esa venganza llegaría cuando la desesperación de sus víctimas se convierta en incontenible amenaza contra su seguridad. Cuando ya no les sea posible disfrutar de un botín amasado durante siglos.

El sombrío pronóstico ha comenzado a cumplirse, a juzgar por la información periodística que da cuenta de que ciertas enfermedades consideradas típicas de la pobreza se están propagando entre las naciones privilegiadas a través de transfusiones sanguíneas y trasplantes de órganos, sangre y órganos de origen latinoamericano. La noticia enfatiza que son tantos los originarios de las antiguas y no antiguas colonias europeas y no sólo europeas que se han radicado en aquellas exclusivas metrópolis del mundo, que constituyen verdaderos caballos de Troya de donde ya han empezado a salir los agentes de destrucción hasta ahora ocultos.

Una de estas enfermedades es la denominada Mal de Chagas, surgida en Latinoamérica y de sobra conocida por los catamarqueños. Como recuerda “Clarín” del miércoles, “la forma más frecuente de infección del Chagas en la Argentina se produce cuando una vinchuca infectada pica e inmediatamente defeca; así, el insecto deposita en la piel de la persona picada los parásitos Tripanosoma cruzi, que entran en la sangre y puede llevar a desencadenar cardiopatías”. También indica la nota periodística que “otros mecanismos de transmisión son la transfusión de sangre de personas infectadas y por accidentes de laboratorios de investigación o durante cirugías”.

La aparición de la enfermedad en los Estados Unidos ha provocado gran inquietud. Sin sistemas de detección, el Chagas, que es un “mal escondido”, se ha estado extendiendo entre la población estadounidense y, probablemente, también en los otros países primermundistas. Ya en circulación, la enfermedad se ha convertido en mal añadido, que podrá controlarse pero que no podría eliminarse del todo en el estado actual de la ciencia médica.

En dos hospitales de Los Ángeles, California, se identificó, en febrero, a dos personas afectadas por Chagas, que contrajeron la infección por recibir la donación de corazones con el parásito, consigna la información. Añade que se calcula que aproximadamente medio millón de personas afectadas viven en los Estados Unidos, y que desde 1989, paneles de asesores de la Administración de Drogas y Alimentos vienen recomendando que la sangre donada sea testeada para Chagas, pero que ningún test fue aprobado aún.

La inquietud se ha instalado también en otros puntos del Primer Mundo. En Francia se desconoce el número de infectados porque el test de la sangre no se hace y porque hay muchos ilegales. Como medida precautoria, el Parlamento Europeo adoptó una disposición que excluye como donante de sangre a todas aquellas personas que hayan estado en Sudamérica más de tres meses. En España están recomendadas las pruebas para Chagas en donantes que procedan de Latinoamérica o que hubieran permanecido un tiempo. Recién ahora el Mal de Chagas está siendo estudiado, pese a que la enfermedad ha sido descripta en 1909.

Desde luego, no hay en los latinoamericanos ninguna intención de venganza, aunque sí una conciencia cada vez más clara de las verdaderas razones por las que coexisten mundos tan distintos como son el llamado Primero y los otros dominados por la miseria y en no pocos casos por la desesperanza. Menos podría hablarse de caballos de Troya y de búsqueda de daño indiscriminado en un campo tan sagrado como el de la salud y la vida de los pueblos. Pero las predicciones existen y su cumplimiento parece consumarse.
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