jueves 22 de febrero de 2024
Cara y Cruz

Temeridades mesiánicas

El pronunciamiento del grupo terrorista Hamas sobre la decisión de trasladar la embajada argentina en Israel de Tel Aviv a Jerusalén marca los tenebrosos alcances que tiene la veta mesiánica del presidente Javier Milei.

El fundamentalismo islamita considera a Israel una “entidad nazi-sionista”. Para Hamás, el traslado de la embajada argentina supondría “una violación de los derechos del pueblo palestino a su tierra y una vulneración de las normas del derecho internacional”. La organización instó al presidente argentino “a que revierta una decisión injusta y equivocada que coloca a Argentina como socio del ocupante sionista”.

Como si los problemas del país fueran pocos, Milei lo coloca en la mira de Hamas asociándolo al “ocupante sionista”.

La razón de esta peligrosísima maniobra es la preferencia religiosa del Presidente, que a dos semanas de asumir visitó la tumba de Menachem Mendel Schneerson, mejor conocido como “el Rebe de Lubavitch”, en el cementerio judío de Montefiore, al este de Nueva York y hace méritos para convertirse al judaísmo jasídico.

Esta inclinación se complementa con su fascinación por los Estados Unidos e Israel y su convicción, revelada en Davos, de ser un centinela avanzado de Occidente frente a la insidiosa infiltración colectivista. Ayer conjugó todos estos elementos y decretó que Hamas es el camuflaje asumido por “el nazismo moderno”.

Por supuesto, Milei es muy dueño de profesar la religión que quiera y de admirar a quien se le antoje. No tiene derecho, en cambio, de involucrar al país en una guerra que tiene complejísimos componentes históricos, culturales y religiosos, cosa que ha hecho con una irresponsabilidad acorde al mesiánico estilo con que lleva adelante su gestión.

En su beneficio debe reconocerse que es algo que sostuvo siempre. Como en tantos otros puntos, nadie puede reprocharle que haya mentido.

Sin embargo, el traslado de la embajada argentina a Jerusalén es una provocación que va mucho más allá del repudio al terrorismo de Hamas.

En 2017, la comunidad internacional reunida en la ONU rechazó masivamente el traslado de la embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén decidido por el entonces presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

14 de los 15 miembros del Consejo de Seguridad de la ONU condenaron la medida, pero el rechazo no fue efectivo por el veto estadounidense. La Asamblea General convocó a una reunión de emergencia y propuso que los miembros del foro no reubicaran sus embajadas en Jerusalén: 128 países votaron a favor de esa iniciativa y solamente 9 en contra.

A instancias de Milei, la Argentina se sumará a los cinco países que tienen su sede diplomática en Jerusalén en contra del sensato criterio de la ONU: Guatemala, Papúa Nueva Guinea, Kosovo, Honduras y Estados Unidos. Nótese el relieve de quienes siguen la línea del alcahueterismo incondicional hacia los Estados Unidos.

Jerusalén es considerada ciudad santa por el cristianismo, el judaísmo y el islamismo. Es un territorio en disputa. Israel ocupa toda la ciudad y los sectores ortodoxos la reclaman como la capital del país, por su connotación religiosa. A su vez, los palestinos pretenden la parte oriental como la capital de su aún no declarado Estado.

¿Cuál es la necesidad de comprometer al Estado argentino en el conflicto?

Los criminales atentados terroristas a la DAIA y la Embajada de Israel, con sus escandalosos correlatos, deberían servir al menos para meditar sobre la conveniencia de asumir una conducta prudente. Es difícil creer que los Estados Unidos e Israel le pidan tanto a la Argentina.

Trasladar la embajada no es lo mismo que votar al bando perdedor en las elecciones de Boca. Ni Hamas lo mismo que Juan Román Riquelme.

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