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"Las canciones se van y luego regresan llenas de gente"

En un show en el que presentó parte del repertorio de sus dos últimos discos, cautivó al público durante más de dos horas. Hubo pasajes vibrantes en los que recordó a Maradona y al Negro Fontanarrosa.
5 de febrero de 2007 - 00:00
Un jovencísimo Joan Manuel Serrat, sin canas, casi sin arrugas, en un taburete, con una guitarra y con un público absorto siguiendo sus palabras decía: "Imaginen que hasta la más pequeña de mis articulaciones es capaz de avergonzar a la más poderosa e impresionante máquina creada por el hombre".

El mismo Serrat, con el pelo plateado de canas, con más arrugas, en el mismo taburete y quizá con la misma guitarra, dijo a las más de 7.000 personas que colmaban el Superdomo Orfeo: "Bienvenidos a su casa, gracias por invitarnos y darle sentido a esto que hacemos, que es nuestra música".

Esa misma música hizo vibrar, en espasmos sutiles e intensos, a un público ávido de ver, de sentir y de apreciar a "Nano", que ofreció un show compuesto por el disco "Serrat 100x100" y "Serrat Mô".

El espectáculo se planeó a las 21.30 del sábado 3 de febrero, en el coqueto recinto de la ciudad de Córdoba. Sobre él, un detalle: arquitectónicamente es excelente, pero en la práctica, los responsables no le dan o no quisieron darle el uso debido. A la salida del recital, las 7.000 personas debían abandonar las instalaciones por un puente peatonal que desemboca (justamente) en el shopping Dinosaurio Mall. El resultado fue que recién media hora después de concluir el concierto, la gente pudo salir con comodidad.

Casi sin demoras, "Nano" apareció en el discreto escenario acompañado sólo por su guitarra y el pianista Ricard Miralles. La verdad es que no hizo falta nada más para que el catalán desplegara toda su mística y transformara las dos horas y cuarto que duró el show en un encuentro íntimo y vibrante con sus seguidores.

Así desandó su repertorio con las canciones de siempre, como "Hoy puede ser un gran día", que abrió el espectáculo, "Mediterráneo", "De vez en cuando la vida", para jalonarlas con otras en catalán de su trabajo "Serrat Mô", dedicado a su pueblo.

"Tengo una casita allá en Mô, allá la gente pasa frente a mi ventana a paso de hombre, y por las ventanas salen las canciones. Y se van por allí, hacia el mar. Y luego regresan, llenas de gente", describió el trovador en el más sincero de los castellanos para luego relajarse cantando en catalán algunas piezas asombrosas como "Fugir de tu" o Huir de ti ("podrás hacer cualquier cosa, cambiarte el nombre, cambiarte el rostro, pero nunca podrás huir de ti") o "Si hubiera nacido mujer", canción que fue precedida por la historia de cómo esperaba su madre una nena cuando él nació ("tenía todas las cosas rosas, hasta el orinal y la palangana").

Otro bloque de canciones sirvió de marco para finas ironías acerca de las creaciones de los artistas, de cómo ellos a veces inventan personajes que luego toman vida propia.

"Fíjense, el cardenal Ratzinger se cree el Papa. Maradona se cree Maradona y que tiene partes divinas en su cuerpo. Y está el caso de Inodoro Pereyra... Inodoro Pereyra se cree el Negro Fontanarrosa", dijo Serrat y en medio de la ovación del público por el dibujante -que atraviesa un difícil momento por una terrible enfermedad- tiró un beso al aire en sincero homenaje a él. Así llegaron "Disculpe el señor", "Pueblo Blanco" y otras, seguidas por relatos breves de sus giras, de sus viajes y de su amigo pianista: "Él es mi maestro, mi mentor. Le debo tanto a este hombre... le debo noviembre, diciembre, enero. Así que si lo aplauden podrá seguir conmigo hasta marzo".

Cercano, amigo, sincero, abierto, nunca grosero, el trovador habló de cosas triviales pero con habilidad de cirujano, cada frase sirvió para dejar al público pensando.

"En esto de viajar, me he dado el origen de los desencuentros. Fíjense que la salsa que nosotros conocemos como salsa golf, hecha con mayonesa y tomate, pues en España es salsa americana, en México le llaman salsa rosa, y en Cuba le llaman salsa rusa, y en Rusia le llaman de otra manera, que yo pregunté qué quiere decir, y me dijeron chimichurri . Imagínense si en estas historias de las salsas estamos ya a estos niveles, cómo nos vamos a poner de acuerdo los humanos. Imaginen ponernos de acuerdo que manejemos todos por la derecha. O en cuestiones importantes, como los enchufes. Yo que tengo que viajar por el mundo, llevo siempre con una maleta llena de implementos, que parezco ya un electricista".

Entre la risa del público, respetuoso hasta el silencio más absoluto para escuchar hasta la respiración del artista, las canciones y las historias hicieron volar las dos horas y cuarto en un abrir y cerrar de ojos.

A la hora de los bises, Serrat dejó llegar -pese a los empleados de la seguridad- hasta sus pies a un enorme grupo de mujeres de la platea que quería darle una rosa, un ramo de flores, una prenda o algo para que "Nano" se la llevara consigo de gira, como las canciones que salen de la ventana de su casa en Mô.

Y hasta en eso el catalán mostró su talla: una rosa con una fuerza exagerada fue arrojada casi en la cara de Serrat, que lejos de la ofensa, la recogió del piso, la besó y la devolvió al público haciendo una faja de cintura como si fuera Ginóbili.



Epígrafe

Entrañable. El catalán ofreció lo mejor de su repertorio a un público que le renovó su cariño incondicional.



Fotos: Fernando Boschetti para EL ANCASTI

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