La cultura, la devoción y la identidad volvieron a encontrarse este Viernes Santo en Casa de la Puna, donde turistas y residentes protagonizaron una jornada cargada de emoción, tradiciones y expresiones profundamente norteñas. Desde las primeras horas de la tarde, la plaza Quique Sánchez Vera comenzó a poblarse de vida. Pasadas las 18, los feriantes desplegaron sus creaciones, aportando color y sentido a una escena que ya es sello de cada fin de semana largo en la Capital. En ese marco, la calurosa jornada invitó a tomarse el tiempo necesario: el taller abierto de danzas para aprender el “bailecito”, a cargo de la bailarina y docente María Rodríguez, demoró su inicio para dar lugar a que más personas se sumaran a la propuesta.
Casa de la Puna vivió una jornada de fe con danzas y música en Viernes Santo
Residentes junto a viajeros de Suiza, Córdoba y Santiago del Estero disfrutaron las propuestas en la Capital. Hubo talleres de baile y ferias de artesanos.
Bajo el nombre “Santo Remedio, todo se cura bailando”, la actividad logró conjugar tradición y disfrute en una experiencia colectiva donde los versos de poetas argentinos —inspirados en la flora autóctona— parecían cobrar vida entre giros, pañuelos y arrestos compartidos. Así, bailarines, curiosos y familias enteras se adueñaron de la calle, entregándose al ritmo y a la alegría.
Franco Ocaranza, encargado de animar la jornada, fue descubriendo las historias detrás de cada visitante. Entre ellas, la de Teresa, una turista suiza que eligió Catamarca como destino. “Is perfect… is beautiful!”, expresó con entusiasmo, destacando la belleza del lugar. “La cultura es muy interesante y la gente muy amable”, agregó, en un castellano forzado pero cargado de emoción.
Como ella, cada vez más visitantes internacionales se suman a descubrir la provincia. Si bien el turismo nacional continúa siendo predominante —con fuerte presencia de Buenos Aires, Córdoba y Tucumán—, Catamarca comienza a posicionarse con firmeza en el mapa internacional, consolidando su atractivo cultural y natural.
También hubo lugar para quienes llegan por primera vez desde distintos puntos del país. Mai, oriunda de Carlos Paz, Córdoba, compartió su experiencia: “Conocí Pueblo Perdido, el dique El Jumeal y ahora esta propuesta muy colorida… la verdad, me encanta”, dijo minutos antes de animarse a dar sus primeros pasos en el folklore local. Benjamín, por su parte, de La Banda, Santiago del Estero confesó que eligió la Capital catamarqueña por su vista y por la cultura que se vive en lugares como Casa de la Puna.
Fe y emoción bajo la luna catamarqueña
Con el atardecer cediendo paso a una imponente luna, la música tomó el protagonismo. Federico Miranda, junto a Franco Zárate en bandoneón, Gonzalo Quintero en percusión y el maestro Marcelo Maldonado en guitarra, ofrecieron un repertorio profundamente arraigado en la identidad norteña. Zambas, chacareras y escondidos marcaron el pulso de un baile colectivo que volvió a reunir generaciones.
El momento más conmovedor llegó con la intervención artística “María Dolorosa”, interpretada por la Compañía Meraki bajo la dirección de Magalí Tolaba Beltrán. La puesta, que combinó danza, música y expresión corporal, recreó con sensibilidad el dolor de la Virgen durante la pasión y muerte de Cristo, provocando un silencio cargado de emoción, seguido de aplausos sentidos.
La noche continuó con los tradicionales sorteos organizados por Turismo Capital y tuvo su cierre festivo con el dúo Catuchos —integrado por Fredy Barrionuevo y Pablo Vaquel— junto al maestro Rocky Costa en teclados. Con un repertorio de zambas carperas y chacareras, reafirmaron el espíritu de una propuesta que ya es marca registrada.
Una vez más, Casa de la Puna se consolida como un espacio donde la cultura no solo se muestra: se vive, se comparte y se siente. Un lugar donde la identidad catamarqueña se expresa con fuerza, invitando a todos —propios y visitantes— a ser parte de una experiencia auténtica.