Los expedientes judiciales, entre números, medidas, pericias y resoluciones, guardan historias de vida, que muchas veces pasan inadvertidas. En las últimas semanas, varias condenas y declaraciones de reincidencia fueron noticia. Al menos dos de estos casos –dos historias de vida en realidad- pusieron énfasis en un patrón que se repite. "Luciano" fue declarado reincidente por octava vez a los 29 años, y "Mateo" –un joven declrado reincidente por tercera vez- regresó detenido al penal por encubrimiento.
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La multi-reiterancia, un círculo que se acelera a gran velocidad
Dos jóvenes volvieron al Penal. Sin programas de reinserción, el círculo no se rompe y cada vez gira más rápido
En detalle, hay un dato que agrava el diagnóstico: el círculo no solo se repite, se acelera. "Luciano" pasó de su séptima a su octava reincidencia en apenas 10 meses. Los plazos entre condena y nuevo delito se acortan. La puerta del Servicio Penitenciario Provincial, en Capayán, cada vez se vuelve a abrir más rápido.
Estos dos jóvenes demuestran con sus propias trayectorias que el problema no es la falta de castigo: es la ausencia de un sistema que permita romper el círculo. “Luciano” y “Mateo”, fueron niños del viejo Juzgado de Menores. Ambos pasaron luego al fuero de adultos. Ambos entraron y salieron del Penal varias veces. Ambos volvieron a delinquir apenas recuperaron la libertad no porque el sistema penal sea blando, sino porque no existe un sistema de reinserción que funcione.
10 meses
"Luciano" tiene 29 años y fue declarado reincidente por octava vez el pasado 23 de febrero, ante el Juzgado de Control de Garantías de Segunda Nominación. La jueza Cecilia Mas Saadi lo condenó a dos meses de prisión efectiva por dos delitos contra la propiedad. Se robó un peluche de un local en la Terminal de Ómnibus e intentó llevarse una sierra caladora de un corralón pero fue reducido por empleados del comercio.
Los delitos son menores. Sin embargo, el dato brutal está en el tiempo: hace menos de un año, en abril de 2025, "Luciano" ya había sido declarado reincidente por séptima vez y condenado a cuatro meses de prisión efectiva. De la séptima a la octava reincidencia pasaron apenas 10 meses. El círculo se acelera.
"Luciano" tiene una hija de seis años. Robó un peluche dos días después de Navidad. En la sentencia quedó reflejado que "el imputado ostenta un nivel económico de pobreza" como uno de los "motivos que lo determinaron a delinquir", según los informes realizados. Es decir, se reconoce formalmente que "Luciano" delinque porque es pobre. No obstante, el Estado no le ofrece programas efectivos para una real inserción social. Mientras tanto, las condenas que se acumulan.
"Luciano" fue niño del Juzgado de Menores. Llegó al sistema judicial no por ser un delincuente, sino por ser vulnerable. Hoy, a sus 29 años, lleva probablemente 13 o 15 años entrando y saliendo del penal. Ocho reincidencias declaradas formalmente. Ningún programa que lo haya sostenido afuera.
La hija de "Luciano" tiene seis años. Su padre está preso. Cuando salga, volverá a la misma situación de pobreza estructural. Si vuelve a delinquir, regresará al Servicio Penitenciario. Es el círculo que se reproduce generacionalmente: niños vulnerables que llegan al sistema judicial, se convierten en adultos reincidentes, tienen hijos que crecen sin ellos, y esos hijos quedan expuestos a repetir el patrón.
Mismo destino
Con dos días de diferencia, “Mateo” fue detenido nuevamente; está vez, por encubrimiento. Recibió una notebook robada; conocía su origen ilícito.
El juez de Control de Garantías de Cuarta Nominación, Marcelo Sago, confirmó su detención a pedido del fiscal de Instrucción Jonathan Felsztyna. La defensa oficial no se opuso. Más aún: solicitó una pericia psiquiátrica y otra psicopedagógica para evaluar si "Mateo" comprende el proceso judicial al que está sometido.
"Mateo" tiene 27 años. Fue declarado reincidente por tercera vez en abril de 2025. Su historia ya fue publicada por este diario: cada vez que sale del penal, deambula por las calles sin rumbo, consume, vuelve a delinquir y regresa. No tiene familia que lo contenga. No hay programas estatales que lo sostengan. El penal es el único lugar donde come y duerme bajo techo. Ahora está de vuelta y en breve sumará otra condena y otra reincidencia. Otro ejemplo de que sin sistema, no hay salida.
Juicio abreviado, una política criminal
A finales de 2023, como política criminal, el Ministerio Público puso en funcionamiento el Programa de Gestión Territorial de la Investigación Penal en la Primera Circunscripción Judicial. En este contexto, se establecieron cuatro distritos territoriales con ámbitos exclusivos de actuación para las fiscalías. Se distribuyeron causas y unidades judiciales de manera específica, en cuatro distritos: norte, sur, este y oeste. De esta manera,
las Fiscalías de Instrucción de la Primera Circunscripción Judicial, comienzan a dar celeridad a causas, sobre todo de delitos contra la propiedad, con juicios abreviados, que resultan con penas de cumplimiento efectivo.
En estos juicios abreviados, suele primar la celeridad. En menos de un mes, entre la comisión del hecho y la realización del juicio abreviado, hay una condena y, en muchos casos, de cumplimiento efectivo. En estos procesos, resulta fundamental que el acusado reconozca su responsabilidad en los hechos que se le imputan y la prueba que lo sostenga. La colaboración y compromiso de la sociedad, para denunciar y testificar también es fundamental.
“La ejecución de la pena privativa de libertad, en todas sus modalidades, tiene por finalidad lograr que el condenado adquiera la capacidad de respetar y comprender la ley, así como también la gravedad de sus actos y de la sanción impuesta,”, establece el artículo 1 de la Ley Nacional 24660 de Ejecución de la Pena Privativa de la Libertad.