jueves 29 de enero de 2026
Algo en que pensar mientras lavamos los platos

Ratas, ovnis y decepciones

Rodrigo L. Ovejero

Algunas verdades se nos resisten a lo largo de la vida, insistimos en el error demasiadas veces hasta aprenderlas, e incluso en ocasiones jamás llegamos a hacerlo. Me ha pasado en estas últimas semanas, en las que volví a recordar que no se debe juzgar a un libro por su tapa. Esta verdad indiscutible me persigue desde hace décadas, pero soy muy rápido para el error y todavía no ha logrado alcanzarme.

La primera vez que advertí todo lo cierto que había en ese dicho fue cuando leí la Biblia, siendo solo un niño. Jamás podría haber imaginado, a partir de esa tapa sobria, sencilla, que tenía tantas escenas emocionantes: inundaciones, fuego, alquimia, homicidios, batallas. En mi opinión, hoy se leería un poco más si pusieran algo de eso en la tapa, pero insisten en esas portadas aburridas, monocromáticas. Más tarde en mi vida, recibí una nueva lección cuando alquilé el VHS de “El hombre rata” motivado por una tapa que prometía emociones fuertes, solo para encontrarme con una cinta de un presupuesto tan bajo como su protagonista. Sin embargo, la experiencia no fue en vano: tiempo después, cuando Nelson de la Rosa se presentó en Hola Susana como el hombre más bajo del mundo, pude presumir de conocerlo con anterioridad, gracias a mi afición al cine. Esto no me proporcionó ventaja alguna en los círculos sociales que frecuentaba, para mi sorpresa.

Pero como el hombre puede tropezar incontables veces con la misma piedra -pese a saber exactamente dónde está- hace unos días compré un libro por su tapa, y todo volvió a empezar. Parecía una apuesta segura, considerando los elementos en vista ¿Cuántos libros tienen en su portada una rata gigante y un OVNI? Hay muchos que tienen esas dos cosas tan atrayentes por separado, pero ninguno tiene las dos juntas, al menos de mi conocimiento. Era impensable, por lo tanto, que no fuera emocionante. Pero para mi desgracia el contenido no estuvo a la altura de la presentación. Es decir, la rata y el OVNI eran parte de la historia, no fue un caso de publicidad engañosa, pero no estaban aprovechados como es debido.

Terminé la lectura de este libro con cierto sinsabor, lo consideré una oportunidad perdida. Lo guardé en mi biblioteca al terminarlo, al lado de obras maestras de la literatura universal que lo miraron horrorizadas. Tengo la esperanza de que alguna vez mis hijos serán atraídos por semejante tapa, y aprenderán entonces la lección a la que me vengo resistiendo hace tantos años. Sin embargo, debo confiar más en los dichos populares, y es por eso que la próxima vez que vea la tapa de un libro o una película con una rata gigante no la dejaré pasar. Porque a pesar de la decepción de “El hombre rata” y “Yakup”, todavía tengo esperanzas de que el género ratas gigantes me genere una satisfacción, al fin y al cabo bien dicen que no hay dos sin tres.

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