Nuestro departamento Santa María, no es Santa María. En realidad es Yokavil o Yocavil o Yokahuil. Es el nombre original y real de la parte S del Valle Calchaquí.
Por Negro Aroca Catamarcano
Nuestro departamento Santa María, no es Santa María. En realidad es Yokavil o Yocavil o Yokahuil. Es el nombre original y real de la parte S del Valle Calchaquí.
Cuando llegaron los invasores españoles no podían creer el desarrollo, organización social, política y explotación racional de los recursos naturales. La conquista y colonización española estaba en riesgo y empezó la masacre. Por eso nuestros bravíos antepasados armaron una resistencia sin igual en el mundo, en una guerra sin cuartel que duró ¡100 años! hasta que las armas de fuego permitieron que fueran cooptados, sometidos y en el caso de los Kilmes y poblaciones aledañas, desnaturalizados. Muchos de ellos fueron a parar al sur de la actual CABA y esclavizados en una reducción.
Digo todo esto, a pesar de ser un culillo en este tema, y no quiero ser irrespetuoso con próceres como el padre Larrouy y Manuel Soria, porque de manera errónea dicen “huelga advertir que ninguna de las poblaciones de Santa María deriva de un pueblo de indios… todas arrancan necesariamente de una merced o estancia de los españoles”. No quiero abundar en el tema porque hay muchos estudios arqueológicos y antropológicos más actuales que así lo entienden.
Todo esto viene a cuento porque el gobierno provincial hace un par de años inició el proyecto de construir un gigantesco puente sobre el rio Santa María o Yokavil, aunque creo que el verdadero nombre en nuestras lenguas madres debe haber sido Yacuhuil (yacu: agua y huil: pueblo, poblado); el mal oído, la diferencia de pronunciación y/o la brutez de los invasores españoles, los llevó a escuchar mal y escribir peor. En consecuencia, la traducción sería pueblo del agua o agua del pueblo, dado que el río Santa María recorre el valle del Cajón, desde Ovejería de N a S y en Punta de Hualan hace un giro increíble y sigue de S a N por todo el valle hasta encontrarse con el rio Calchaquí y dejar sus aguas en el dique Cabra Corral (Salta).
Por estos días la población del Yokavil anda en pie de guerra pues la Municipalidad, de manera poco seria y como si se tratara de una kermese, lanzó en las redes un “concurso” para elegir un nombre al puente que el gobierno inaugura.
Es increíble, pero cierto.
Se llegó al colmo que uno de los nombres propuestos es el de capitán Ambrosio Muñiz Cancinos. Este militar español oficiaba como teniente en las minas “Purísima Concepción y San Carlos de Austria” en San José, al S del valle, haciendo trabajar -bah… explotaba- a nuestros antepasados en esas duras tareas. Al quedar sin trabajo compró al estanciero y encomendero salteño Fernando de Lisperguer y Aguirre esas estancias donde fundó en el siglo XVIII la ciudad de Santa María, a la que luego transfirió a sus hijos y familiares.
Cruelmente se borra de un plumazo nuestra historia precolombina, así de simple.
Volvamos al puente. Es una obra magnífica que viabiliza la RN 40 que viene de Hualfín, cruza el rio a la altura de la localidad Las Mojarras y se dirige al N por Fuerte Quemado y Quilmes.
Creo que es poco serio poner en sorteo un nombre. Hay que consultar formalmente a todos sus habitantes (muchos no usan o no tienen internet), historiadores, arqueólogos, antropólogos y a las comunidades originarias.
Volver a las raíces no es quedarse en el pasado, es evolucionar sin olvidarse de esas raíces.
Hoy se inaugura. Es una buena oportunidad para que los santamarianos hagan sentir y valer su identidad.