Así como el escándalo del Lava Jato volvió a sumir a Brasil en crisis institucional y sembró dudas sobre la recuperación argentina, también implica un avance pocas veces visto contra la corrupción estructural que puede derramarse fronteras al Sur. La grabación que puso en aprietos al presidente Michel Temer se dio en momentos en que Brasil amagaba con salir de la peor recesión de su historia.
Las reformas impulsadas por el sucesor de Dilma Rousseff ahora quedaron en suspenso. Ese tenue arranque brasileño había generado optimismo en el gobierno argentino, que atribuía al vecino gran parte de los problemas propios.
Brasil es el principal socio comercial. El 15% de las exportaciones argentinas van a ese mercado. Distintos sectores industriales se verán afectados si el golpe político vuelve a sacudir a la economía brasileña, empezando por el automotriz.
En el plano político, Temer es un aliado de Mauricio Macri, quien fue el primero en reconocer a su gobierno surgido de la controvertida destitución de la mandataria del PT. Cuál será el signo político que gobernará Brasil en la era post Temer, es una incógnita. El dirigente más valorado actualmente es el ex presidente Lula Da Silva, cuyo regreso ilusiona a la debilitada izquierda regional, pero también parece estar seriamente implicado en el Lava Jato.
La debacle brasileña trajo aparejadas otras cuestiones. Algunos analistas indicaron que sacudió de un plumazo la bicicleta financiera argentina, propiciada por la quietud del dólar y las altas tasas de interés. Esta semana el dólar se desbandó en unas horas y superó los 16 pesos. Por otro lado, Brasil dejó hace tiempo de ejercer su liderazgo regional y Macri quiere asumir ese protagonismo en el exterior.
Su figura es aclamada en las principales capitales del mundo, aunque para consolidarse necesita hacer pie internamente, donde la economía sigue siendo una incógnita y su fortaleza política será examinada en las próximas elecciones.
En su gira por China y Japón recibió elogios del presidente Xi Jinping y del primer ministro Shinzo Abe, quien llegó a decir que la Argentina es la "locomotora de Sudamérica". Hacía 20 años que un presidente argentino no visitaba Japón, y de China trajo nuevamente la promesa varias veces incumplida de equilibrar la balanza comercial.