Según consta en el
expediente, en una fecha que no se puede determinar con exactitud pero que
estaría comprendido entre las 22 del domingo 18 de marzo de 2012 y las 12.20,
aproximadamente, del martes 20 de marzo del mismo año, en circunstancias que
Petrona Rosa Barrionuevo, de 67 años de edad se encontraba en el interior de su
domicilio, junto a su hermana Trinidad Genoveva Barrionuevo, ambas fueron
sorprendidas en el interior del domicilio por José Orlando "Maturano” Barros,
quien habría ingresado a la vivienda con fines de robo. Con indudable intención
homicida, atacó a Petrona Rosa Barrionuevo, con un elemento contundente. Luego,
el acusado atacó a Trinidad Barrionuevo y, con indudable intención homicida la
golpeó hasta matarla. Finalmente, el acusado habría buscado, en distintas
habitaciones de la casa, elementos de valor. No obstante, no se logró acreditar
si puedo apropiarse de algo. Por ello, el Ministerio Público Fiscal acusó a
José Orlando Barros de la supuesta comisión del delito de Homicidio calificado
(dos hechos) en concurso real. El fiscal de la Cámara, Gustavo Bergesio, pidió
la pena máxima.
Un detalle no menor a
tener en cuenta es que los mismos vecinos e incluso familiares de las víctimas
no estaban de acuerdo en la acusación que pesaba sobre "Matu”. Por ello, en más
de una ocasión, marcharon por La Merced, generando un gran disturbio en lo que
suele ser un pueblo tranquilo, exclamando a viva voz la inocencia de Barros.
Además, hubo un pedido de inocencia de una de las querellas porque hasta la
propia defensa pidió absolución basada en el beneficio de la duda mientras que
la querella pidió expresa, lisa y llanamente la absolución de Barros.
También vale rescatar
que, de acuerdo con el testimonio de otros testigos, se mencionó en más de una
ocasión a un ingeniero José Luis Bernal y su esposa. Se recordó en el debate
que Bernal era un inquilino que contaba con estrecha relación, con trato
frecuente y hasta oficiaba de chofer del rodado de una de las víctimas. El 18
de marzo, por la noche, habría tenido un diálogo de alto tono con Petrona.
Luego, desapareció y dio explicaciones poco claras sobre su imprevisto viaje,
el 19 de marzo, hacia San Juan, su provincia de cuna. Coincidentemente,
emprendió un viaje después de que se cometiera el crimen de las hermanas
Barrionuevo. También se supo que el ingeniero adeudaba cinco meses de alquiler.
El juicio
"En más de un mes de
debate, solo existe un indicio de presencia que ubica una de las zapatillas del
imputado en el lugar de los hechos. Probabilidad que fue desvirtuada durante el
debate, sin que se haya alcanzado el estado de certeza de culpabilidad”, se asentó
en el veredicto.
Dadas las
particularidades del caso, por primera vez, un tribunal se presentó en la
escena del crimen para realizar una inspección ocular aunque sin efectuar la
reconstrucción de los hechos. Durante las largas jornadas de debate, los
testigos recordaron a las víctimas y a su modo de vida como así también
comentaron sobre cómo lleva sus días "Maturano” en su comunidad. Ana Cristina
Farías, comisario inspector de La Merced, recordó, al momento de dar testimonio
frente a los magistrados, que cuando llegó a la escena del crimen estaba
ordenado, las camas estaban tendidas y el álbum de fotos abierto, sobre la mesa
como si hubiera estado mostrándole a alguien. "Esta apreciación –todo ordenado
y camas tendidas- nos muestra dos cosas: primero, que las víctimas no estaban
ni dormidas ni recostadas, por lo que inferimos que el ataque o su inicio no
ocurrió a las dos y media de la mañana o tres y media. Segundo, que estaba todo
ordenado, lo que es muy extraño, si tenemos en cuenta la inhabilidad motriz
manifiesta del acusado Barros, una persona de 52 años, 125 kilos, diabético y
con disbasia -cojera del lado izquierdo-. ¿Puede matar de semejante forma sin
desordenar ni tocar nada? Dudoso”, cuestionaron los jueces.
