La fractura que produjo en el radicalismo la reunión de un grupo de legisladores con una comitiva del Gobierno encabezada por el vicegobernador Rubén Dusso para consensuar una reforma de la Constitución provincial marca la eclosión de una crisis que las alternativas electorales habían mantenido larvada.
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La descomposición opositora
Los resultados obtenidos por Juntos por el Cambio en los comicios del 22 de octubre apresuraron la maduración del fenómeno, pero configuran solo uno de los elementos a considerar.
Toda la plana mayor radical que se vino conformando desde las internas partidarias de abril quedó herida de muerte tras ser desplazada al tercer puesto por los libertarios.
El estrepitoso fracaso electoral deviene hecatombe porque barrió con las proyecciones de una camada que se postulaba heredera del liderazgo vacante dejado por el exgobernador y exsenador nacional Oscar Castillo, a quien responsabilizaban hasta de la derrota del extinto Eduardo Brizuela del Moral que, en 2011, eyectó al FCS del gobierno tras dos décadas de vigencia.
Hecatombe
Juntos perdió cinco de las 9 bancas de diputados provinciales que ponía en juego en este turno y también la de diputado nacional. No ganó ni uno solo de los circuitos capitalinos.
A 30 puntos de Raúl Jalil y Gustavo Saadi, atrás del naciente movimiento libertario, el retroceso institucional opositor es catastrófico.
El Gobierno beneficiario de semejante implosión se encuentra ante una paradoja política. Su victoria ha sido tan rotunda y tendrá tan contundente impacto parlamentario que vació de legitimidad a los interlocutores disponibles para validar el diálogo que pretende materializar con la reforma constitucional.
La derrota de Juntos acelera una descomposición sostenida, en el marco de la cual la reunión de los derrotados con Dusso aparece como una maniobra desesperada para obtener del reconocimiento del Gobierno la autoridad política arrebatada por las urnas.
El controvertido encuentro se realizó el martes a la oración en la casa que el presidente de la UCR, Alfredo Marchioli, tiene en San Antonio, Fray Mamerto Esquiú. Además del anfitrión, estuvo el vicepresidente del partido, Luis Fadel y el presidente y la vicepresidente del bloque de diputados radicales, Luis Lobo Vergara –frustrado candidato a diputado nacional- y Juana Fernández.
Por el lado del Gobierno participaron, además de Dusso, el ministro de Gobierno, Juan Cruz Miranda; el asesor general de Gobierno, Nicolás Rosales Matienzo; la presidenta de la Cámara de Diputados, Cecilia Guerrero y el diputado Gustavo Aguirre.
El desequilibrio es ostensible: delegados de un oficialismo que acaba de ganar por paliza negocian con los mariscales de una derrota sin precedentes, que los despojó de la representatividad indispensable para hablar en nombre del conjunto de la oposición. Por muchos sellos que ostenten, lo único que tienen para ofrecer son sus votos individuales en la Legislatura.
Es por esa carencia que prosperaron con tanta facilidad las versiones de que, a cambio del respaldo a la enmienda, el Gobierno les daría cargos en la CAMYEN, el fideicomiso minero y CAPRESCA.
Esto es: según tales conjeturas, el Gobierno obtendría la reforma a cambio de sueldos y canonjías.
El tufo de la reforma de 1988, lograda por el saadismo con el concurso de ocho diputados radicales que quedaron estigmatizados para siempre, comenzó a expandirse.
En estas condiciones, la nueva reforma nacería también marcada por el escándalo.
Contrapesos ausentes
El proceso que concluyó el 22 de octubre tuvo en Juntos por el Cambio el efecto de una granada. Todas las esquirlas fueron letales.
Marchioli, ganador de la presidencia de la UCR, se alió como precandidato a intendente de la Capital con el lilito Rubén Manzi en las PASO bajo el paraguas de Horacio Rodríguez Larreta. Cayó en esa instancia ante el esquema conformado por el senador Flavio Fama y el diputado Francisco Monti, que obtuvieron las candidaturas a gobernador e intendente de la Capital. Luego, Fama y Monti protagonizaron el desastre de las generales frente al Gobierno y los libertarios, que todavía no asumieron en la Cámara baja y ya andan enredados en discusiones por plata.
A Marchioli no le sirvió de nada ganar la interna radical, a Fama y Monti tampoco ganarle la revancha en las PASO. Lo único que han logrado es anonadarse como referencia y llevar al radicalismo a la cornisa del colapso.
Después de perder su rol como principal articuladora de la oposición catamarqueña, la UCR se hunde en la insignificancia.
En términos generales, el panorama tiene proyecciones mucho más serias que los destinos del elenco responsable de tamaña debacle.
Por defección opositora, el sistema político catamarqueño ha quedado sin contrapesos capaces de poner límites al poder oficialista.
Una inmensa porción de la sociedad queda huérfana de representación por la incompetencia, o indiferencia, de quienes tienen la función teórica de representarla.
Los libertarios y Juntos por el Cambio reunieron alrededor del 45%, contra el 54% del Gobierno.
En este contexto, el electorado catamarqueño envió un mensaje muy significativo.
Si se considera la totalidad de los sufragios, con un 77% de participación, el voto en blanco volvió a ser la segunda fuerza con el 21%. En las PASO había alcanzado el 24.
El Gobierno quedaría en esta lectura con el 42, La Libertad Avanza con el 18,5 y Juntos con el 17,7.
Más de 55 mil catamarqueños se tomaron el trabajo de concurrir a votar para expresar su rechazo a la totalidad de la oferta.
Al Gobierno, empoderado, poco le importan estas cifras mientras no le aparezcan amenazas competitivas.
Es la descomposición opositora la que deslegitima el sistema.
La oposición, en Catamarca, rumbea hacia la inexistencia. Los liderazgos en ese espacio continúan vacantes, con pronóstico reservado.