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Hilando fino

22 de julio de 2007 - 00:00
Hubo que correrlos. La primera velada comenzó retrasada de acuerdo con el horario de inicio que se había anunciado, las 21. El retraso a su vez del acto de inauguración del predio y de la fiesta conspiró contra la puntualidad que se quería imponer. Eran más de las 20 y el Gobernador y sus funcionarios estaban todavía en el predio. Era tal “la chochera” que tenían por la obra, que parecía que no se querían ir más.



Turcos en la neblina. No fue nada sencilla la “parición” del festival en el nuevo espacio. Hasta el público parecía desorientado, a punto tal que le costó entrar en ambiente festivalero, a pesar de los esfuerzos de los números. Aunque a medida que fue avanzando la cartelera se fue aclimatando y se puso cada vez más eufórico hasta llegar al clímax con Jorge Rojas.



Ver y escuchar. También a los organizadores les costará algún tiempito encontrarle la vuelta al nuevo espacio. El viernes faltaron algunos ajustes de sonido, y se sintieron quejas de los que estaban sentados más al fondo porque no se vio bien al escenario destinado a los ballets. “Hay que levantarlo más”, decían mientras se exponían a “tortícolis” de tanto estirar el cuello.



Entradas. El tema de la venta de las entradas nunca quedó claro. A tal punto que hubo gente que pensaba que en el predio no se venden. No es así, el público puede adquirir su boleto tanto en Tarjeta Naranja, durante los días hábiles, como en la boletería del festival.



Los changos chicos. Los que antes hacían “pinino” ahora ya caminan solos. Esta linda sensación dieron las jóvenes generaciones de intérpretes locales que poblaron casi en mayoría la cartelera del viernes y se “bancaron” dignamente la histórica noche. Ya quedaron en el bronce.

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