El Papa impulsa la aceleración de los procesos de nulidades matrimoniales
Los jueces de la Rota Romana, el máximo tribunal vaticano, transmitieron a unos 300 jueces eclesiásticos ese mensaje de Francisco; aunque en el 88% se resuelven en favor de quien lo pide.
Unos trescientos jueces de los tribunales
eclesiásticos -los que administran la justicia interna de la Iglesia-,
de América latina recibieron la semana pasada un llamado de atención del
Papa: no se demoren en dar una respuesta a los esposos que piden la
nulidad de su matrimonio.
La Iglesia admite que el "sí, quiero"
que dan dos novios frente al altar puede estar viciado por alguna causa
que vuelve inválido el sacramento celebrado en el casamiento. Para
demostrar esa invalidez la ley de la Iglesia prevé un proceso que
debería durar un año y medio, en cambio suelen ser muchos más
prolongados y pueden durar hasta una década.
El pedido de una
mayor celeridad en los procesos de nulidad matrimonial fue trasmitido
por las máximas autoridades de la Rota Romana -la "corte suprema" de la
Iglesia- hace pocos días en la Universidad Católica Argentina (UCA)
donde se realizó un curso de actualización sobre el matrimonio en el que
por primera vez en la historia las máximas autoridades de la Rota
Romana salieron de Roma. Hecho que seguramente responde a otro de los
pedidos del papa Francisco a los funcionarios de la Santa Sede: "No sean
vaticanocéntricos". Desde Roma llegó el decano de ese tribunal,
el italiano Pio Vito Pinto, y dos auditores, el español Alejandro
Arellano Cedillo y el argentino Alejandro Bunge, que hasta mayo del año
pasado fue decano de la Facultad de Derecho Canónico de la UCA.
Según datos de la Conferencia Episcopal Argentina, entre 2003 y 2013
ingresaron en el Tribunal eclesiástico nacional 1926 pedidos de nulidad,
de los cuales recibió respuesta favorable el 88% (1689). Es decir que,
analizados los fundamentos y las pruebas presentadas en dos instancias,
dos tribunales diferentes coincidieron en que el sacramento en cuestión
"nunca existió" o "fue inválido". Del resto, los casos en los que no
tuvieron doble sentencia conforme, no se sabe cómo terminaron. La
apelación a la Rota Romana, tercera instancia, es opcional y la causa no
vuelve al país.
Esta cantidad de pedidos de nulidad "en
proporción a la de matrimonios que celebraron el casamiento en la
Iglesia y que luego se separaron es muy baja", afirma a LA NACION el
padre Mauricio Landra, actual decano de la Facultad de Derecho Canónico
de la UCA. Aunque aclara que "no todo matrimonio celebrado y que luego
no se puede vivir es inválido", Landra invita a que "si hay una
separación sin miras de reconciliación preguntarse si ese sacramento fue
válido o no".
Ante esa duda los esposos, o uno de ellos, pueden
iniciar el proceso judicial en el tribunal eclesiástico que le
corresponda según donde viva. En el país hay ocho cuyos jueces son en la
mayoría sacerdotes que tienen además muchas otras responsabilidades.
Según
Landra, el promedio de duración del proceso en la Argentina no supera
los dos años. "Pero me animo a decir que hubo causas demasiado lentas
por razones que no son siempre del tribunal sino de las personas
involucradas", dijo. Y agregó que muchas veces los retrasos vienen sí
por la falta de tiempo que tienen los jueces para ocuparse de las
causas. El juez debe ser un licenciado o doctor en derecho canónico y
los abogados, que representan a los esposos, deben conocer el derecho
canónico. En otros países, en los que las causas de nulidad duplican o
triplican las argentinas, existen tribunales en cada diócesis y también
hay más abogados capacitados.
Entre quienes pasaron por procesos
de este tipo hay quienes dicen que es muy burocrático y muy caro. Uno de
los factores que aumenta los costos son los viajes a la ciudad donde
funciona el tribunal. Landra, en cambio, considera que el proceso en sí
mismo "no es caro" y que "en nuestro país el tribunal fija las costas
conforme a los ingresos de la persona que pide el procedimiento; no hay
un arancel fijo y existe también la posibilidad de reducción o eximición
del pago". Según el sacerdote, "hoy un proceso debe costar entre 5000 y
7000 pesos".
Otros motivos de demoras pueden ser las entrevistas
con los testigos, la realización de las pericias o que el tribunal de
primera instancia no envíe la documentación al Nacional (de segunda
instancia) en tiempo y forma. En el ámbito eclesiástico hay expectativas
de que el sínodo sobre la familia que se hará en octubre próximo
analice las propuestas que se hicieron para abreviar los plazos del
procedimiento judicial de las nulidades. Una de ellas es la eliminación
de la segunda instancia.
Entre las sugerencias dadas en el curso
en la UCA se repitió la necesidad de buscar justicia sin olvidar la
caridad y misericordia en el trato con quienes preguntan a la Iglesia si
su matrimonio fue valido o no. "Hay mucha confusión porque a veces
vienen de divorcios traumáticos por la tenencia de los hijos o la
posesión de bienes. Acá no hay nada de eso. La legitimidad de los hijos
no se pone en discusión. Buscamos que todo se haga en un clima de
cordialidad", dijo Landra. Y agregó que así como la celebración del
matrimonio no es un "trámite", el proceso para verificar su validez
tampoco lo es. Por eso insisten en buscar una buen preparación al
matrimonio que apunte, como era antaño, a tener "certeza de que la
felicidad no pasa por no tener dificultades sino por vivirlas juntos".