Ignacio Zuleta
Ignacio Zuleta
(Fragmento del análisis publicado en Clarín el 7 de octubre)
Cristina de Kirchner tiene previsto un encuentro con Gildo Insfrán, presidente del Consejo del PJ. Es la previa a la reunión que ha pedido con jefes territoriales, autoridades legislativas y punteros de todo el país para formalizar esta nueva etapa. José Mayans se la anunció al bloque del Senado, que es donde es posible que se haga el encuentro. La estrategia del peronismo para el año que viene es proteger su primera mayoría en el Senado. Se renuevan representantes de ocho provincias y mantener el número es lo más importante de todo. En Diputados esperan una elección airosa, pero creen que la clave es proteger el Senado.
Insfrán tiene, como muchos, reparos a un regreso de Cristina en gloria y majestad. Se le atribuye haber dicho que con Cristina conduciendo, el peronismo perdió cuatro de cinco elecciones. Insfrán juega a todas las bandas. El martes pasado, en la cumbre del peronismo no cristinista que se reunió en el hotel InterTower de Santa Fe, Formosa tuvo dos representantes ligados a Insfrán, el veterano Vicente Joga y Jorge Alberto Jofré, intendente de Formosa.
Fue un centenar de dirigentes de todo el país que albergó el ex gobernador de Entre Ríos, Mario Moine, dueño del hotel, y que llevó a siete exgobernadores y al presidente Ramón Puerta, de la mesa Encuentro Republicano, y al vicegobernador de Salta. Acorde con los tiempos de ajuste, cada uno se pagó la habitación. La consigna era que no tienen jefe ni lo buscan. Esperan a noviembre para hacer un lanzamiento nacional que recoja sectores que quieran repetir lo que fue la Renovación del peronismo en la década de los años '80. Reclaman una metodología frentista por fuera del PJ, que creen hoy capturado por lo que llaman el "kirchnerismo”.
No creen en la ficha de Cristina, que representa, ante su intento renovador, lo que fue Herminio Iglesias que en los '80, que se había quedado con la marca PJ. En la sobremesa del asado del martes a la noche hubo bromas sobre el nuevo apodo de Cristina, "Herminia". El apodo es antipático por la evocación del emblemático cajón. Más misterioso es el apodo que usa Victoria Villarruel para designar al presidente. Lo llama Chipi. No se sabe por qué.
El cristinazo del jueves por la noche movió toda la estantería del peronismo. Ese día Wado de Pedro formalizó el lanzamiento de la expresidenta para conducir el PJ. El viernes Ricardo Quintela, el único que se nominaba para ese cargo, viajó a Neuquén y Río Negro. Al llegar se enteró de que el anfitrión, el cristinista Oscar Parrilli, había levantado la cita. El presidente del PJ de Neuquén, Daniel Martínez, también se disculpó por no apoyarlo en su carrera. Un candidato para presidir el PJ necesita tener el apoyo de, por lo menos, cinco distritos provinciales del partido. Neuquén iba a ser el tercero. Quintela tiene dos asegurados: Misiones y La Rioja. Le faltan tres. Este fin de semana insistió en que va a competir contra Cristina, pero tiene que romper el techo y conseguir los cinco distritos de apoyo. El lanzamiento de Cristina le hace más difícil conseguirlos, y sin ellos no puede anotarse.
Cristina tendrá que hacer esfuerzos de acuerdismo para no ser de nuevo un factor de división. Está acosada por el calendario judicial y prevé la confirmación de una condena en segunda instancia. Sabe que el poder de un político es su principal fuero de protección. Si los jueces la ven como autoridad partidaria -disputando poder u ocupando una banca- cualquier proceso entrará a girar en cámara lenta. La Cristina acuerdista estaría en sintonía con aquel Perón que imaginó algo que él tampoco lograría.
"Vienen épocas -le leyó Mayans cuando se entrevistó con ella, junto a Juliana Di Tullio y Anabel Fernández Sagasti- de democracias integradas en las que todos luchan con un objetivo común, manteniendo su individualidad, sus ideas, sus doctrinas y sus ideologías, pero todos trabajando para un fin común. Ya nadie puede tratar de hacer una oposición sistemática y negativa, porque los países no pueden ya aguantar una actitud política semejante".
Fue antes del encuentro de Perón con Balbín y repetía sus observaciones sobre la reconstrucción de Europa en la posguerra: "A ninguno se le ha ocurrido hacer un tipo de política opositora y cerrada. Es decir, se ha llegado por obra de las circunstancias, a formar una democracia integrada en la que cada uno es parte de un gran organismo que trabaja con un solo objetivo: reconstruir el país.
"- Una joya", cerró Mayans la lectura.