Por su parte, Hugo
Norberto Tapia comentó que trabajaba como jardinero de las hermanas Barrionuevo
desde hacía más de una década. Al respecto, este testigo detalló que el terreno
donde vivían las hermanas Barrionuevo está totalmente cercado por alambre –del
tipo cerca olímpica-, hasta una altura aproximada de dos metros, y que el
portón grande para ingresar al terreno siempre tenía llave. Con estos datos,
los jueces advirtieron que por ese alambrado es muy difícil entrar. Además de
saber trepar y bajar de esa altura, lo que ya no resulta posible para
cualquiera, es casi imposible sortear tres hilos de alambre de púas sin
lastimarse. Barros, con sus 52 años, 125 kilos, diabetes avanzada y cojera, no
pudo saltar el alambrado y, en el hipotético caso que lo hiciera, debería tener
alguna marca, rasguño, lesión, excoriación o algo que le haya quedado al
atravesar el alambre de púas, remarcaron.
"Otro dato interesante
que nos aporta Tapia es que el portón siempre estaba con llave, que para
ingresar debía levantar los dos pasadores y luego empujar. Este mecanismo de
apertura es, de algún modo sencillo en la medida de que se conozca cómo
hacerlo. José "Matu” Barros no parece ser de aquellas personas que resuelvan
rápidamente y en el apuro una situación como esta”, se consideró.
Entre otras cuestiones,
se debe tener en cuenta que el informe psiquiátrico efectuado a José Barros
asevera que el acusado tiene inteligencia menor al promedio y que no tiene
capacidad de fabular. "Si lo anterior es difícil de creer, resulta casi
imposible sostener que luego de haber matado a dos personas salga y cierre el
portón como si nada, con la delicadeza de no dejar ni un rastro en el césped
pese a sus 125 kilos y cojera y llevando, además, el arma homicida y su
bicicleta porque esa noche andaba en ‘bici’, conforme el testimonio de Aldo
Ramón Mendoza. Así las cosas, la lógica y la experiencia indican y casi que nos
ordenan descartar esta hipótesis. El asesino no entró por el portón grande o no
fue Barros”, se sostuvo.
Por otra parte, según
el testimonio de Tapia, las víctimas eran "totalmente desconfiadas”, al punto
que no le abrían la puerta a ninguna persona, salvo que fueran de su confianza.
Al mismo tiempo, se dejó en claro que "Maturano” no era visita habitual ni de
confianza para las hermanas Barrionuevo. Por lógica, se entiende que ambas
mujeres jamás le abrirían la puerta a José Orlando, mucho menos, a las dos y
media o tres de la madrugada de un lunes y más aún si este se encontraba
alcoholizado.
En este sentido, vale
remarcar que varios testigos aseguraron que "Matu” había estado en el bar
"Clarita”, ingiriendo bebidas alcohólicas, la noche del trágico deceso de
Petrona y Trinidad. La hipótesis de un doble homicidio después de las dos horas
y treinta minutos, de las tres y treinta minutos o de las cuatro de la madrugada,
que es la última vez que Barros fue visto en el bar "Clarita”, resulta
improbable, pues de ser así las hermanas estarían durmiendo y otra muy distinta
hubiera sido la escena del crimen, indicaron los juristas.
Otros testigos que
desfilaron por esta Cámara dieron fe de que "Maturano” trabajaba en una
gomería, que siempre se lo veía con poco dinero –otro detalle a tener en cuenta
para seguir analizando la personalidad de Barros-. El acusado nunca tuvo
dinero, siempre vivió igual, no sufrió nada brusco, sorpresivo e inesperado. En
la madrugada del lunes 19 de marzo, testigos observaron que "Maturano” se
encontraba en el bar, pidiéndole a la dueña del comercio, que le fiara
cigarrillos, quedándose ahí hasta que cerraron. En el día del doble homicidio
–que supuestamente cometió Barros para facilitar un robo- el imputado pidió que
le fíen cigarrillos porque no tenía dinero. Una testigo aseveró que "Matu” es
una persona educada y que aun estando alcoholizado, nunca le faltó el respeto.
Dada esta situación,
los jueces señalaron que, al menos que padezca de una enfermedad mental que no
fue diagnosticada en Barros, algo externo debe influir para que una persona que
siempre fue pobre, ignorante, con una discapacidad motriz, inteligencia menor
al promedio, obeso, lento en sus desplazamientos, de un momento a otro se
convierta en todo lo contrario por espacio de unas horas y luego vuelva a ser
como fue 52 años antes.
"Los comportamientos
de Barros, tanto anteriores como posteriores al hecho –fácilmente apreciables
por su especial singularidad- no permiten inferir que tiene relación con el
delito cometido. No hay palabras, actitudes, emociones que indiquen su
participación. Lo curioso es que con 52 años, salud delicada, 125 kilos y
cojera no se apoyó en ningún lado, pese a que los espacios eran reducidos, lo
que comprobó el Tribunal en el mismísimo lugar del hecho. Una persona
indigente, con las manos sucias de por sí y probablemente ensangrentadas, no se
apoyó en ningún lado, a pesar de su discapacidad, se movió en la escena del
crimen como si pesara la mitad o tuviera la mitad de los años o no tuviera
problemas de salud o motricidad. A esta altura, la duda se vuelve insuperable.
