jueves 30 de junio de 2022

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Editorial

Un interrogante que atraviesa a la humanidad

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6 de abril de 2022 - 01:15

Hay casi unanimidad de opiniones respecto de la necesidad de que la humanidad haga algo para frenar el cambio climático que conduce al planeta al abismo. Es bastante lógico que así suceda, pues el calentamiento global avanza y con él la cuenta regresiva de la vida sobre la Tierra. De modo que abundan los requerimientos a los gobiernos para que impulsen transformaciones virtuosas para evitar continuar en el mismo y hasta ahora indefectible rumbo.

Pero una pregunta imprescindible es si la ciudadanía en general está dispuesta, más allá de las decisiones gubernamentales, a adoptar cambios profundos en el estilo de vida, congruentes con las necesidades que plantean los expertos para frenar el proceso, que dentro de unos años, de no mediar esas modificaciones, serán irreversibles.

Un reciente informe publicado por la ONU y elaborado por expertos sobre cila pone una fecha tope a esa posibilidad de revertir el proceso: tres años. Ése es el período durante el cual deben empezar a adoptarse decisiones tendientes a frenar las emisiones de gases que provocan el efecto invernadero. Y además propone una serie de medidas que impactarán en los hábitos cotidianos de todas las personas.

En el estudio, que tiene forma de guía, los expertos del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) proponen el abandono del carbón como combustible antes de 2050, la renuncia en el corto plazo en un 60% como mínimo al petróleo, y en un 70% al gas. El problema energético es clave, como se puede apreciar en este momento con la irrupción del conflicto bélico en Ucrania. La energía producida por fuentes renovables, como la solar y la eólica, representa apenas el 10 por ciento del total de la producción eléctrica en el mundo.

Pero el informe plantea también medidas más de fondo: reducir drásticamente el transporte aéreo, obligar a los usuarios a abandonar los vehículos con carburantes tradicionales en favor de los eléctricos, refundar la cadena alimenticia reduciendo el consumo de carne, repensar la forma de construir las casas, entre otras.

Los países con menor grado de desarrollo son los que menos (malos) aportes hacen al efecto invernadero. Pero aspiran a lograr el desarrollo de sus economías y, con los actuales modos de producción, más desarrollo significa más contaminación. El trabajo de los expertos convocados por la ONU señalan que los hogares que representan el 10% de la riqueza mundial emiten el 45% de esos gases de efecto invernadero. Dos tercios de ese 10% viven en los países ricos.

Como consecuencia, ¿los habitantes de éstos, nuestros países del sur, están dispuestos a sacrificar calidad de vida para contribuir a revertir el proceso del calentamiento global?

El interrogante atraviesa a la humanidad. Se requieren decisiones firmes de los gobiernos pero también el compromiso de la ciudadanía, que deberá adaptarse a una vida más frugal y amable con la naturaleza, aunque ello implique un costo en el confort al que están acostumbrados los sectores de mayor poder adquisitivo.n

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