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Notas de amor propio

¿Qué hacer cuando recibís un diagnóstico de cáncer de mama? Ella contó como lo hizo.

31 de octubre de 2024 - 10:43

Yoly es profe de Música. Entre pentagramas y melodías, pasa gran parte de su vida. Yoly recibió el diagnóstico de cáncer de mama. Su modo de enfrentar esta situación fue muy particular. Como si fuera un diario, registró su proceso en un blog personal. En ese espacio, pudo encontrar un lugar para empezar su tratamiento y comenzar a sanar.

“Han pasado muchos meses... en mi piel parecen años. Una cirugía, un tratamiento, un rayo diario... Fueron seis meses diferentes en donde me tengo que palmear la espalda y decir que le puse muchísima fuerza y buena onda.

Tener las tetas, chicas, es un despropósito, no solo para lucir hermosos escotes sino para un par de carcinomas. Teta llena de líquido que había que drenar cada dos o tres días y a eso sumado el ‘juguemos a las escondidas’ del segundo carcinoma in situ que no se encontraba...’. ‘Podemos extraer la mama’, me decía mi doctora y ya de nuevo los miedos. Demostré poca angustia. No quería joder a mi entorno que encima ya me bancaba y me soportaba.

Nunca olvidaré la cara radiante de mi doctora: ‘Acá tengo los resultados de tu punción. Se sacó todo y no tenés rastros ya de nada. Tendrás que hacer rayos y ver a un oncólogo que te dará medicación. Por mi parte, te veo en tres meses’.

Iba entre nubes. Me acerqué a la secretaria de rayos y le entregué un papel. La verdad, no sé qué era. Me dieron turnos y me explicaron cosas... Sólo quería llegar a casa y avisarles a los que me cuidaban que ya no tenía nada. La parte de los rayos fue tranquila, rodeada de gente linda que me hablaba y me contaban cada uno su cáncer. Una señora que siempre saludaba y que no la vimos más pero nadie preguntó. Esas cosas no se preguntan.

‘Acá te doy la fecha de tu alta: 27 de mayo’. Me quedé dura. Es el cumpleaños de la vieja, de la Olguita. Y ahí recordé. Los olores a jazmines de repente que se me aparecían en cualquier lado y esa alegría del hogar solita y bien roja que vi una vez mientras miraba por la ventanilla del colectivo por Avenida Cabildo una noche de lluvia yendo a rayos… Qué hace esta planta en el guarda raid, la única, acá sola y tan roja.... Pero claro, era ella.

La miré a la secretaria y me caían las lágrimas. Ella me abraza y me felicita. ‘Sos una guerrera y una valiente. No es fácil venir aquí todos los dias’. Entre bromas y bromas, una teta negra la otra blanca, la señora radiactiva, no perdí el pelo ni las mañas, cumplí con mis rayos.

Extrañaba tanto mi rutina, algunas gentes, tomar algo en mi bar favorito, la soledad... Los amigos que se quedaron fueron hermosos, y los que desaparecieron, quedan ahí, desde fuera.

Volví y todo seguía igual, el depto, Virola, pero yo no. Yo sé que soy otra persona. Soy distinta, valoro otras cosas, miro, disfruto, siento, lloro (por todo), y me permito estar triste de vez en cuando. Hace unos días volví de mi control en Buenos Aires, después de tres meses de estar en Catamarca con mi medicación oncológica. Hice los estudios acompañada de mis hermosos pilares porteños... Pato y Teté (Blanca y Pa desde sus casas preguntando y pendientes). Entonces, de nuevo los miedos, revolver las heridas, mirar, esperar; la mamografía, la resonancia, el dolor, la incertidumbre y por supuesto el hacerme la boluda. El miedo está y forma parte de todo.

‘El tamoxifeno te trajo linfedema, por ahora eso, veremos...’. Así que con las piernitas inflamadas, pesadas y doloridas esperaba los resultados. Comí, disfruté, reí, pasó mi cumpleaños, seguí riendo pero es como una piedrita en el zapato. El miedo está ahí.

Día de resultados; fui sola. Tenía el corazón en un puñito, ahí en la mano, toda vulnerable, en el 168 esperando que no llegue más o que se apure. Que sea lo que tenga que ser pero que ya sea o no.

Por fuera todo es tan ‘normal’ pero por dentro te morís, así de a poco, temblando. Eso sí, sin pensar, sin la catástrofe pero con la posibilidad de volver a repetir lo hecho hace seis meses.

‘Está todo muy bien, solo una pequeña cosita en el pulmón por los rayos, nada de qué preocuparse. Te veo en seis meses’. El alma que se había ido a dar una vuelta al sector del miedo volvió al cuerpo y me abrazó. Me acordé de mi mamá, que siempre está, de mis amigos, de mi familia y de Dios.

Soy una paciente oncológica con algunas reacciones al tamoxifeno. Me cuesta un poco caminar y ya sé que mis piernas jamás tendrán el aspecto que quisiera pero estoy viva y feliz. Eso cuenta. ¡A mí me cuenta! Es importante”.

Yoly comparte su experiencia de vida a través de su blog personal https://acordesdevalor.blogspot.com/

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