lunes 11 de mayo de 2026
CASO "MATURANO" BARROS

El misterio de La Merced

En marzo de 2012, la violenta muerte de las hermanas Petrona y Trinidad Barrionuevo conmovió a todo el pueblo. El único acusado fue absuelto por el beneficio de la duda.

Por Redacción El Ancasti

"… el asesino se asemejó a un reptil, llegó callado, casi arrastrándose, sin anunciar su ira, sin dar lugar para la defensa”, con estas palabras los jueces de la Cámara Penal de Segunda Nominación describieron el doble crimen de La Merced, en el que fueron ultimadas de manera brutal las hermanas Petrona y Trinidad Barrionuevo, supuestamente con fines de robo. El trágico hecho ocurrió en marzo de 2012, en este pueblo del departamento Paclín. El único acusado fue José Orlando Barros, conocidos por todos en La Merced como "Maturano” o "Matu”. A casi cuatro años del doble homicidio, a mediados de febrero inició el largo debate –que se prolongó casi por un mes y medio- en la Cámara Penal de Segunda Nominación. Los jueces Rodolfo Bustamante, Rodrigo Morabito y Fabricio Gershani Quesada –estos últimos subrogantes-, con disidencia, absolvieron a "Matu”, quien se vio beneficiado por la duda.

Revista Express tuvo acceso a los fundamentos de esta sentencia, que por lo pronto no se encuentra firme, dado que fue apelada en una instancia superior.

Según consta en el expediente, en una fecha que no se puede determinar con exactitud pero que estaría comprendido entre las 22 del domingo 18 de marzo de 2012 y las 12.20, aproximadamente, del martes 20 de marzo del mismo año, en circunstancias que Petrona Rosa Barrionuevo, de 67 años de edad se encontraba en el interior de su domicilio, junto a su hermana Trinidad Genoveva Barrionuevo, ambas fueron sorprendidas en el interior del domicilio por José Orlando "Maturano” Barros, quien habría ingresado a la vivienda con fines de robo. Con indudable intención homicida, atacó a Petrona Rosa Barrionuevo, con un elemento contundente. Luego, el acusado atacó a Trinidad Barrionuevo y, con indudable intención homicida la golpeó hasta matarla. Finalmente, el acusado habría buscado, en distintas habitaciones de la casa, elementos de valor. No obstante, no se logró acreditar si puedo apropiarse de algo. Por ello, el Ministerio Público Fiscal acusó a José Orlando Barros de la supuesta comisión del delito de Homicidio calificado (dos hechos) en concurso real. El fiscal de la Cámara, Gustavo Bergesio, pidió la pena máxima.

Un detalle no menor a tener en cuenta es que los mismos vecinos e incluso familiares de las víctimas no estaban de acuerdo en la acusación que pesaba sobre "Matu”. Por ello, en más de una ocasión, marcharon por La Merced, generando un gran disturbio en lo que suele ser un pueblo tranquilo, exclamando a viva voz la inocencia de Barros. Además, hubo un pedido de inocencia de una de las querellas porque hasta la propia defensa pidió absolución basada en el beneficio de la duda mientras que la querella pidió expresa, lisa y llanamente la absolución de Barros.

También vale rescatar que, de acuerdo con el testimonio de otros testigos, se mencionó en más de una ocasión a un ingeniero José Luis Bernal y su esposa. Se recordó en el debate que Bernal era un inquilino que contaba con estrecha relación, con trato frecuente y hasta oficiaba de chofer del rodado de una de las víctimas. El 18 de marzo, por la noche, habría tenido un diálogo de alto tono con Petrona. Luego, desapareció y dio explicaciones poco claras sobre su imprevisto viaje, el 19 de marzo, hacia San Juan, su provincia de cuna. Coincidentemente, emprendió un viaje después de que se cometiera el crimen de las hermanas Barrionuevo. También se supo que el ingeniero adeudaba cinco meses de alquiler.

 

El juicio

"En más de un mes de debate, solo existe un indicio de presencia que ubica una de las zapatillas del imputado en el lugar de los hechos. Probabilidad que fue desvirtuada durante el debate, sin que se haya alcanzado el estado de certeza de culpabilidad”, se asentó en el veredicto.

Dadas las particularidades del caso, por primera vez, un tribunal se presentó en la escena del crimen para realizar una inspección ocular aunque sin efectuar la reconstrucción de los hechos. Durante las largas jornadas de debate, los testigos recordaron a las víctimas y a su modo de vida como así también comentaron sobre cómo lleva sus días "Maturano” en su comunidad. Ana Cristina Farías, comisario inspector de La Merced, recordó, al momento de dar testimonio frente a los magistrados, que cuando llegó a la escena del crimen estaba ordenado, las camas estaban tendidas y el álbum de fotos abierto, sobre la mesa como si hubiera estado mostrándole a alguien. "Esta apreciación –todo ordenado y camas tendidas- nos muestra dos cosas: primero, que las víctimas no estaban ni dormidas ni recostadas, por lo que inferimos que el ataque o su inicio no ocurrió a las dos y media de la mañana o tres y media. Segundo, que estaba todo ordenado, lo que es muy extraño, si tenemos en cuenta la inhabilidad motriz manifiesta del acusado Barros, una persona de 52 años, 125 kilos, diabético y con disbasia -cojera del lado izquierdo-. ¿Puede matar de semejante forma sin desordenar ni tocar nada? Dudoso”, cuestionaron los jueces.

