Ella no podía entender cómo ni por qué, pero había nacido sin útero, ni ovarios ni trompas de falopio, y sus cromosomas no eran XX, sino XY.
Ella no podía entender cómo ni por qué, pero había nacido sin útero, ni ovarios ni trompas de falopio, y sus cromosomas no eran XX, sino XY.
"Nunca podrás quedar embarazada", le dijeron, para terminar de sumirla en una profunda depresión.
Viajaron a una clínica en Chipre para hacer el tratamiento a un costo medianamente accesible. Gastaron casi todos sus ahorros.
Pero todo valió la pena. Cuando le anunciaron que estaba embarazada de mellizos, no lo podía creer.
Haynes tiene hoy 28 años y sus hijos crecen sanos y fuertes. No podría ser más féliz.