sábado 28 de marzo de 2026
Salud y ciencia

El tango y el Parkinson: la experiencia argentina que destacó The New York Times

Un artículo publicado por The New York Times destacó experiencias en Argentina donde el baile ayuda a mejorar movilidad y calidad de vida.

Un artículo publicado por The New York Times analizó el uso del tango como herramienta terapéutica para personas con Parkinson, a partir de experiencias desarrolladas en Argentina.

El diario estadounidense describe la experiencia del Hospital Ramos Mejía de Buenos Aires, donde se desarrollan talleres de tango destinados a personas con Parkinson. Allí, la práctica del baile se utiliza como herramienta para trabajar dificultades motoras asociadas a la enfermedad, como el equilibrio, la rigidez y la coordinación.

El programa comenzó hace unos 15 años, inspirado por una paciente que había bailado tango desde la infancia y descubrió que ofrecía estrategias que mejoraban sus problemas de movilidad y de la marcha, dijo Nélida Garretto, neuróloga que ayudó a dirigir las sesiones.

Los movimientos propios del tango —como los pasos pausados, los cambios de dirección y la necesidad de sincronización con otra persona— contribuyen a estimular funciones motoras y cognitivas, señaló a este medio Tomoko Arakaki, otra neuróloga que dirige el programa. En ese sentido, los especialistas indicaron que la práctica permite entrenar habilidades que luego pueden trasladarse a la vida cotidiana.

“El tango combina estímulos físicos, emocionales y sociales”, describe el artículo, al explicar que la actividad no solo impacta en la movilidad, sino también en el estado de ánimo de los pacientes.

La danzaterapia se utiliza para otras afecciones médicas, como la esclerosis múltiple y el alzhéimer. Débora Rabinovich, psicóloga e investigadora que ayudó a crear el programa argentino, dijo a The New York Times que sus investigaciones ha descubierto que el tango utiliza el mismo tipo de movimientos que las personas con enfermedad de Parkinson tienden a perder.

Dijo que muchos pasos de tango implican caminar hacia atrás, lo que puede resultar difícil para los pacientes de párkinson, quienes a menudo se caen hacia atrás cuando pierden el equilibrio. Los pasos de tango, agregó, obligan al cerebro a concentrarse, en parte en los movimientos hacia atrás, pero también en cualquier tipo de movimiento minucioso.

Algunos pasos de tango parecen especialmente útiles. El sanguchito, un movimiento clásico en el que el pie de un bailarín se desliza entre los pies del compañero y hace una pausa, ofrece a los pacientes de párkinson señales claras para guiar sus cuerpos, dijo Rabinovich.

“Otra cosa que hacemos mucho en el tango es cambiar el peso de un pie al otro en un mismo sitio”, dijo Firmani, quien anima a los pacientes a utilizar ese movimiento en actividades como subirse a una vereda o cruzar una puerta. Dijo que el “paso lateral” del tango podría ayudar a abrir la heladera, y que una “torsión” podría aplicarse a girar el torso mientras, por ejemplo, se lavan los platos.

El tango “nos pone un cuerpo en determinada posición y nos movemos en determinadas direcciones”, dijo. El párkinson puede alterar los patrones ordenados de los movimientos cotidianos. “Lo que tiene el tango es que es un gran ordenador, ordena”, añadió.

El reporte también recoge testimonios de participantes que afirman haber experimentado mejoras en su estabilidad al caminar y en su confianza para desenvolverse en actividades diarias.

De acuerdo con el artículo, estas iniciativas se desarrollan desde hace varios años y forman parte de un enfoque complementario en el tratamiento del Parkinson, sin reemplazar las terapias médicas tradicionales.

Asimismo, el medio destaca que el componente social del baile —el contacto con otros y la dinámica grupal— contribuye a reducir el aislamiento, uno de los efectos frecuentes de la enfermedad.

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