Por su parte, Hugo Norberto Tapia comentó que trabajaba como jardinero de las hermanas Barrionuevo desde hacía más de una década. Al respecto, este testigo detalló que el terreno donde vivían las hermanas Barrionuevo está totalmente cercado por alambre –del tipo cerca olímpica-, hasta una altura aproximada de dos metros, y que el portón grande para ingresar al terreno siempre tenía llave. Con estos datos, los jueces advirtieron que por ese alambrado es muy difícil entrar. Además de saber trepar y bajar de esa altura, lo que ya no resulta posible para cualquiera, es casi imposible sortear tres hilos de alambre de púas sin lastimarse. Barros, con sus 52 años, 125 kilos, diabetes avanzada y cojera, no pudo saltar el alambrado y, en el hipotético caso que lo hiciera, debería tener alguna marca, rasguño, lesión, excoriación o algo que le haya quedado al atravesar el alambre de púas, remarcaron.

"Otro dato interesante que nos aporta Tapia es que el portón siempre estaba con llave, que para ingresar debía levantar los dos pasadores y luego empujar. Este mecanismo de apertura es, de algún modo sencillo en la medida de que se conozca cómo hacerlo. José "Matu” Barros no parece ser de aquellas personas que resuelvan rápidamente y en el apuro una situación como esta”, se consideró.

Entre otras cuestiones, se debe tener en cuenta que el informe psiquiátrico efectuado a José Barros asevera que el acusado tiene inteligencia menor al promedio y que no tiene capacidad de fabular. "Si lo anterior es difícil de creer, resulta casi imposible sostener que luego de haber matado a dos personas salga y cierre el portón como si nada, con la delicadeza de no dejar ni un rastro en el césped pese a sus 125 kilos y cojera y llevando, además, el arma homicida y su bicicleta porque esa noche andaba en ‘bici’, conforme el testimonio de Aldo Ramón Mendoza. Así las cosas, la lógica y la experiencia indican y casi que nos ordenan descartar esta hipótesis. El asesino no entró por el portón grande o no fue Barros”, se sostuvo.

Por otra parte, según el testimonio de Tapia, las víctimas eran "totalmente desconfiadas”, al punto que no le abrían la puerta a ninguna persona, salvo que fueran de su confianza. Al mismo tiempo, se dejó en claro que "Maturano” no era visita habitual ni de confianza para las hermanas Barrionuevo. Por lógica, se entiende que ambas mujeres jamás le abrirían la puerta a José Orlando, mucho menos, a las dos y media o tres de la madrugada de un lunes y más aún si este se encontraba alcoholizado.

En este sentido, vale remarcar que varios testigos aseguraron que "Matu” había estado en el bar "Clarita”, ingiriendo bebidas alcohólicas, la noche del trágico deceso de Petrona y Trinidad. La hipótesis de un doble homicidio después de las dos horas y treinta minutos, de las tres y treinta minutos o de las cuatro de la madrugada, que es la última vez que Barros fue visto en el bar "Clarita”, resulta improbable, pues de ser así las hermanas estarían durmiendo y otra muy distinta hubiera sido la escena del crimen, indicaron los juristas.

Otros testigos que desfilaron por esta Cámara dieron fe de que "Maturano” trabajaba en una gomería, que siempre se lo veía con poco dinero –otro detalle a tener en cuenta para seguir analizando la personalidad de Barros-. El acusado nunca tuvo dinero, siempre vivió igual, no sufrió nada brusco, sorpresivo e inesperado. En la madrugada del lunes 19 de marzo, testigos observaron que "Maturano” se encontraba en el bar, pidiéndole a la dueña del comercio, que le fiara cigarrillos, quedándose ahí hasta que cerraron. En el día del doble homicidio –que supuestamente cometió Barros para facilitar un robo- el imputado pidió que le fíen cigarrillos porque no tenía dinero. Una testigo aseveró que "Matu” es una persona educada y que aun estando alcoholizado, nunca le faltó el respeto.

Dada esta situación, los jueces señalaron que, al menos que padezca de una enfermedad mental que no fue diagnosticada en Barros, algo externo debe influir para que una persona que siempre fue pobre, ignorante, con una discapacidad motriz, inteligencia menor al promedio, obeso, lento en sus desplazamientos, de un momento a otro se convierta en todo lo contrario por espacio de unas horas y luego vuelva a ser como fue 52 años antes.

