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Editorial

Nada para festejar

1 de septiembre de 2026 - 00:50

El Día de la Industria se conmemora en la Argentina en recuerdo del cargamento de tejidos manufacturados en Santiago del Estero que, el 2 de septiembre de 1587, zarpó desde Buenos Aires con destino a Brasil. La fecha llega este año en un contexto que invita menos a la celebración que a la reflexión crítica sobre el estado de un sector que, destinado a traccionar el desarrollo nacional, atraviesa uno de los procesos de deterioro más profundos de las últimas décadas.

El Índice de Producción Industrial que elabora el INDEC muestra una contracción del 2,2% en el primer semestre de este año respecto de igual período de 2025, y la actividad se ubica todavía un 11% por debajo de los niveles de 2022. La producción automotriz cae 18% en la comparación acumulada; los despachos de cemento retroceden un 24,9% frente a 2022; las ventas vinculadas a la construcción se desploman más de un 30%. La capacidad instalada, apenas por encima del 59%, deja en evidencia que buena parte del aparato productivo nacional funciona con máquinas paradas. En rubros como el textil, el tabacalero, el automotor o la metalmecánica, la ociosidad supera el 55%.

El Día de la Industria invita menos a la celebración que a la reflexión crítica sobre el estado de un sector que atraviesa un proceso de deterioro profundo. El Día de la Industria invita menos a la celebración que a la reflexión crítica sobre el estado de un sector que atraviesa un proceso de deterioro profundo.

El fenómeno no golpea de manera uniforme. Son las pequeñas y medianas empresas las que absorben el mayor costo del ajuste. La caída del consumo por la pérdida del poder adquisitivo de los salarios y la apertura importadora son factores que gravitan en el deterioro de la producción industrial. Las proyecciones privadas, de no mediar un cambio de rumbo, anticipan la pérdida de hasta 500.000 puestos de trabajo formales y el cierre de decenas de miles de empresas hacia fin de año.

La industria es clave dentro de la estructura productiva. Es el sector que multiplica el valor agregado, crea empleo calificado, articula cadenas de proveedores locales y genera las divisas que no dependen exclusivamente de la exportación de materias primas.

Catamarca padece el problema con una intensidad particular por el peso del sector textil, el más castigado de todos por las políticas nacionales de los últimos dos años. Y si el impacto negativo ha sido menor que en otras provincias es porque el Estado provincial ha propiciado salvatajes sistemáticos de las empresas a través del Programa de Emergencia Textil, que abona un porcentaje del sueldo de los trabajadores.

Revertir la tendencia de deterioro industrial en la Argentina no es una tarea que se resuelva con el mero paso del tiempo ni con la expectativa de un rebote estadístico. Requiere de una decisión de política pública sostenida a través de líneas de crédito productivo diferenciadas para pymes y economías regionales, controles efectivos sobre la competencia desleal de productos importados y el contrabando, y una estrategia de desarrollo industrial que no deje libradas a su suerte a las provincias del Norte Grande. La industria argentina debe volver a convertirse en motor del desarrollo productivo futuro y generadora de empleo de calidad.

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