En democracia, el pluralismo –es decir, la variedad de ideas y de concepciones del mundo y de la vida- es un valor deseable pues tiene un efecto enriquecedor de los distintos puntos de vista si el debate se configura según criterios de equidad, permitiendo todas las expresiones, aun –y con más razón- las minoritarias.
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Intolerable regocijo por la violencia
En la Argentina actual, sin embargo, la confrontación de ideas y de modelos de país está atravesada por un grado de agresividad inusitado. La situación es grave, más aún cuando las diatribas contra los opositores ideológicos adquieren rasgos profundamente violentos y cuando son proferidos por personas que por su formación intelectual y visibilidad pública tienen una responsabilidad mayor que el ciudadano común.
En este contexto de análisis deben mencionarse como preocupantes las publicaciones realizadas en los últimos días por un politólogo, Agustín Laje, que se ha convertido en una especie de referente de la militancia libertaria, particularmente de los jóvenes, que constituyen una base de votantes muy fuerte del presidente de la nación, Javier Milei. Y ha influido, además, en el propio presidente, sobre todo en lo que respecta a la idea de que la izquierda ha logrado espacios hegemónicos en la cultura y los ámbitos académicos.
“Celebramos a la Policía, los felicitamos. Cada balazo bien puesto en cada zurdo ha sido para todos nosotros un momento de regocijo. Cada imagen de cada zurdo lloriqueando por el gas pimienta en su cara ha sido para nosotros un momento muy placentero de ver”, señaló Laje en un vivo de Twitter.
Laje, además, ha manifestado en reiteradas oportunidades un radical antifeminismo y una posición de evidente homofobia. Sobre el feminismo ha dicho: “El feminismo representa uno de los peligros más patentes que hoy está viviendo una sociedad que quiere ser libre. Lo realmente peligroso del feminismo es que tiene un discurso liberador, no se asume como autoritario, pero asumiéndose como liberador termina siendo un autoritarismo eficiente”.
Es autor del libro “La mentira hormonal”, donde critica la ideología de género y defiende una presunta superioridad biológica de los hombres sobre las mujeres.
Por supuesto, Laje tiene la libertad de profesar las ideas que crea más convenientes, pero es preciso aclarar que habitualmente este tipo de discursos discriminatorios y agresivos suelen propiciar actos concretos de intolerancia y violencia contra los sectores sociales estigmatizados por estos discursos de odio.
Volviendo a sus últimas reflexiones en torno a la represión de las fuerzas de seguridad en inmediaciones del Congreso, es menester resaltar que regocijarse con los efectos de la violencia ejercida contra quienes se manifestaban contra el proyecto de Ley Ómnibus expresa una crueldad incomprensible, que alimenta además la violencia que se extiende, por ahora contenida, en las calles de una convulsionada Argentina.