Los aspectos conscientes en general los conocemos todos, la mayoría de las parejas establecen exclusividad absoluta, o sea "vos estás sólo conmigo y yo estoy sólo con vos". Si bien hay parejas en donde esta regla es más abierta, pero es habitual que sea exclusiva. "Esto también, a veces es un aspecto implícito de la relación y a veces puede ser explicitado por sus integrantes, especialmente en los casos en donde el comienzo de la relación tenía reglas más flexibles", describió el especialista, para quien "otro aspecto en general consciente es el respeto mutuo, aunque lamentablemente no siempre es así".
Los aspectos inconscientes son mucho más complejos, y a veces hasta pueden adquirir la forma de un "pacto oculto". Esto quiere decir que hay reglas que no solamente no se hablan sino que además, los integrantes de la pareja no conocen. "Un contrato siempre implica que yo te voy a dar algo a cambio de otra cosa que me vas a dar vos. En ese sentido, un ejemplo de los aspectos inconscientes de un pacto puede ser 'vos podés tomar todas las decisiones que quieras que yo siempre voy a estar de acuerdo a cambio de que vos me permitas estar en mi mundo y dedicarme a mis solamente a mis cosas'", ejemplificó.
Distintos tipos de contrato
"Cada pareja es un mundo" reza el dicho y en algún punto quiere decir que cada una tiene su propio contrato. Más allá de que existan cientos de contratos diferentes en las parejas, hay algunos que suelen repetirse, por supuesto dentro de los contratos "patológicos".
El sumiso y la dominante: El contrato jerárquico por excelencia, ella dice todo lo que se tiene que hacer y de qué forma y él acepta sin oponerse.
El jefe y el empleado: Es otra variante de los contratos jerárquicos. El jefe indica todo lo que se tiene que hacer y el empleado lo hace sin chistar.
La madre y el hijo: Ella está en una posición de reto y crítica constante y él no solamente lo acepta sino que además lo fomenta.
Ni para atrás ni para adelante: La pareja no avanza ni retrocede, pero igual continúan juntos aunque ninguno de los dos tengan muchas ganas.
Girona advirtió que "una de las situaciones más graves que se pueden presentar es que en algún momento de la vida de la pareja, uno o los dos integrantes dejan de seguir este contrato, se empiezan a alejar del acuerdo, ya sea en sus aspectos conscientes como inconscientes. El hecho de dejar de respetar ese acuerdo comienza a dinamitar la pareja y genera desigualdad. Si se sigue por ese camino, el contrato se rompe y la pareja se termina".
Recalculando..
Tras asegurar que "este tratado, contrato o acuerdo es algo que va a sufrir modificaciones a lo largo de la vida de la pareja, inevitablemente y de manera natural", el especialista aseguró que "una pareja para sostenerse en el tiempo deberá sortear el desafío de variar el tratado original varias veces a lo largo de la vida del vínculo".
"Muchas veces se habla de la crisis del séptimo año de pareja, se la nombra como la comezón del séptimo año o con otros nombres. Es más, una gran cantidad de divorcios se produce durante los primeros siete años de relación. Esto nos indica que muy habitualmente en el séptimo año o antes se presenta la primera renegociación del contrato", remarcó Girona. Pero, ¿qué significa esto?
Según el especialista, "ambos cambiaron, son iguales en muchas cosas pero diferentes en muchas otras y la pareja se encuentra con el primer gran desafío de su vida amorosa. Según como transiten esta reacomodación, la pareja continuará o no".
Otra situación muy habitual también -continuó- es que una pareja que tiene el primer hijo se separe antes del año, pasa mucho. "Acá también se observa cómo la llegada de un bebé obliga a los integrantes del vínculo a recalcular posiciones y reacomodarse en lugares diferentes a los que tenían hasta ahora. A veces se logra y a veces no".
Como todos sabemos, la vida de pareja es compleja. Transitarla con éxito implica muchos desafíos y algunos retos. El mayor riesgo es que esa libreta roja de la que el novio estaba orgulloso al comienzo de la nota, se convierta con el paso del tiempo y la ruptura del contrato, en una tarjeta roja que uno le saca al otro para expulsarlo de la relación.