Resulta mucho más sencillo pensar que Barros no estuvo en el lugar del hecho
que sostener la hipótesis anterior, que estuvo superando todos los escollos
para entrar, y que además no dejó huellas dactilares engañando a los peritos de
casi todas las ramas que trabajaron en el lugar del hecho”, señalaron.
El beneficio de la
duda
Una de las pruebas más
comprometedoras para "Maturano” Barros era una huella en la escena del crimen,
supuestamente dejada por uno de sus calzados. De acuerdo con el expediente, del
informe pericial de identificación de rastros, efectuado por el comisario
inspector Orlando Quevedo, director del Instituto Policial y profesor de la
carrera de Criminalística de la casa de altos estudios de la Provincia, se
destaca que "no se puede establecer objetivamente correspondencia
identificativa entre los rastros de pisada levantados en el lugar del hecho con
las impresiones dejadas por la zapatilla marca Topper, secuestradas por la
instrucción y remitidas para su estudio”.
"Los rastros de
la escena del crimen con los de la zapatilla eran diferentes”, concluyó.
Sin embargo, Ricardo
Escalante, jefe de la División Homicidios de la Policía de Catamarca y también
docente universitario efectuó un informe policial y en el acta de rastrillaje
dejó constancia del hallazgo una huella de pisada. "…Se podría determinar que la
misma fue producida por una persona que calzaba una zapatilla marca Topper y,
posiblemente, talla número 41 o 42…”, había indicado.
Ante esta diferencia y
luego de un análisis exhaustivo, los jueces se inclinaron por los resultados de
la pericia realizada por Quevedo. No obstante, hubo otra pericia efectuada por
Gendarmería Nacional pero se aclaró que esta efectuada en el marco de una
investigación suplementaria ordenada por la Cámara Criminal por pedido del
Ministerio Público. En relación con la pericia de Gendarmería, existe por parte
de la Defensa Técnica, reserva de Casación, dado que la pericia de Gendarmería
fue hecha por son técnicos y la técnica utilizada no resulta la más apropiada.
Por último, se consideró que resulta inapropiado hacer una tercera pericia con
el fin de aclarar pero que termina dejando más dudas.
De acuerdo con el
informe llevado a cabo por el Laboratorio Regional de Genética Forense del NOA,
se concluyó, de manera terminante que la zapatilla en cuestión tiene el perfil
de ADN mayoritario recuperado en las muestras pertenecería a un individuo de
sexo masculino y coincide con el perfil de ADN de Barros, José Orlando. Este
dato resulta absolutamente lógico porque se trata su propio calzado. "Ahora
bien, de esa misma zapatilla, que es de Barros o al menos tienen su ADN, no se
pudo recuperar perfil genético de Petrona ni Trinidad. ¿Será posible que
semejante crimen y siendo el único indicio un rastro parcial de zapatilla y que
esa zapatilla no tenga ADN de las víctimas? Hay sangre esparcida por toda la
casa, incluso en paredes y en sillones, Petrona perdió parte de su pabellón
auricular y Barros que, según aseguró una genetista, no lavó sus zapatillas y
no tiene ADN de las víctimas. Llama la atención”, se cuestionó.
Por último, el Centro
Integral de Genética Aplicada a través de conclusiones generó más dudas sobre
la posible autoría de Barros, refiriendo que no fue posible obtener ningún
perfil genético de los barridos realizados en el lugar del hecho.
No había perfil
genético de Barros en el lugar del hecho ni en las víctimas ni en la ropa. No
había sangre ni perfil genético de las víctimas en nada que se haya secuestrado
a Barros. Él no se llevó ni dejó nada de ADN en la escena del doble crimen
"Luego de semejante
hecho de sangre en el que pierden la vida dos personas a golpes y las manchas
de sangre están regadas por toda la casa, incluso en paredes hasta la altura de
40 centímetros, Barros no manchó sus zapatillas con sangre. La sangre que tenía
el imputado en su calzado es de animal. La especialista que peritó tantas veces
zapatillas dijo que las de Barros no estaban lavadas. Lo que coincide con el
acta de secuestro que dice que estaban el mal estado de higiene y conservación.
O sea, no es que borró la sangre de la zapatilla, no las lavó siquiera”, se
destacó.
Fotos: Archivo El Ancasti
Textos: Basi Velázquez
Nota publicada en Revista Express, el 10 de julio de 2016