El difícil arte de llenar un estadio
No hay margen de error: el José Amalfitani tiene que estar desbordante. En el massismo saben que si se ve el más mínimo hueco, el kirchnerismo será implacable y las comparaciones con el acto que la Presidente hizo en ese mismo lugar en 2012 tardarán poco en aparecer. Para evitar errores no forzados, la propia mujer de Massa, Malena Galmarini, se hizo cargo de la organización y el reparto de entradas.
Con llamados y mensajes de texto, el propio líder del Frente Renovador se encargó de hablar con candidatos, intendentes y dirigentes en general para garantizarse no sólo que asistan, sino también que lleven a su gente. Sus colaboradores confían en que no serán los únicos. Anoche contaban a todo el que quisiera oírlo distintos casos de movilizaciones lejanas al denominado "aparato" político-sindical: mientras uno relataba la historia de los dos micros que los ex compañeros de Massa del Colegio Agustiniano alquilaron para ver su discurso, otro contaba el llamado que el candidato recibió de un viejo amigo con quien solía jugar al tenis en el Club Ballester y hoy vive en los EEUU. Quería una entrada para viajar al país y presenciar el acto.
Será una buena oportunidad para conocer lealtades y abandonos. Un faltazo sin aviso será leído por todos como la señal inequívoca de un cambio de bando. Las miradas estarán puestas sobre todo en el precandidato a gobernador de Chubut Mario Das Neves, luego de la presunta reunión que mantuvo con Daniel Scioli, y en los intendentes de Pilar, Humberto Zúccaro, y de Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino. Hace apenas unos días, este último pidió públicamente que Massa bajase su candidatura presidencial para competir por la gobernación bonaerense.
El malvinense recibió un llamado de Massa y se comprometió a estar presente esta tarde, según detallaron a Infobae fuentes de su municipio. Su promesa no es una garantía de permanencia: de acuerdo a sus allegados, el intendente que lleva 20 años al frente de su partido mantuvo el domingo una conversación telefónica con Mauricio Macri. Antes de votar en las elecciones porteñas, el jefe de Gobierno almorzó en la quinta que su familia tiene en San Miguel. Un colaborador de Cariglino aseguró que el líder del PRO lo llamó alrededor de las 14 para avisarle que estaba cerca de su municipio, una cortesía que repetiría con frecuencia. De acuerdo con su relato, sólo hubo una mención a la política: Macri le adelantó que los bocas de urna daban una ventaja de ocho puntos a Horacio Rodríguez Larreta. Para confirmar esa información, este medio se contactó con un vocero del candidato presidencial, quien reconoció que el jefe de Gobierno porteño almorzó en ese lugar pero aclaró que desconocía si esa charla existió o no. "Hace más de 50 años que va a la quinta, no creo que lo haya llamado para avisarle", sostuvo. De ser así, la conversación tomaría otra relevancia.
Aunque primero se mencionó la posibilidad de invitar a radicales y peronistas aliados, finalmente el acto será sólo de massistas puros. Roberto Lavagna, que cada vez suena con más fuerza como posible compañero de fórmula, ya confirmó su presencia. "Los nuestros no pueden dejar de venir ni aunque estén internados en un hospital", aseguró a Infobae un importante dirigente del espacio. Algunos se lo tomaron al pie de la letra: aunque esta semana tuvo que ser atendido en una clínica por haber comido un alimento en mal estado, el intendente Luis Andreotti prometió que esta tarde asistirá el acto, según afirmaron a este medio desde la municipalidad de San Fernando.
Anoche, Massa recorrió el escenario junto a sus padres, su mujer y sus hijos. Vestido con jogging y campera, probó sonido y comió una pizza junto a su familia y colaboradores. La inmensidad de la cancha vacía y la noche fueron el anticipo del acto que sueña como el más grande de su carrera.