domingo 5 de abril de 2026
El mirador político

Milei, de Moyano a Lali Espósito

Se dedican grandes esfuerzos a encontrar en las conductas de Javier Milei lógicas distintas a la más obvia y verificada: el Presidente se considera agente de una entidad divina.

Solo el exacerbado mesianismo explica que interprete como positivo lo que para la razón más elemental, política o no, es negativo. Para él, el sentido de los acontecimientos está dado por el plan de una voluntad ajena a la suya; si ocurren, es porque son necesarios para que el diseño trascendental se cumpla.

Así, la caída de la Ley Ómnibus no fue un fracaso sino un episodio indispensable para desenmascarar a los traidores que se oponen al cambio.

¿Qué cosa fuera la maza sin cantera y Jesús sin Judas Iscariote? La peripecia parlamentaria es despojada de su rol institucional para insertarse en la narrativa libertaria como dispositivo de revelación.

Allanarse a estas características psicológicas del Presidente, que estuvieron a la vista desde que se incorporó a la reyerta política, supone asumir sus peligrosas y hasta tenebrosas proyecciones.

Para Milei, el vertiginoso ritmo que ha adquirido la generación de pobres e indigentes a raíz del impacto combinado de inflación y recesión no es daño, sino parte indisociable del programa que ejecuta al mando de las Fuerzas del Cielo. Recuérdese: él es mero instrumento, por lo que echarle la culpa de lo que pase es como que el clavo le reproche al martillo en lugar de al carpintero.

Según un estudio de la Universidad Di Tella, en los últimos tres meses se sumaron 3,6 millones de personas a las legiones de la pobreza. En enero, el indicador llegó a 46,8%: 22 millones de pobres, que llegarían a 23 cuando concluya febrero.

El análisis del Observatorio Social de la Universidad Católica difundido ayer fue todavía más tenebroso: 27 millones de pobres, el 57%.

¿Cuál será la situación social cuando el piso permita al fin rebotar, si es que la Providencia que guía a Milei no decide extender la travesía por el desierto?

Llegado el caso ¿cuántos de los sumergidos en la miseria estarán en condiciones de acompañar el rebote?

Dios proveerá.

Narrativa oficial

Como los caminos del Señor son misteriosos, los guionistas de la Buena Nueva libertaria se ven obligados a permanentes ejercicios de interpretación para adaptar el acontecer terrenal a la épica que su taquilla exige.

Amplios sectores se mantienen sin embargo refractarios a suspender la incredulidad.

Los esperados inversores, por ejemplo, que se divierten mucho y celebran la saga pero se resisten a poner un solo dólar para financiarla, de modo que el ministro Luis “Toto” Caputo debe limitarse a festejar el superávit financiero. Milei lo felicita: aunque la osamenta social cruja, el déficit 0, la licuadora y la motosierra no se negocian. La especulación financiera es lo único que puede exhibir hasta ahora la gestión libertaria.

Quizás a los inversores no les pase inadvertido que la sinuosa narrativa oficial comienza a apartarse de aspectos centrales de lo que se suponía era el contrato electoral.

La reforma laboral, para la que parecía haber consenso incluso entre sectores del sindicalismo, está pisada judicialmente por impugnaciones planteadas por la CGT al DNU y sus posibilidades de alumbrar legislativamente fueron arrastradas con la Ley Ómnibus, sacrificada con tal de delatar herejías al dogma.

Cambio de enemigos

Pablo Moyano, paradigma de la casta sindical, salta en una pata y ya anuncia nuevos paros.

La demanda del electorado de Milei para enfrentarlo era de las más nítidas. Moyano y sus satélites respaldaron a Sergio Massa contra él, Patricia Bullrich, Juan Schiaretti y Myriam Bregman.

Tanto el 56% que finalmente logró Milei en balotaje como el arco parlamentario consagrado en primera vuelta entrañaban la posibilidad de avanzar en acuerdos para reformar un sistema cuyo anacronismo contribuyó al desmesurado crecimiento del trabajo informal y la pobreza en el país, correlativos al enriquecimiento obsceno de sus jerarcas.

Pero de confrontar con lo que Moyano representa, Milei pasó al ensañamiento con la popular artista Lali Espósito -rebautizada por él “Depósito”- en un giro sorprendente del argumento que protagonizan las Fuerzas del Cielo y su comandante en jefe.

El poderoso Moyano era un enemigo acorde a la envergadura del Mesías del 56%. Para darle talla política similar a Lali Espósito e intentar disimular el ridículo de que un Jefe de Estado dedique tantas energías a pelearse como niño de jardín de infantes enrabietado con ella, el marketing libertario inventó la batalla cultural.

Revelaciones

“Desarmando el Gramsci Kultural”, tituló Milei su tuit al respecto, con la intención de barnizar con alguna respetabilidad sus dislates a través del prestigio del intelectual italiano Antonio Gramsci, víctima del fascismo.

Tras dos días de vomitar improperios por sus redes sociales, el Presidente descubrió que Lali Espósito es engranaje de la maquinaria de colonización cultural kirchnerista. Es curioso que se encolerice con Lali y respete tanto en cambio a Cristina Kirchner, que vendría a ser la ideóloga e instigadora de la conspiración y en cualquier caso una adversaria más adecuada a su categoría. Eso, por no hablar de la gran cantidad de flancos que la expresidente ofrece para entrarle, bastante más onerosos que los cachets de la artista.

“La raíz del problema argentino no es político y/o económico (sic), es moral y tiene como consecuencias el cinismo político y la decadencia económica”, iluminó Milei.

O sea: la gravitación de Moyano en la degradación nacional es inferior a la de Lali Espósito, quien está en “la raíz del problema argentino”.

Moyano y sus epígonos son consecuencia de la estrategia cultural que Lali, entre otras celebridades, ejecuta. A cambio de dinero, obviamente, porque como todo el mundo sabe los únicos que trabajan gratis son los esclarecidos miembros de las Fuerzas del Cielo.

“Lo más maravilloso de la batalla cultural llevada a la política versada sobre el principio de revelación es que cuando uno señala las vacas sagradas del edificio de Gramsci, automáticamente genera una línea de separación entre los que viven de los privilegios del Estado y las personas de bien”, se regocija Milei.

Otra vez el “principio de revelación”.

¿Cuántas revelaciones más habrá que esperar? Las personas de mal se esconden en los rincones más insólitos.

El analista político Iván Schargrodsky aventuró en su última columna del sitio “Cenital” una observación interesante, que merece figurar entre las revelaciones de estos tiempos tan místicos.

El enfrentamiento de Milei con Lali Espósito es similar a los que Donald Trump sostenía contra estrellas queridas y respetadas como “Robert De Niro, Oprah Winfrey y hasta Taylor Swift, la artista más popular del mundo y el último gran blanco de la derecha trumpista”.

“Trump encontraba en sus peleas contra las celebridades -por definición personas ricas, ganadores y ganadoras del sistema-, una versión de sus enfrentamientos retóricos con las élites de su país, que las estrellas integran en su faceta cultural y económica”, señala Schargrodsky.

Es más cómodo enfrentarse con Lali que con Moyano, ciertamente. Las “vacas sagradas del edificio de Gramsci” resultan más nocivas que las “vacas sagradas” sindicales.

La batalla cultural se extendió ayer a María Becerra. La escalada de la ofensiva prueba la decisión y el coraje de Milei. A este paso, no podrá evitar la pelea con su novia Fátima Flores, transeúnte habitual de festivales que incluyen la Fiesta del Poncho. Acaso el eventual divorcio se equipare a la Crucifixión.

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