16 de enero de 2012 - 00:00
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"Maté a 255 personas y no me arrepiento"
Chris Kyle, ex francotirador de las fuerzas de elite de EE.UU. desplegadas en Irak, contó los pormenores de su trabajo durante la guerra.
La narrativa es clara, cruda, como la definió un crítico literario estadounidense, y deja ver la compleja y tensa psicología de guerra. Kyle cuenta cómo a lo largo de su carrera dejó de dudar al enfrentarse a su víctimas y mejoró su trabajo bajo el fuego cruzado.
Su compañía, Charly, fue una de las primeras en desembarcar en la península de al-Faw, al inicio de la llamada Operación Libertad, iniciada el 20 de marzo de 2003, por el entonces presidente de EE.UU., George W. Bush.
A fines de ese mes, en un pequeño poblado de la región de Nasiriya, los oficiales de Seals aguardaban la llegada de los infantes de marina. Kyle y otros soldados vigilaban el operativo desde lo alto de un edificio.
Todos los vecinos se encerraron en sus casas, a mirar por las ventanas. Todos menos una mujer y unos pocos niños que merodeaban por la calle. Cuando los infantes se acercaron, la mujer les lanzó un objeto amarillento que tenía guardado en su bolsa. ¡Es una granada! ¡Una granada china!, gritó el jefe de Kyle. ¡Dispará! Al verlo titubear, el jefe repitió: ¡dispará!
Kyle apretó el gatillo dos veces, la primera y única vez que mató a una persona en Irak que no fuese un hombre ni un combatiente. Era mi deber. No me arrepiento, escribe. Mis balas salvaron a varios estadounidenses cuyas vidas valían claramente mucho más que la de aquella mujer de alma retorcida. Puedo enfrentarme a Dios con la conciencia tranquila en relación a mi trabajo.
Odio
Este estadounidense de Texas, que aprendió a usar un arma de pequeño, se convirtió en un virtuoso cumpliendo una de las funciones más controvertidas en los conflictos armados.
En la Segunda Guerra Mundial, los francotiradores de élite eran considerados asesinos en serie. En las guerras contemporáneas, donde se valora la precisión, estos especialistas ganaron un estátus especial.
Kyle se enorgullece de haber matado a un hombre a una distancia de 2.100 metros, en Ciudad Sadr, un distrito en los suburbios de Bagdad, en 2008.
Los asesinatos a tiros cometidos por sociópatas o psicópatas -como el caso del noruego que mató a 69 jóvenes en la isla de Utoeya- refuerzan la imagen fría de estos profesionales.
Kyle, por su parte, explica el odio por el enemigo que se fue acrecentando durante sus viajes a Irak. Odio profundamente el mal que había dentro de esa mujer, dice Kyle en referencia a su primera víctima de sexo femenino. La odio hasta el día de hoy.
Los cuatro viajes de Kyle le dieron prestigio y fama. Los insurgentes iraquíes lo bautizaron al-Shaitan (el diablo) y ofrecen una recompensa por su cabeza. Pero el militar no le da importancia a la fama que obtuvo como el francotirador más eficiente en las historia de las fuerzas de élite.
El número no es importante para mí. Me hubiese gustado haber matado más gente. No para presumir, sino porque creo que el mundo es un lugar mejor sin salvajes que atenten contra la vida de estadounidenses.
Retirado de sus funciones desde 2009, Kyle vive ahora en Texas, donde dirige una empresa que entrena a francotiradores de élite de las Fuerzas Armadas Estadounidenses.
lanacion.com.ar
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