lunes 13 de mayo de 2024
Lo bueno, lo malo y lo feo

La Batalla de Maipú, piedra basal de la liberación americana

Carlos Manuel Yebra

Vicepresidente Asociación Cultural Sanmartiniana de Catamarca

El estruendo de los cañones patriotas rompió la tensa calma un poco antes del mediodía de ese 5 de abril de 1818, en el Valle del Maipo, al poniente de Santiago de Chile. Atrás habían quedado la Gloria de Chacabuco y la reciente caída de Cancha Rayada. No iniciaba una batalla más, se decidía el futuro de la libertad de las Américas.

Todo el plan libertador continental, elaborado durante años por el Gral. José de San Martín; incluida la hazaña militar más grande jamás realizada, de cruzar con éxito un ejército completo por una cordillera tan alta y difícil como Los Andes; la reciente liberación de Chile y la futura campaña libertadora al Perú peligraban en esta batalla ante ese ejército al Mando del Gral. Osorio.

El ejército realista de 5300 hombres reforzado con los más experimentados soldados españoles pertenecientes a gloriosos batallones, como el de Burgos veteranos de guerras napoleónicas, marchaban confiados en su experiencia y en la reciente victoria; decididos a reconquistar Santiago y eliminar, lo que pensaban, quedaba del desbastado ejército revolucionario.

Grande fue su sorpresa al ver el día anterior los 4900 soldados patriotas esperándolos apostados en los cerros; esto llevó a Osorio a no presentar batalla y acuartelarse en la cercana hacienda Lo Espejo para planificar la batalla del día siguiente.

No duró mucho la batida de artillería, el Tte. Coronel Manuel Blanco Encalada recibió la orden de cese del General, que observaba atentamente las posiciones defensivas ocupadas temprano por los godos en los cerros, tal cual él había anticipado y viendo su inacción ordenó cargar contra ellos.

El Coronel Juan Gregorio de Las Heras cargó contra la izquierda realista y el Coronel Rudecindo Alvarado al centro y derecha del enemigo. Distinta suerte corrieron los flancos y cuando los de Alvarado parecían estar en tablas, el Gral. San Martín ordenó el ataque de la Reserva, que al mando del coronel Hilarión de La Quintana, selló la batalla a favor de los patriotas con su ataque oblicuo. La suerte estaba echada.

Al ver la situación el Gral. Osorio huye para salvar su vida, pero su segundo al mando el Brigadier José Ordoñez se niega a rendirse, dando una dura y sangrienta resistencia; retirándose lentamente hasta el caserío de Lo Espejo a donde se atrincheran y a casi a seis horas de iniciada la batalla, finalmente son arrasados por el ejército patriota finalizando así la batalla.

En palabras del Gral. San Martín: "Con dificultad se ha visto un ataque más bravo, más rápido y más sostenido y jamás se vio una resistencia más vigorosa, más firme y más tenaz".

Sobre el final de la batalla había llegado el Gral. Bernardo O'Higgins con un batallón de mil milicianos de refuerzo, produciéndose el histórico Abrazo de Maipú a donde un O'Higgins con un brazo quebrado y convaleciente de las heridas de Cancha Rayada, abraza al General José de San Martín y diciéndole "Gloria al Salvador de Chile" y este le responde "General: Chile no olvidará jamás el nombre del ilustre inválido que el día de hoy se presentó al campo de batalla en este estado".

Sobre la batalla de Maipú podríamos hablar mucho de la genial capacidad estratégico-militar del Gral. San Martín y hasta sin duda compararlo, como lo han hecho, con el histórico estratega griego Epaminondas; o quizás destacar como su victoria dio a Simón Bolívar la confianza en que el plan libertador de las Américas era posible.

Pero más allá de las hazañas, quiero resaltar los valores, que hablan más de la persona que del militar y que en cada acto nos enseña el padre de la patria con sus ejemplos tan vigentes. En esta oportunidad vemos su enorme capacidad de resiliencia, al reorganizar en 17 días un ejército desbastado; la firme convicción de luchar con todos los medios por su objetivo emancipador; la importancia de la observación, planificación y las rápidas tomas de decisiones; el reconocimiento y la confianza en su gente; el respeto por sus contrincantes; la humildad con la que recibe los honores y loas que no cambia a medida que se acrecienta su poder. Muchos son los ejemplos que nos dejó el Gral. Don José Francisco de San Martín y Matorras a lo largo de su vida, señalando el camino que la patria necesita de su gente y que, siguiendo su legado, estamos comprometidos en difundir desde la Asociación Cultural Sanmartiniana de Catamarca.

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