Peze Soria
Peze Soria
Algunas ciudades los prohibieron, en otras se sindicalizaron. El oficio de los cuidacoches muchas veces está desentendido de lo legal y en muchos casos es una salida laboral para personas que no tienen realmente demasiadas alternativas. En Catamarca han proliferado a tal punto que a los ‘trapitos’ ya se los puede encontrar en la playa de estacionamiento de Casa de Gobierno.
Hay puntos índices que cumplen ese rol. Están ahí y se esfuerzan por no pasar desapercibidos. No tienen realmente nada que hacer, no tienen escritorio ni oficina, no tienen otra función que no sea la de la militancia política. Pero están ahí y van casi todos los días, como pudorosos de cobrar un sueldo sin ir al puesto de ‘trabajo’. Por eso se los puede ver conversando con funcionarios, con empleados, con los choferes, pululeando entre los vehículos oficiales hasta que se hacen las 13 para el almuerzo.
“Están cuidando la camioneta del gobernador”, bromean en los pasillos.
Hay quienes hasta hace algunos meses incluso cobraban menos, porque sus ingresos tenían un techo que ahora el Ejecutivo elevó. Los excolegas intendentes lo reconocen: en términos salariales, conviene tener un punto índice porque implica casi el triple de sueldo y la mitad de responsabilidades.
Como los trapitos, muchos de los puntos índices son personas que no tienen otra salida laboral, que encuentran en ese ‘trabajo’ la alternativa para sostener a la familia. Y como los trapitos, muchos otros se desentienden de lo legal: llegaron a ese puesto como premio por haber dejado municipios endeudados, por haber librado cheques sin fondo, por motorizar conflictos institucionales sin precedentes o lo que es más triste: porque no saben hacer otra cosa.
No está clara la cantidad exacta de ‘trapitos’ que hay en Casa de Gobierno. Algunos opositores dicen que son 900, otros que son más de 1000, otros en el Ejecutivo aseguran extraoficialmente que son “apenas 500”.
Tampoco hay que desconocer el factor determinante que cumplen estos ‘trapitos’ en el sostenimiento de la estadística de puestos de empleo en la provincia, que tambalean producto de las decisiones del Gobierno Nacional que ya empiezan a mostrar las primeras consecuencias.
Hay quienes proponen reducir el número (reitero, no está claro cuál) a la mitad. En el Ejecutivo no se animan a tomar tan drástica medida, no sea cosa que alguna de las camionetas quede sin quien las mire.
Ante este terrible embate no quedará otra que apuntar a la sindicalización. Podrían convocar a una elección para decidir quién será el secretario general: quizás así reciban la revancha electoral que necesitan.