sábado 11 de abril de 2026

El humor llora

Roberto Fontanarrosa, el genial creador rosarino que llegó a posicionarse como uno de los escritores y humoristas más populares de la Argentina, murió ayer a los 62 años, en su ciudad natal, rodeado del afecto de sus seres queridos y del que le prodigaron en los últimos años sus agradecidos lectores.

El "padre" de "Inodoro Pereyra" y "Boogie, el aceitoso" falleció como consecuencia de un paro cardíaco que marcó el epílogo del calvario que, siempre con buen ánimo, sobrellevó el escritor en los últimos años, a raíz de una extraña enfermedad neurológica y degenerativa.

Los familiares y allegados más cercanos de Fontanarrosa revelaron que hasta casi último momento, el "Negro" mantuvo su lucidez y, de hecho, en las últimas 48 horas previas a la muerte compartió un asado con amigos, dictó parte de un cuento y corrigió material para una viñeta que debía ser publicada en el diario en que trabajaba.

Apenas se conoció la noticia, todo rosarino -sin distinción entre fanáticos acérrimos de Central, como él, y sus eternos rivales de Newell”s- sintió el impacto de la pérdida, y las legiones de amigos y de admiradores comenzaron a desfilar por el Sanatorio Centro, donde pasó sus últimos minutos.

Las expresiones de congoja se repitieron, con el correr de la tarde, en otros puntos de la ciudad: frente a su casa, en el bar "El Cairo", donde pasó gran cantidad de horas junto a sus amigos de "La mesa de los galanes", o en su nuevo punto de "parada", el café "La Sede".

Poco después de que se confirmara la muerte del querido escritor, el gobierno santafesino decretó el luto provincial y luego la intendencia rosarina ofreció su sede para realizar allí el velatorio.

Sin embargo, la familia de Fontanarrosa decidió velar al "Negro" en una cochería de la calle Salta al 3.000, hacia donde se trasladaron todas las demostraciones de dolor cuando comenzó a caer la noche sobre Rosario.

A lo largo de más de 30 años, el "Negro" Fontanarrosa se destacó no sólo en el terreno del humor gráfico, donde inmortalizó a personajes como el perro Mendieta o la "china" Eulogia, sino también en sus quince libros de cuentos y novelas, que venía publicando desde 1981.

Su rol como creador que unía alta cultura y literatura popular también llegó a influir sobre otros ámbitos, como el teatro, con innumerables adaptaciones de sus cuentos, y el periodismo, en el que desembarcó de la mano del fútbol, una de sus grandes pasiones.

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