Rusia intensificó ayer su campaña de bombardeos en Siria, una intervención que el presidente sirio, Bashar al Asad, consideró crucial para evitar que la región de Oriente Medio sea "destruida".
Los aviones rusos bombardearon, por quinto día consecutivo, varios objetivos en Siria y destruyeron posiciones del grupo yihadista Estado Islámico (EI), según Moscú.
Pero los países occidentales volvieron a lamentar que esos bombardeos golpeen, sobre todo, a los grupos rebeldes enfrentados a Asad y no sólo al EI.
El presidente sirio, que se expresaba por primera vez desde el inicio de la intervención rusa el miércoles, consideró, por su parte, indispensable el éxito de la coalición contra "el terrorismo" que formaron Siria, Rusia, Irán e Irak.
"Debe tener éxito, si no toda la región será destruida y no sólo uno o dos países", avisó en una entrevista para la televisión iraní Khabar.
"El precio a pagar será seguramente alto", añadió Asad, que se mostró convencido de las grandes "posibilidades de éxito" de esa coalición. Asad, que lleva 15 años en el poder y resistió a las revueltas de 2011 que acabaron con varios regímenes árabes, se siente reforzado por la intervención rusa.
Con la ayuda de Moscú, espera poner fin a la serie de derrotas que sufrieron sus tropas en los últimos meses. El Kremlin indicó este domingo que sus aviones Sukhoi hicieron "20 salidas" en 24 horas y bombardearon "10 blancos de los bandidos del EI".
Por su parte el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan condenó la campaña emprendida por Moscú y la tildó de "inaceptable".