"Los comportamientos de Barros, tanto anteriores como posteriores al hecho –fácilmente apreciables por su especial singularidad- no permiten inferir que tiene relación con el delito cometido. No hay palabras, actitudes, emociones que indiquen su participación. Lo curioso es que con 52 años, salud delicada, 125 kilos y cojera no se apoyó en ningún lado, pese a que los espacios eran reducidos, lo que comprobó el Tribunal en el mismísimo lugar del hecho. Una persona indigente, con las manos sucias de por sí y probablemente ensangrentadas, no se apoyó en ningún lado, a pesar de su discapacidad, se movió en la escena del crimen como si pesara la mitad o tuviera la mitad de los años o no tuviera problemas de salud o motricidad. A esta altura, la duda se vuelve insuperable. Resulta mucho más sencillo pensar que Barros no estuvo en el lugar del hecho que sostener la hipótesis anterior, que estuvo superando todos los escollos para entrar, y que además no dejó huellas dactilares engañando a los peritos de casi todas las ramas que trabajaron en el lugar del hecho”, señalaron.

El beneficio de la duda

Una de las pruebas más comprometedoras para "Maturano” Barros era una huella en la escena del crimen, supuestamente dejada por uno de sus calzados. De acuerdo con el expediente, del informe pericial de identificación de rastros, efectuado por el comisario inspector Orlando Quevedo, director del Instituto Policial y profesor de la carrera de Criminalística de la casa de altos estudios de la Provincia, se destaca que "no se puede establecer objetivamente correspondencia identificativa entre los rastros de pisada levantados en el lugar del hecho con las impresiones dejadas por la zapatilla marca Topper, secuestradas por la instrucción y remitidas para su estudio”.

 "Los rastros de la escena del crimen con los de la zapatilla eran diferentes”, concluyó.

Sin embargo, Ricardo Escalante, jefe de la División Homicidios de la Policía de Catamarca y también docente universitario efectuó un informe policial y en el acta de rastrillaje dejó constancia del hallazgo una huella de pisada. "…Se podría determinar que la misma fue producida por una persona que calzaba una zapatilla marca Topper y, posiblemente, talla número 41 o 42…”, había indicado.

Ante esta diferencia y luego de un análisis exhaustivo, los jueces se inclinaron por los resultados de la pericia realizada por Quevedo. No obstante, hubo otra pericia efectuada por Gendarmería Nacional pero se aclaró que esta efectuada en el marco de una investigación suplementaria ordenada por la Cámara Criminal por pedido del Ministerio Público. En relación con la pericia de Gendarmería, existe por parte de la Defensa Técnica, reserva de Casación, dado que la pericia de Gendarmería fue hecha por son técnicos y la técnica utilizada no resulta la más apropiada. Por último, se consideró que resulta inapropiado hacer una tercera pericia con el fin de aclarar pero que termina dejando más dudas.

De acuerdo con el informe llevado a cabo por el Laboratorio Regional de Genética Forense del NOA, se concluyó, de manera terminante que la zapatilla en cuestión tiene el perfil de ADN mayoritario recuperado en las muestras pertenecería a un individuo de sexo masculino y coincide con el perfil de ADN de Barros, José Orlando. Este dato resulta absolutamente lógico porque se trata su propio calzado. "Ahora bien, de esa misma zapatilla, que es de Barros o al menos tienen su ADN, no se pudo recuperar perfil genético de Petrona ni Trinidad. ¿Será posible que semejante crimen y siendo el único indicio un rastro parcial de zapatilla y que esa zapatilla no tenga ADN de las víctimas? Hay sangre esparcida por toda la casa, incluso en paredes y en sillones, Petrona perdió parte de su pabellón auricular y Barros que, según aseguró una genetista, no lavó sus zapatillas y no tiene ADN de las víctimas. Llama la atención”, se cuestionó.

Por último, el Centro Integral de Genética Aplicada a través de conclusiones generó más dudas sobre la posible autoría de Barros, refiriendo que no fue posible obtener ningún perfil genético de los barridos realizados en el lugar del hecho.

No había perfil genético de Barros en el lugar del hecho ni en las víctimas ni en la ropa. No había sangre ni perfil genético de las víctimas en nada que se haya secuestrado a Barros. Él no se llevó ni dejó nada de ADN en la escena del doble crimen

"Luego de semejante hecho de sangre en el que pierden la vida dos personas a golpes y las manchas de sangre están regadas por toda la casa, incluso en paredes hasta la altura de 40 centímetros, Barros no manchó sus zapatillas con sangre. La sangre que tenía el imputado en su calzado es de animal. La especialista que peritó tantas veces zapatillas dijo que las de Barros no estaban lavadas. Lo que coincide con el acta de secuestro que dice que estaban el mal estado de higiene y conservación. O sea, no es que borró la sangre de la zapatilla, no las lavó siquiera”, se destacó.

Fotos: Archivo El Ancasti

Textos: Basi Velázquez

Nota publicada en Revista Express, el 10 de julio de 2016

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