martes 16 de junio de 2026
Cara y Cruz

La trampa megalómana

El consejo editorial del “New York Times” publicó este lunes un diagnóstico sobre el resultado de la guerra entre Estados Unidos e Irán cuyas conclusiones son lapidarias: Donald Trump cometió un error grave al iniciar el conflicto, lo condujo de manera temeraria y en abierta violación de la Constitución y Estados Unidos emerge de él debilitado militar, diplomática y económicamente.

La retórica de "victoria total y completa" chocó con una realidad que sus propios asesores habían anticipado. El régimen iraní no cayó, su programa nuclear quedó en pie para ser negociado y la reapertura del estrecho de Ormuz, único logro concreto que Trump podría esgrimir, no es más que un retorno al statu quo previo a la guerra.

Lo que “Times” expone son los resultados de una trampa megalómana de la que convendría tomar nota en la Argentina. La lamentable experiencia a la que los Estados Unidos fueron arrastrados fue consecuencia del reemplazo de los mecanismos institucionales por la psicología de un líder mesiánico. El premier israelí Benjamín Netanyahu supo manipular astutamente este elemento.

Trump prometió lo que ningún presidente anterior había logrado: la rendición incondicional de Irán, el desmantelamiento de su programa nuclear, el cambio de régimen. La escala de esas promesas no respondía a un análisis estratégico, sino a sus necesidades narrativas. Obama había firmado el acuerdo nuclear con Irán en 2015, Biden había protagonizado el desastre de Afganistán. Trump necesitaba un gesto de magnitud histórica que lo diferenciara de ambos y Netanyahu le ofreció exactamente eso.

El “Times” señala que los propios asesores de Trump le advirtieron que ese pronóstico era ridículo y él los ignoró, no por falta de información, sino porque la visión de Netanyahu encajaba con lo que quería creer.

El megalómano distorsiona la realidad para adecuarla a sus deseos, porque le resulta psicológicamente insoportable reconocer sus propios límites. De ahí que en su entorno sólo puedan prosperar alcahuetes y adulones que le retroalimentan los delirios.

La afinidad temperamental es el factor determinante en el alineamiento de Javier Milei con Trump y Netanyahu. El argentino comparte con Trump la convicción de ser el único portador de la verdad en un mundo de mediocres y traidores, el desprecio por el consenso y la deliberación y una relación con la realidad mediada por la necesidad de confirmar el propio relato.

La peripecia norteamericana en Irán se suma a numerosos ejemplos históricos de que las instituciones de la democracia y la república quizás no garanticen éxitos glamorosos y prosperidad, pero sí resultan indispensables para restringir las peligrosas tentaciones mesiánicas.

La pulsión autoritaria y sus desvaríos no son una novedad en Trump. Un numeroso grupo de sus más fanáticos partidarios asaltó el Capitolio en enero de 2021, cuando perdió su reelección ante Joe Biden, en la estribación final de las maniobras tendientes a desconocer los resultados electorales desfavorables.

En cuanto logró retornar al poder, Trump desenfrenó nuevamente sus impulsos: ignoró la Constitución, evitó al Congreso, desestimó a los aliados y aisló a los Estados Unidos, que pagan un alto y humillante precio estratégico por la descabellada y genocida aventura iraní inducida por el ultrasionista Netanyahu.

La promesa de eficiencia inmediata del líder providencial se alimenta del agotamiento con los procesos de la democracia, pero la prédica mesiánica omite que la muchas veces exasperante lentitud institucional, siempre bajo sospecha de corruptelas, constituye un reaseguro.

El escritor y filósofo británico Gilbert K. Chesterton lo sintetizó: "No hay que quitar una valla hasta saber la razón por la que fue puesta".

Por desacreditadas que puedan estar, las instituciones democráticas conforman un sistema de amortiguación para evitar que la fragilidad psicológica de un líder se convierta en catástrofe colectiva.

Conviene no olvidarlo en estos momentos, cuando la caprichosa e irrestricta defensa que los Milei ofrendan a su Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, somete nuevamente a tensiones innecesarias al arco institucional argentino.

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