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Fui valiente

Un diagnóstico y una gran expectativa. Una historia cargada de muchos sentimientos.

23 de octubre de 2024 - 19:11

Fue en 2018, por entonces tenía 35 años. En un control de rutina de una eco mamaria escuché la pregunta que cambió todo que dio inicio a mi toma de consciencia y aprendizaje. ¿Tenés antecedentes de cáncer de mama en tu familia? La pregunta me la hizo la técnica que me realizaba la eco. Mientras ella miraba concentrada la pantalla inentendible para mí, yo sentí que se me abría el piso. “No, No...”, le dije... “o si...una tía una vez, pero se curó...creo”. Me daba vuelta todo. Ella, como el resto de los profesionales que encontré en el camino, me trató amorosamente y me explicó que seguro se vendrían varios controles y una probable operación para sacar un nódulo que aparecía con bordes indefinidos.

Palabras nuevas, términos nuevos, salas de espera blancas intentando ser amables y una mastóloga, Agustina del Hospital Británico. Con sus manos tibias me abrazó y me dijo que no tenga miedo, que íbamos a controlar, que ella me iba a dar toda la información y en caso de ser necesario íbamos a operar. Entre los controles que duraron un año, aparecieron además las calcificaciones, un nuevo condimento. Estaban ubicadas en el pezón. Había que hacer biopsia y si resultaban malignas, estaba la posibilidad de tener que quitarlo, quitar el pezón. No iba a tener la posibilidad de amamantar. Fue duro. Lloré ahí mismo, en el consultorio. Sabía y sé que no deseo ser mamá pero sentía esa posibilidad como una mutilación en mi cuerpo y como una injusticia absoluta. No fue necesario, los resultados fueron buenos. Finalmente llegó la operación y Agustina, con su amoroso equipo, quitó el nódulo que había crecido a esa altura al doble de su tamaño. En todo momento su calidez me hacía saber que ella cuidaba y priorizaba mi calidad de vida, en ese y en futuros momentos.

Luego de esa operación continúan, hasta el día de hoy, los controles y la buena noticia de que ya no hay nódulos sospechosos. Gracias a ese control, gracias a los profesionales y a la información que recibí, el proceso fue amable dentro de todo el temor que aparece por el desconocimiento. El control es la base, el tratamiento es preventivo y el resultado puede ser sin dudas un final feliz. Luego de atravesarlo podemos mirar atrás y felicitarnos por cuidarnos, por priorizarnos y por fomentar la toma de conciencia. Me di cuenta de lo valiente que fui en ese momento.

Testimonio aportado por una lectora de El Ancasti que reside en Buenos Aires

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