El gobierno de Alberto Fernández finalizó con números macroeconómicos muy malos en varios rubros, por ejemplo, déficit fiscal, inflación y pobreza. Pero con cifras bajas en lo que respecta al desempleo. Según la última medición del Instituto de Estadísticas y Censos (INDEC), correspondiente al tercer trimestre del año pasado, la desocupación alcanzaba al 5,7%. Una cifra que se encuentra muy lejos –casi 20 puntos porcentuales menos- que los que se registraba hacia fines del periodo de la convertibilidad, en el año 2001.
El problema es que un porcentaje muy alto de esos empleos son de baja calidad y con sueldos por debajo de la línea de la pobreza. De modo que el desempleo, que era el problema económico percibido como más grave por la población argentina hace poco más de dos décadas, en 2023 casi no era mencionado al momento de evaluar las dificultades económicas en la Argentina.
El programa económico que arrancó el 10 de diciembre con Javier Milei ha empeorado todos los índices, a excepción del déficit fiscal: al mismo tiempo que baja el gasto del Estado, sube la inflación, la pobreza (según una carta enviada por el propio gobierno nacional al FMI, desde diciembre hay en el país dos millones y medio de nuevos pobres), la indigencia y también hay signos de un incremento del índice de desocupación por varios factores. Una de las causas es la paralización de la obra pública, dispuesta por el propio gobierno. Según la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), en los últimos dos meses se encuentran sin operar 3.500 empresas y más de 250.000 trabajadores de la construcción fueron suspendidos o despedidos. La situación amenaza con escalar, porque desde la propia gestión libertaria han ratificado que no habrá reactivación de las obras financiadas por el Estado, al menos este año.
También incide negativamente en el empleo la brusca contracción de la actividad económica. La formidable caída del poder adquisitivo de los salarios provocada por el combo de devaluación, liberación de precios y quita de algunos subsidios a los servicios públicos, provocó una lógica caída del consumo. Según un informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), durante enero las ventas minoristas de las pymes se derrumbaron un 28,5% en comparación con el mismo período del año anterior.
Esta disminución de las ventas no tiene precedentes en un período tan acotado. Por eso es que se registran suspensiones o despidos en distintos rubros. En Catamarca se conoció la semana pasada el despido de más de 40 trabajadores de una empresa industrial radicada en El Pantanillo.
De continuar la tendencia de caída en el consumo, a lo que podría sumarse como factor gravitante la apertura de importaciones sin control en algunos rubros, el desempleo, que había dejado de ser un problema central para los argentinos en los últimos veinte años, podría retornar como una preocupación adicional al crecimiento de la pobreza y la indigencia.