La ejecución tiene un significado particular, ya que se realiza cinco días después del pedido realizado por el ex cardenal argentino en el Congreso de Washington para abolir la pena de muerte.
Kelly Gissendaner, de 47 años, es la decimosexta mujer en ser ejecutada desde que la Corte Suprema restableció la pena capital en 1976.
Ella fue condenada por haber realizado un complot con su amante para asesinar a su marido en 1997.